Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Historias del Deporte

"Perdóneme Juan, pero me va a tener que acompañar"

En el final de su carrera, con su quinto Mundial recién conquistado, Juan Manuel Fangio se vio envuelto en un rocambolesco episodio. En La Habana fue secuestrado durante unas horas por el Movimiento 26 de Julio de Fidel Castro.

Fangio, apoyado en un coche, horas antes de ser secuestrado en La Habana. | FIRMA

Fangio, apoyado en un coche, horas antes de ser secuestrado en La Habana. | FIRMA

Juan Carlos Álvarez

El régimen de Fulgencio Batista busca a mediados de los años cincuenta motivos para atraer a Cuba repercusión internacional y dinero. Se le ocurrió que organizar una carrera de Fórmula 1 podía ser un poderoso atractivo, sobre todo pensando en los estadounidenses y su afición a la velocidad. Fue así como nació el Gran Premio de Cuba que se organizó en torno a un circuito urbano en La Habana, en el entorno del Malecón, de poco más de cinco kilómetros. Su primera edición se disputó en febrero de 1957 y fue un relativo éxito aunque la participación no fuese la mejor. Se impuso Juan Manuel Fangio que ese mismo año conseguiría el quinto y último de los títulos mundiales que adornarían su impresionante palmarés. Por detrás quedaron Carroll Shelby y el español Alfonso de Portago que unos meses después encontraría la muerte en un pavoroso accidente en Italia.

Un año después la carrera ganó peso. Maserati y Ferrari desplazaron a Cuba equipos poderosos. A la presencia de Fangio, imprescindible a ojos del régimen porque con diferencia era el gran atractivo de la carrera, se unió la de Stirling Moss o el norteamericano Carroll Shelby. Era una prueba joven, pero Batista aspiraba a consolidarla en el calendario y que en unos años pudiese formar parte del Campeonato del Mundo de Fórmula Uno.

Pero había quién tenía otros planes. El Movimiento 26 de julio de Fidel Castro era consciente de que ese misma carrera a la que Batista daba tanta importancia podía convertirse también en un escaparate de su lucha contra el régimen. Y decidieron que nada tendría tanto impacto como el secuestro de Fangio, el indiscutible mejor piloto del mundo. Tenían información de los movimientos que haría “El Chueco” durante su estancia en La Habana y decidieron que lo mejor sería llevárselo durante la visita que haría a la sede de la televisión cubana donde iba a ser entrevistado. Pero el comando encargado de la operación se encontró con que ese día había una multitud de personas esperando a Fangio y que no se daban las condiciones para su propósito. Por lo tanto cambiaron de estrategia y resolvieron que el secuestro se produjese el día antes de la carrera en el mismo hotel donde se hospedaba el argentino.

El 22 de febrero el joven Manuel Lusiel, miembro del Movimiento 26 de Julio, entró en el vestíbulo del Hotel Lincolm donde buena parte de los pilotos, entre ellos Fangio, mantenían reuniones con sus mecánicos después de los últimos entrenamientos. Llevaba una pistola en la mano, se acercó discretamente al piloto argentino y mientras le apuntaba le dijo: “Discúlpeme Juan. Me va a tener que acompañar por favor”. Pocas veces un secuestro se había realizado con tanta educación. Fangio no ofreció ninguna clase de resistencia e incluso hizo gestos pidiendo calma a quienes parecían estar dispuestos a ofrecer alguna clase de resistencia como el argentino Detomaso a quien Lusiel amenazó con disparar. Secuestrado y secuestrador atravesaron un salón y salieron por la puerta principal donde les esperaba un Cadillac negro que llevaba un rato aparcado en la puerta. Arrancaron y de inmediato se perdieron por las calles de La Habana.

“Usted es nuestro invitado y será tratado con cortesía. Hacemos esto porque usted es el visitante más famoso de la isla. Mañana no estará en salida del gran premio, luego será liberado. ¿Cuál es nuestra intención? Centrar la atención mundial sobre nuestro movimiento político, que Batista y su régimen están tratando de reprimir. ¿Le queda claro?”, fue lo primero que le explicaron cuando se subió al coche.

Los secuestrados cambiaron a Fangio tres veces de coche, lo movieron por un par de viviendas hasta que finalmente llegaron a una casa en el barrio de El Vedado, una zona residencial de La Habana. Allí le esperaban mujeres, niños y unos pocos miembros del Movimiento que festejaban el éxito de la operación. Pero el ambiente poco tenía que ver con el que suele acompañar a un secuestro. Fangio siempre que tuvo que referirse a aquel episodio de su vida aludió a la amabilidad con la que le había tratado aquella gente que solo pretendía que su lucha contra el régimen de Batista encontrase gracias a él una caja de resonancia.

Batista, hecho una furia tras conocer la noticia, ordenó que la carrera se disputase de todos modos aunque fuese sin la presencia en la parrilla de salida de su principal atractivo. El caprichoso destino le guardaba un precio muy caro por aquella decisión. Solo se llevaban seis vueltas cuando una mancha de aceite provocó que el argentino Armando García Cifuentes perdiese el control de su coche y arrollase a una centena de espectadores que seguía la prueba. Fallecieron seis personas en el accidente, entre ellas el piloto, y hubo cuarenta heridos graves. El caos fue descomunal porque durante varias vueltas nadie supo que hacer. Hubo participantes que se retiraron de inmediato, otros siguieron en carrera hasta que poco después se levantó la bandera roja para anular la prueba y todos los motores se callaron. Un desastre que arruinó por completo las intenciones que Batista tenía en torno a aquella carrera.

Pocas horas después de que se diese por finalizado el Gran Premio de Cuba los secuestradores de Juan Manuel Fangio cumplieron con su palabra y pusieron en marcha el operativo para devolver la libertad al piloto. Fue “el Chueco” quien decidió cómo hacerlo porque al Movimiento 26 de Julio no le parecía en absoluto descabellado que el propio régimen lo eliminase para acusar luego a los secuestradores de su muerte y ganar esa especie de batalla por el relato que se había establecido. Era un planteamiento algo extremo, pero que tampoco se podía descartar. Por eso Fangio pidió a los miembros del comando que le custodiaron durante esas veinticuatro horas que lo llevasen a casa de Raúl Guevara Lynch, embajador argentino en aquel momento en La Habana. Acordaron la entrega en la casa de un agregado militar argentino y poco después el argentino avisó desde la residencia del embajador de que ya era un hombre libre y al día siguiente salió del país con destino a Argentina.

Aquella historia tuvo su pequeña continuación tiempo después. El Gran Premio de Cuba ya solo se celebró una vez más, en 1960, pero en un circuito alejado del centro de La Habana y con una participación inferior. Fangio ya no estuvo en él. Regresó a Cuba mucho tiempo después, en 1981. Fue invitado por Fidel Castro que de alguna manera quería que su visita sirviese como una especie de petición de disculpas por las molestias generadas con aquel secuestro. Fangio estuvo con el presidente pero también visitó la casa en la que estuvo retenido aquella jornada y allí compartió unas horas con las personas que cocinaron para él huevos con patatas y que se preocuparon de que en 1958 no se sintiese un prisionero. Hoy la habitación 810 del Hotel Lincoln está exactamente igual que como la utilizó Juan Manuel Fangio aquellos días. En el hall una placa recuerda que allí fue donde se cruzaron los caminos del mejor piloto del mundo y de la revolución cubana.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents