Formación y educación

Las mujeres cubren la docencia universitaria con los contratos más precarios

El número de mujeres con contrato laboral temporal ha pasado del 33,1% al 41,6% desde el 2008 al 2016

09-01-2019Meneame
Una profesora universitaria, durante una clase
Una profesora universitaria, durante una clase. Shutterstock.

EFE / MADRID El número de mujeres con contrato laboral temporal en las universidades públicas ha aumentado entre el colectivo de docentes, pasando en el periodo 2008-16 del 33,1 % al 41,6 %, lo contrario que los hombres, que han bajado un 3,5 %, lo que demuestra que ellas han accedido a los contratos más precarios.

"Han sido las mujeres las que han cubierto las necesidades docentes con contratos laborales más precarios y con menor nivel de retribución salarial", asegura la Conferencia de Rectores CRUE en su reciente informe "La Universidad Española en Cifras. Curso 2016-17", dentro del capítulo dedicado a la "Equidad de Género".

Y es que aunque la presencia de la mujer en las plantillas de las universidades públicas ha tenido una evolución positiva entre 2008 y 2016, se han producido "intensidades diferentes" si nos fijamos en los diversos apartados universitarios.

Así, mientras ellas representan el 59 % del total del colectivo del Personal de Administración y Servicios (PAS), el estudio de los rectores recalca que es "especialmente destacable por insuficiente" la presencia y evolución de las catedráticas de Universidad.

Pues aunque en estos últimos años las catedráticas han registrado la mayor tasa de crecimiento del total de las categorías profesionales del conjunto de los recursos humanos universitarios (50,4 %), siguen representando un porcentaje bajo, el 15,3 % en 2008 y el 21,3 % en 2016.

Porcentajes que no tienen nada que ver con el dato de los jóvenes de 20 a 24 años que estudian un grado, pues el 54 % de la totalidad son mujeres.

También es más elevada la participación de las mujeres en los máster pero es sensiblemente menor en el doctorado, unos estudios que siguen presentando "un patrón masculinizado de los estudiantes en la práctica totalidad de países desarrollados", confirman los autores del estudio, Juan Hernández Armenteros (Universidad de Jaén) y José Antonio Pérez García (Universidad Politécnica de Valencia).

Respecto a las ramas de enseñanza, las universitarias concentran sus preferencias en Salud y Bienestar y en Educación, y están poco dispuestas a cursar estudios en Ingeniería y Arquitectura y, sobretodo, en Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC).

En las universidades públicas presenciales, la participación de la mujer ha ganado presencia solo en la rama de Humanidades (del 62,5 % al 62,3 % en los años 2008 y 2016, respectivamente) y ha descendido en las enseñanzas de Ingeniería un 36,5 %.

Sin embargo, la selección de las opciones de especialización de los estudios universitarios por los diferentes sexos presente una gran homogeneidad entre países, según este informe, que comenta que Suecia aparece como la excepción, destacando la proporción de mujeres que cursan estudios técnicos y tecnológicos.

Por otra parte, las estudiantes muestran unos mejores rendimientos académicos que los que alcanzan el total de los estudiantes matriculados.

Ello lo concluye el informe de la CRUE tras comprobar que en las universidades públicas presenciales, durante el curso 2016-17, fueron mayores los porcentajes de mujeres que consiguieron la condición de becario del Ministerio de Educación para grado y máster (62,1 % y 58 %, respectivamente), algo para lo que se requieren unas exigencias académicas.

Asimismo, el mejor comportamiento académico generalizado de las estudiantes, respecto a los estudiantes, se produce sin distinción de campos de conocimiento, añaden los rectores.

Otro dato positivo para la mujer en las universidades públicas es que su presencia en funciones específicamente investigadoras, en el año 2016, fue nueve puntos superior en el colectivo de Personal Docente e Investigador (PDI), alcanzando cifras equiparables al hombre en la categoría profesional de investigador (49,5 %) y superándolo en las categorías de personal técnico de investigación (50,6 %).