15 de mayo de 2017
15.05.2017
Balonmano | Fase de ascenso a Liga Asobal

El último reto de una leyenda

Carletes, que anunció su retirada el pasado sábado, buscará su cuarto ascenso con el BM Zamora para coronar una brillante carrera deportiva

15.05.2017 | 00:19

El objetivo era poner el broche de oro con el ascenso en casa, pero el capricho del deporte obligó, hace ya unas semanas, a cambiar el sueño de escenario. Carletes se va, lo deja después de una aventura de 16 años que empezó y terminó como un juego que se fue haciendo más serio a medida que pasaban las temporadas. De Segunda División - la cuarta categoría nacional - hasta Liga Asobal; del anonimato a la popularidad; de lo amateur a la profesionalización. Siempre con el 20 en la foto.

Atrás quedan los recuerdos de una carrera deportiva que arrancó en el voleibol y que le llevó, gracias a Iñaki, al inicio del nuevo proyecto del Balonmano Zamora. Era el comienzo del siglo XXI y de la etapa de formación de un club que ahora compite con los más grandes y presume de una cantera tan amplia como prolífica, pero que entonces tuvo que esperar hasta el 2009 para dar su primer salto de categoría.

Desde el extremo, Carletes vivió la llegada a Primera Nacional en la fase de ascenso de Vigo, un éxito especial después de la traumática derrota del año anterior, cuando el Balonmano Zamora, anfitrión del play off, era el favorito para el ascenso. El jugador pistacho colaboró con tres goles en el duelo decisivo, en el que un empate ante el Egía sirvió a los hombres de García Valiente para dar el salto de categoría.

A punto de cumplir 34 años, pocos pensaban que los éxitos más recordados de Carletes y su generación deportiva estaban por llegar. De la mano de nuevos refuerzos, y tras ver como algunos de sus compañeros de toda la vida dejaban paso al futuro, el Balonmano Zamora logró asentarse en Primera Nacional hasta el punto de ponerse al borde de un nuevo ascenso. El 11 de mayo del 2013, en Soria, un histórico triunfo ante Benidorm, con los extremos como protagonistas, elevó a los pistacho a Plata.

Sin solución de continuidad, lo que era un crecimiento sostenido se convirtió en un cuento de hadas un año más tarde. En Cantabria, el ya entonces MMT Seguros alcanzó la cima de Asobal también con Carletes sobre la pista. Ya para entonces, el 20 iba perdiendo protagonismo, aunque aún le llegó para marcarle al inalcanzable Barça en el Palau o para ser un dolor de cabeza contra el filial blaugrana tras el descenso a Plata. Ahora la leyenda afronta su último reto. Vigo, Soria, Santander... ¿Palma del Río?

EL ADIÓS DEL GUERRERO NÚMERO 20

Ha sido una decisión complicada, pero creo que ha sido el momento de poner punto y final a 17 años en los que he tenido la gran suerte de disfrutar del balonmano en este gran club e ir de la mano en su crecimiento y superación. Ha habido momentos duros en categorías de las que, ahora, ni nos acordamos; que parece que están muy lejos pero que son los cimientos de lo que es hoy el MMT Seguros. Es una satisfacción echar la vista atrás y ver cómo, paso a paso, hemos ido subiendo peldaños, jugando fases de ascenso y consiguiendo llegar a la máxima categoría. Todo ello dentro de un grupo que más que un equipo es una familia. Creo que eso también ha sido la clave de los triunfos y es por ello que hoy se me hace tan difícil decir adiós, prefiero un hasta luego porque seguiré formando parte de este sueño y ayudando en lo que pueda a mis compañeros y amigos.

Quiero dar gracias a la afición por arroparme siempre en los buenos momentos y, sobre todo, en los malos. He sentido siempre una palmada en el hombro de apoyo y me llevo el gran cariño recibido hoy en la pista, que nunca lo olvidaré.

Gracias a mi familia, que ha entendido que para mí el balonmano es más que un hobby. Lo ha respetado y, sobre todo, lo ha compartido.

Gracias a mis compañeros, a los que ahora están aquí y a los que han pasado por el equipo durante estos años. Todos tienen un hueco en mi corazón porque de todos he aprendido algo.

Gracias a Edu por intentar entenderme, aunque a veces no se lo he puesto fácil. Al presidente, por darme la libertad cada año de poder decidir mi camino sin presiones. Y por último, a Iñaki, porque para mí ha sido y será un referente. Él tuvo la culpa hace 17 años de que me enganchara a este nuevo proyecto y, juntos, somos los únicos supervivientes de esa ilusión que hace tanto tiempo echó a andar en Zamora. Lo siento amigo, te dejo solo.

Con todo esto solo me queda decir: Vamos a por la fase, ¡1, 2, 3, Viriato!

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