Todos alguna vez en la vida hemos sentido envidia. Es tan natural sentir envidia como lo es sentir alegría, ya que es una emoción intrínseca en el ser humano que puede aparecer en ciertas situaciones de nuestra vida que la desencadenan.

La envidia no tiene que ser una emoción tan negativa como puede parecernos. Esta nos permite ser conscientes de algo que nos preocupa, de un componente en nuestra personalidad que nos incomoda y que vemos en otras personas. Además, la envidia nos enseña cuáles son nuestras inseguridades y miedos y nos abre el camino para trabajar sobre ellos. Sin embargo, la envidia no gestionada puede generar mucho malestar emocional y dolor en la persona.

La principal vía para canalizar la envidia es la admiración. Aquello que vemos en otra persona y que nos genera envidia lo canalizamos para sentir admiración por ella. No es nada fácil cambiar ese pensamiento de envidia hacia admiración.

Los niños y niñas desde pequeños también sienten envidia. ¿Cómo podemos trabajar con ellos desde pequeños esta emoción para que puedan gestionarla bien? Desde pequeños podemos educar a los niños y niñas para que entiendan que es natural sentir envidia, que esa envidia significa una admiración hacia los demás y que tenemos que estar orgullosos de nuestras propias cualidades para no compararnos con los demás. Os damos algunas claves para que se cumpla.

No compares a tu hijo con otros niños

La comparación es una de las causas por las que nuestros hijos e hijas pueden empezar a generar inseguridades en su vida y por las que pueden envidiar a los demás. "Te tienes que parecer más a tu amiguita", "tu amigo ha sacado más nota que tú", "es que no te sabes comportar, tienes que ser más con tu hermano". Algunas de estas frases empiezan a sembrar el germen de la inseguridad y de mayor puede generar autoexigencia, perfeccionismo y muchas comparaciones con los demás. Es recomendable evitarlas y centrarnos en nuestro hijo y en todas las cualidades que tiene y que va desarrollando.

No te compares con otra gente

Además de los comentarios que realizamos sobre nuestros hijos, hay que tener cuidado con cómo nos nombramos a nosotros mismos. ¿Nos comparamos con los demás? ¿Qué nos decimos? Puede que nos hayamos dicho estas frases a nosotros mismos: "No soy tan bueno", "Me sobran diez kilos para estar como ella", "Nunca seré como ella". Nuestros hijos e hijas, según van creciendo, van captando todos estos mensajes y al ser ejemplo para ellos, nos copian y adoptarán las frases que nos decimos a su autoconcepto.

Resalta y refuerza las capacidades de tu hijo, no sus conductas negativas

Muchas veces nos enfocamos mucho en las conductas negativas que tiene nuestro hijo. Ha gritado, ha tirado un lápiz a su hermana o ha empujado a un niño en clase... No hay que quitarle peso a estos comportamientos, pero lo que no debemos hacer es reforzarlos y recriminárselos a ellos. En vez de eso, reforcemos sus capacidades y aquello en lo que son bueno. Así nos lo contaba la psicóloga Patricia Ramírez: "Lo que tiene valor es que la persona sepa lo que está haciendo bien para poder repetirlo. ¿Cuántas veces decimos a nuestros hijos lo bien que han hecho algo y cuántas les decimos las cosas que hacen mal? Creemos que ser buenos padres es corregir lo que hacen mal, pero cuando dejamos de atender esas conductas, desaparecen. Es mejor reforzar las buenas, poner la lupa en ellas".

Enséñale a compartir

Desde casa podemos enseñar a nuestros hijos e hijas el valor de compartir: en la mesa la comida, con los hermanos los juguetes, en clase con el material escolar...

Muestra admiración por los demás y por tu hijo

Las muestras de admiración que digamos ayudarán a entender a nuestro hijo que cada uno de nosotros tenemos nuestras cualidades y particularidades. La envidia se puede generar, por ejemplo, porque ve que su amigo es muy bueno en tenis y él tras tres meses de entrenamiento no ha avanzado. En esta situación debemos tratar de admirar y decirle expresamente las cualidades de nuestro hijo, mostrar admiración por él para que tenga una sana autoestima, reforzar aquello que se le da bien. A la par que debemos mostrar admiración por otra gente y sus cualidades sin compararnos con ellos.

Previniendo desde pequeños, evitaremos sembrar en el niño o niña la semilla de la comparación y la inseguridad.