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El lamento del Crucificado

La ciudad enmudece durante el canto del Miserere y la austera procesión organizada por la Real Cofradía del Santísimo Cristo del Amparo

27-03-2013Meneame
La procesión, al inicio del recorrido.
La procesión, al inicio del recorrido.. Foto M. J. C..

MARÍA JESÚS CACHAZO Los sonidos de la matraca y del bombardino volvieron a impregnar de sobriedad las calles de la ciudad durante una de las procesiones más austeras y más bellas de cuantas se celebran en Toro con motivo de su Semana Santa. A pesar de que durante todo el día se registraron intensas precipitaciones, las plegarias de los cofrades al venerado Cristo del Amparo, permitieron que el desfile pudiera volver a recorrer las calles de la ciudad, después de que el pasado año esta procesión tuviera que ser suspendida por la lluvia. El coro parroquial de la Trinidad fue el encargado de abrir, con la entonación del canto penitencial del miserere, los actos programados para el Lunes Santo por la Real Cofradía del Santísimo Cristo del Amparo. Acto seguido, el párroco local, Ángel Carretero recordó a los cofrades y a los toresanos que se congregaron en el interior de la iglesia de Santa María de Arbas que el venerado Cristo del Amparo era el centro del canto del miserere y del sonido del bombardino y de la matraca y que la ciudad de Toro se viste de luto y de silencio al paso de su imagen.

Además, destacó que en la Cruz de Cristo «están clavados nuestros pecados, codicias o mezquindades» y que es « la fuente de la que brota nuestra salvación». Tras las palabras del párroco local, el interior de la iglesia albergó el solemne acto de nombramiento de cuatro nuevos hermanos que han decidido incorporarse a la cofradía. De forma ordenada los hermanos abandonaron el templo para esperar la salida de la imagen del Cristo del Amparo que, sin duda, es una de las estampas más bellas del desfile. En la puerta de la iglesia, el Coro Interparroquial de Toro acompasó con sus voces la salida de la impresionante talla del siglo XVI y que, con el paso de los años, se ha convertido en un símbolo de la Pasión toresana. Portada a hombros por los hermanos de la cofradía, el Cristo del Amparo comenzó su lento discurrir por el itinerario trazado para esta procesión bajo un conmovedor silencio, quebrado tan solo por el sonido de la matraca y el bombardino. Al amparo de su venerado Crucificado los hermanos, ataviados con traje y capa castellana y que portaron un sobrio farol, desfilaron por la calle San Antón, plaza del Templo, Ronda de Capuchinos, Capuchinos y Plaza de la Trinidad, en la que tuvo lugar la lectura del tradicional manifiesto, a cargo de Ángela Santa Inés. Tras esta «parada», los hermanos prosiguieron su camino por la calle Tablarredonada y San Antón para regresar al templo de salida. La Real Cofradía del Cristo del Amparo data del siglo XVIII, aunque sus estatutos aluden a la existencia de otros anteriores y desde 1991 procesiona en la noche del Lunes Santo. En este desfile, los toresanos y visitantes pueden admirar la imagen del Cristo del Amparo, una impresionante talla del siglo XVI realizada en madera de nogal estucada y policromada. Aunque esta imagen pertenece a la Escuela Renacentista se desconoce con exactitud su autoría.