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Toro
Benito García | Conquero de Jesús Nazareno y Ánimas de la Campanilla durante 22 años

«Para ser Conquero no vale cualquiera, se necesita mucha fe y mucha cara»

«Lo más complicado es el voto de silencio, apenas podemos hablar a las horas de comer y poco»

25-03-2013Meneame
Benito García, Conquero durante 22 años.
Benito García, Conquero durante 22 años.. Foto L. G..

LUIS GARRIDO Apenas faltan cuatro días para que se repita una de las tradiciones más arraigadas de la ciudad de Toro y que no tiene parangón en ninguna de las Semanas de Pasión de las que se suceden en España. Los Conqueros de la cofradía de Jesús Nazareno y Ánimas de la Campanilla regresarán a las calles para pedir dádivas. Y, para hablar de ello, nadie mejor que alguien que se dedicó con resignación cristiana durante 22 años a este oficio: Benito García.

-¿Cuándo empezó su relación con la cofradía de Jesús Nazareno y Ánimas de la Campanilla?

-Ni me acuerdo, porque son muchos años ya. Entré cuando era un niño. Fue mi abuelo el que me metió en la Cofradía y, siendo sinceros, a mí en un principio no me interesaba. Pero me metí y mira, al final 22 años de Conquero. Y ahora es mi hijo el que ha seguido como cofrade.

-¿Era muy diferente en aquella época a lo que ahora conocemos como tradición de Conqueros?

-Cuando yo empecé, los abades echaban las bendiciones por los portales, por las casas. Ponían una alfombra en la puerta, echaban la bendición, tomábamos un refresco y nos íbamos a hacer la faena. Eso ahora ya ha cambiado.

-Y tras entrar en la cofradía, le llegó el turno de ser Conquero.

-Así fue. No es algo que tuviera pensado de antemano, pero al final me tiré 22 años pidiendo por la Cofradía. En el 2003 decidí dejarlo en manos de las nuevas generaciones y la verdad es que con un balance muy positivo.

-¿Cómo fue ese primer año como figura icónica de la Semana Santa de Toro?

-En mi caso fue porque me lo pidieron. Hubo muchas personas que me dijeron que lo hiciera. Y yo, que tengo mucha confianza en Jesús, así lo hice. El primer año pensé: «Vamos a probar». Y probando, probando? hasta 22 años.

-¿Qué siente el Conquero?

-Es un sentimiento difícil de explicar. Yo lo sentía mucho, porque iba a lo iba. Es un trabajo muy duro, ya que tienes que ir por las calles pidiendo limosna y de puerta en puerta. La gente de Toro me conocía bastante, porque son 22 años y es mucho tiempo. Entonces decían: «este es Benito» y siempre me echaban algo. Tengo que reconocer que yo siempre fui muy machacón para eso. Hay algunos que no lo hacen, pero yo siempre lo tuve muy claro. Para sacar un dinero para la Cofradía y para Nuestro Señor Jesús hay que machacar mucho.

-No vale cualquiera.

-Para los nuevos es muy duro. Yo, después de 22 años, ya estaba curado de espanto. Tenía cogido el punto a la gente y salía a pedir sin
ningún problema. Pero para ser Conquero hay que valer. Hay que tener mucha fe, porque el que no tenga fe no pide nada. Como dije antes, hay que ser machacón. A mí me llamaron la atención una vez porque hubo una persona que me dijo que no fuera tan machacón con la gente. Y claro, le tuve que contestar. «Es que si no soy machacón, no me dan nada».

-¿Ha conocido casos de personas que lo dejaran por imposible?

-He tenido a muchos que han salido conmigo pidiendo y salían el primer año, después no volvían. Me decían que era muy duro. Y yo les contestaba: «Es que hay que valer y tener uno mucha cara y no quedarse uno atrás». Y la verdad es que yo siempre lo he hecho lo mejor que he podido y me he sentido muy bien. Tras sacar dinero para la Cofradía y para Nuestro Padre Jesús, yo me sentía a gusto. Si iba a por la gente y no me echaban, los cogía a la vuelta y hasta que echaran. Me ponía un poco pesado, pero es que es nuestra misión.

-¿Cómo eran esos dos días para usted cuando ejercía esta labor?

-La palabra es duro, en todos los sentidos. Hay veces que uno pierde mucho tiempo. Hay que tener en cuenta que empezamos el Jueves Santo a las once de la mañana y estamos hasta que se pone el sol. Y luego volvemos durante todo el recorrido de la procesión en la madrugada vamos pidiendo por las aceras. Es muy duro.

-¿Siempre el mismo recorrido?

-Los primeros años iba cambiando de iglesia. Empecé por San Julián, al año siguiente me fui a Santo Tomás, el siguiente a la Trinidad y ya el cuarto año estuve en la Colegiata. Y a partir de ahí, como era el mayor, cada año me iba para la Colegiata. Allí se sacaba mucho dinero.

-Uno de los puntos más significativos de esta tradición es el voto de silencio. ¿Es, quizá, lo más complicado de la función de Conquero?

-La verdad, es complicado. No podemos hablar durante todo el recorrido. Nada más que a las horas de comer y las de cenar. No podemos hablar ni si quiera con la familia. Uno ve a la familia que le hacen o le dicen cosas y a callar. Son prácticamente dos días sin hablar con nadie.

-¿Y cómo lleva la gente que, en un momento determinado, se encuentre un penitente frente a ellos con una conca y sin decir nada?

-Ocurre de todo. La gente de Toro, que conoce la tradición y sabe lo que hacemos, lo lógico es que den limosna. Pero también nos hemos encontrado con personas que simplemente revolvían la conca para hacerla sonar y que pareciera que habían echado. Eso uno lo nota y lo sabe, porque yo siempre miraba la conca a cada momento. Pero lo normal es que la gente se portara bien con la limosna.

-¿Y los visitantes?

-La gente de fuera se quedaba mirando sin saber qué hacer. Yo hacía lo mismo. Como no podía hablar, le enseñaba la conca hasta que me echaran.

-Tras 22 años como Conquero, uno tendrá muchos momentos que recuerda especialmente.

-Muchos, por supuesto. Y varios de los que no se pueden contar. Pero, por ejemplo, me acuerdo mucho de un hermano Conquero que se llamaba Julián y estuvo 18 años en la labor. Lamentablemente, ya falleció. Julián y yo éramos los dos que siempre estábamos al pie del cañón. Cada Jueves Santo nos dábamos la mano y nos poníamos a la tarea. Y después quedábamos para tomar un café y hablábamos sobre la función, sobre las cosas que nos habían ocurrido.

-Y, de igual forma, habrá coincidido con infinidad de Conqueros.

-Sí, porque cada año son cuatro los que realizan la labor. De los que han salido conmigo, uno estuvo 18 años, otros cinco o seis y otros que lo hacían un año y no volvían, porque decían que era un trabajo muy duro y que no podían hacerlo más.


«Este es un ejercicio de tradición y penitencia a partes iguales que no tiene igual en España»

Si existe algo de lo que puede presumir la Semana Santa de Toro, entre muchas de sus particularidades, es la de la Bendición de los Conqueros y el posterior oficio que realizan a lo largo del Jueves y Viernes Santo. Un ejercicio que se mueve entre la tradición y el sacrificio, pero que a nadie deja indiferente. «Yo diría que tiene un poco de ambas», explica Benito García. «En primer lugar, estamos hablando de algo que es único en España y es de Toro, no se puede comparar con nada, ni se conoce nada parecido, por lo que es para estar orgulloso», comenta este antiguo Conquero. «Y por otro lado es un sacrificio, claro, eso es indudable. En cada ejercicio, yo iba pensando en Jesús, en que iba a hacer un sacrificio como él lo hizo. Y esa es la motivación. Cada vez, antes de salir, yo iba a hablar con Nuestro Señor Jesús y le pedía que me diera salud y suerte para poder seguir con esta labor», detalla García. No obstante, que sea tradición no implica estar alejado de la evolución. «En un principio se recaudaba para pedir por los difuntos, por aquellos que no podían pagar su funeral. Ahora el dinero es para la Cofradía directamente y por eso hemos tenido que aguantar alguna palabra fea de alguna gente, que es mejor olvidar», relata. En cualquier caso, para Benito García eso nunca supuso un problema. «La gente puede decir lo que quiera, puede echar o no echar, dar mucho o dar menos; pero nosotros, los Conqueros, tenemos la obligación de aguantar y callar. Ese es nuestro oficio», declara el 22 años Conquero.