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Galgos

Miguel Ángel y José Antonio Castrillo: "En los galgos, tener suerte es fundamental"

Los hermanos Miguel Ángel y José Antonio Castrillo llegaron por pura casualidad a este deporte pero reconocen que les apasiona

Los hermanos Castrillo con uno de sus galgos

Los hermanos Castrillo con uno de sus galgos / LOZ

Manuel López-Sueiras

Manuel López-Sueiras

Zamora

Miguel Ángel y José Antonio Castrillo son dos veteranos galgueros zamoranos que se suman a la serie de entrevistas que LA OPINION EL CORREO DE ZAMORA está publicando en esta temporada galguera. Los hermanos de Morales de Toro aportan su conocimiento desde el campo de la competición y del arbitraje sobre este deporte tan ligando al ser de la provincia de Zamora.

“Algo fundamental es la suerte. Yo no soy ningún entendido como puede serlo Óscar Hernández Zarzuelo que es un erudito de los galgos, que no ha tenido la suerte que he tenido yo y ha criado de las mejores razas, entiende más que nadie de perros y los cuida mejor que nadie. En una eliminatoria contra una perra de Luis Ángel en Madrigal, la liebre que menos corrió superó los tres minutos, fue una eliminatoria bárbara en la que nos ganó bien la primera liebre y entre las dos sumaron más de 7 minutos. Nosotros ganamos la segunda y se quedó la eliminatoria para el día siguiente. Óscar consiguió que al día siguiente nuestra galga estuviera como nueva y borró a la otra en la liebre definitiva en dos minutos y medio”, apunta Miguel Ángel Castrillo al que respalda su hermano José Antonio añadiendo que “el galgo es un atleta que requiere de un preparador y ese preparador necesita mucha información y conocimientos, pero el factor suerte puede suponer un diez o un veinte por ciento o simplemente un uno por ciento. Influye que te toque una liebre que le favorezca a tu perro, un corredero favorable, o todo lo contrario. Y luego, en una carrera, se puede dirimir que ese perro se clasifique y pueda o no llegar a ser campeón de España” y Miguel insiste en que “teniendo un gran perro, no hay que tener mala suerte, que no se rompa un dedo, que no surja una lesión, que no salga una liebre regatona y lo amonesten. Lo que no hay que tener es mala suerte”.

Comenzaron en esto de los galgos por casualidad porque no tenían antecedentes familiares: “Hice la mili en Caballería y cuando la acabé, compré un potro y salía al campo con él. Así empecé a ver los galgos y me encantó aquello, busqué a ver quién me criaba un perro, le pregunté a uno que tenía dos galgas y me regaló una que era pura sangre inglesa y yo ni sabía que existía esa raza. Pensaba que todos los galgos eran de la misma raza. Aquella galga inglesa pura parió doce de los que yo crié un macho y una hembra, y el macho ya quedó campeón de España de liebre mecánica. Fue una ilusión enorme, y ahí comenzó el factor suerte, me tocó la lotería de los galgos. Era además un galgo buenísimo para las liebres, corría mucho y aguantaba mucho. El perro siguió corriendo en trapo y ya competía contra hermanos suyos de otras camadas, con lo que se demostraba que la perra era ya buena madre. Eso es fundamental porque hay perras buenas que luego no dan crías como nos pasó con la Sevilla, sin embargo, su hermana Samba, dio a la Salada y a la Sosa”.

Miguel Ángel mantiene en la actualidad sangre de Salada, “pero no estoy consiguiendo los resultados que tenía antes porque esto es una lotería, pero lo sigo intentando. Ahora he criado un hijo de Rubio y de Leyenda, y todavía no tiene edad de competir”, pero ahí está el problema de las liebres que lo condiciona todo “el año que corrió la Sevilla hicimos un campeonato local con 36 galgos a dos liebres, y conseguimos sacar el campeonato en Toro. Había días de echar 40 liebres”. Sevilla siempre está en la mente de estos galgueros de Morales de Toro: “Nos tocó en semifinales con Samba, hermana de Sevilla, y las metimos con cinco liebres para decidir cuál de las dos poníamos porque las dos eran muy buenas. Y llegó al Nacional con cien liebres a cuestas”. José Antonio reconoce que eso tampoco era lo recomendable porque “acabó el Regional destrozada de las manos. Además se te puede ensuciar y ésta perra, aunque tenía un punto de suciedad, se diluía porque ella siempre quería para sí la liebre. Hay perros que dejan hacer al rival porque están sucios, pero ella siempre quería la liebre para ella, se podía poner un poco de lado pero era codicia pura”.

José Antonio y Miguel Ángel Castrillo. | LOZ

José Antonio y Miguel Ángel Castrillo. | LOZ / LOZ

“Vale más la codicia que, muchas veces, las facultades físicas del perro”, puntualiza José Antonio. “Como tenga facultades y no tenga codicia y se quede reservada, no hará nada. Yo he visto perras feas corriendo mucho y perras preciosas que no han valido. La Moza, con la que empezamos que crió a Sevilla y luego a la Salada, tenía cabeza triangular de inglesa, era fea como la madre que la parió. Con ella comenzó todo en el año 93, era una perra que corría lo que no estaba escrito pero era fea como ella sola pero tenía una gran codicia”. Miguel Ángel Castrillo ha competido con Galgosalada o con el Triple T (Tordesillas, Toledo y Toro) y “Moza fue la primera que presentamos por el club de Toro”.

José Antonio se lamenta de que “cada año se va notando que hay menos liebres que el año anterior, aunque en Castilla y León somos unos privilegiados porque estamos consiguiendo sacar adelante más del 80 por ciento de los campeonatos en campo abierto. Eso no está siendo así en el resto de las comunidades y tienen que recurrir a los cercones. Mal que bien, seguimos yendo a campo abierto y en cuanto se queda alguna collera para atrás, lo complementamos con el cercón. Además tenemos liebres en los cercones que, cuidadito. El otro día, en el cercón de Toro, vi a una liebre ir de una punta a la otra del cercado y ha parado a las dos perras sin tocar. Eso es inaudito porque en otros cercados, son como conejos”. En todo caso, Miguel Ángel advierte de que no todas las perras tienen la calidad de “la Morería o de la Señorita” y recuerda que Salada compitió en dos nacionales “en el segundo no pasó de octavos porque estaba ya muy sucia, pero se adjudicó dos fases regionales en Madrigal quedando campeona de grupo en los dos. La perra que es buena, como Morería, puede estar este año perfectamente en el Nacional de nuevo. Ahí está la Tara, dos veces campeona de España”.

José Antonio, como juez, explica que en campo abierto “es más difícil ver la suciedad en un galgo que en un cercón donde la liebre se va a estribar contra el muro provocando la suciedad. Los cargos técnicos tenemos las instrucciones de que el reglamento está para cumplirse y el reglamento contempla la suciedad. No indica que haya que diferenciar la suciedad de campo abierto y la del cercado. Suciedad es suciedad y el artículo dice lo que dice”, aunque Miguel Ángel puntualiza que “en los cercones, un perro que corre contra la valla, instintivamente se echa al lado contrario para cerrar a la liebre. Normalmente se tienden a apoyar contra la valla”.

“El galgo es un depredador -añade José Antonio- y el instinto del depredador es cazar a su presa, pero estamos imponiendo racionalmente unas normas establecidas por el hombre que en algunas ocasiones van en contra de lo que es el instinto natural del perro. Pero los jueces tenemos que aplicar las normas que tenemos”. El cercado tiene sus problemas pero también otras ventajas para los cargos técnicos: “Es una maravilla correr en cercado -añade Miguel Ángel que también es juez-. Yo este año no estoy juzgando pero el riesgo que corre un juez a caballo en campo abierto es enorme. Sin embargo en un cercón donde no hay cunetas ni obstáculos, corres de maravilla. Yo tengo 61 años y mi hermano 63, y ya te lo piensas. Una de las razones por las que no estoy juzgando es ese riesgo”. José Antonio abunda en que “es complicado galopar a caballo porque, para juzgar, tienes que estar pendiente de muchísimas cosas y hay un gran riesgo añadido. En Granja iba yo galopando con el actual presidente, David Jiménez, a juez único, y yo de comisario. Saltó la liebre y el terreno estaba húmedo, íbamos los dos en paralelo pero yo me encuentro con un blandón, mi caballo se hunde de las manos, baja el cuello casi hasta el suelo pero no me caí, me salí de la montura y me quedé con el trasero en la cruz del caballo agarrado al cuello. El caballo se incorporó y siguió galopando tras el otro caballo. Sin montura, sin estribos, yo me mantuve agarrado pero me fui deslizando hasta caer entre las manos del caballo a galope. Fue un milagro que lo único que me pasó fue una fisura en una costilla. A muchos propietarios que protestan les recomiendo que se suban encima de un caballo y desde el segundo cero, hasta el 1´45 que haya terminado la carrera, me cuenten qué han visto y cómo ha sido la carrera. Tienes que observar la carrera, pero mentalmente sumarle o restarle puntos, ver si se apoya una perra, no es tan sencillo como puede pensarse”. Granja de Moreruela o Unión de Campos tienen zonas muy complicadas: “Aunque en la Unión de Campos también hay zonas muy buenas -recuerda Miguel Ángel-. A una perra que tenía yo y que andaba muy bien, le metió cuatro minutos una liebre, la corrí entera sin ningún obstáculo”.

Los hermanos Castrillo, con sus perros y caballos

Los hermanos Castrillo, con sus perros y caballos / LOZ

“Hace unos días galopé una de 4´32 en La Vellés en un campo precioso. La liebre saltó al camino, ha ido hacia un lado y hacia otro, y galopamos muy bien. Pero hay que ver a los caballos después de cuatro minutos y medio. Necesitan descansar, tienes que tener dos caballos para suplir al que esté agotado porque el que se queda sin fuerza se cae con mayor facilidad”. Y estas reflexiones traen consigo la del recurso del dron para juzgar: “Queda mucho todavía para juzgar con dron. He visto varias carreras con drones y si son dos perros negros, no les ves el color del collar. Puedes opinar por el color del perro pero no por el color del collar, si es rojo o blanco”, explica Miguel Ángel.

En todo caso nadie discute que se trata de un avance y José Antonio remarca que “la tecnología está metiéndose cada vez más en todos los terrenos de la vida. No podemos ponerle puertas al campo porque la tecnología está ahí. La Federación quiere mantener la esencia de lo que es una carrera de galgos en campo con caballos, con jueces con criterio propio y conocimiento. El dron no se cansa, no se cae del caballo, pero falta mucho porque esencia a este deporte. Cuando no hay más, contigo Tomás. Actualmente en Castilla y León seremos unos 80 cargos técnicos actualmente (soltadores, director de carrera, cronometradores, comisarios…) y de esos, galopamos unos 23 ó 24. Si esto sigue así, cada vez va a haber menos gente que se suba en el caballo pero la competición seguirá. A lo mejor el día de mañana no nos queda más remedio que echar mano del dron, y ya se está recurriendo a él en la Copa Zamora porque no hay jueces suficientes a caballo. Tienen que compaginarse ambas cosas, tienen que ser complementarias, porque hay que mantener la esencia, la estética del caballo, del juez galopando, pero cuando no haya se tendrá que suplir de alguna manera”.

Pese a los números problemas que acucian al mundo de los galgos, Pese a los números problemas que acucian al mundo de los galgos, el número de deportistas y de clubes no para de crecer, “es una evidencia irrefutable”, reconoce José Antonio Castrillo para añadir que “es un deporte que te engancha de forma visceral. Y da lugar a que, si yo no tengo un club mío y quiero competir porque tengo buenos perros, intento crear un club propio o compro uno. De todas formas, gente joven que se incorpora, me refieron a adolescentes, tampoco veo muchos en el campo”. Y Miguel Ángel insiste en que “tener un club es un lujo, el que tiene varios clubes es que tiene mucho poder adquisitivo, porque les gusta esto y porque la competición es lo más de los galgos. Si ves los perros tuyos en tu cuadrilla, no ves apenas nada, te crees que son muy buenos porque matan liebres afectadas de mixomatosis. No es lo mismo que ver a esos perros otros más seleccionados…”, “y la adrenalina -dice José Antonio- , entre los amigos no hay adrenalina porque la competición es otra cosa. Yo ya no tengo perros pero me subo en el caballo y el día antes todavía me entra esa cosa de la competición. Sin embargo, cuando cazo con mis amigos y mi cuadrilla, estás absolutamente relajado”.

Zamora ha sido además la provincia en la que más ha crecido el número de clubes: “Valladolid nos doblaba o triplicaba y ahora tienen prácticamente los mismos clubes las dos provincias. En eso influye que la Copa Zamora es una competición dura aunque ya no es como antes que se hacía en la Unión de Campos y ahora se va al cercón. Antes era muy dura y el perro que ganaba se tragaba carreras muy exigentes y era un gran perro. Ahora puede pasar que un galgo rápido quede campeón”, puntualiza Miguel Ángel.

“Es una competición en la que se ha introducido el dron, las redes sociales, y Jaime Chillón lo está haciendo muy bien como presidente. Están poniendo mucho entusiasmo, y es una competición que me gusta”, añade José Antonio.

Precisamente el día que se realizó esta entrevista, Miguel Ángel recuperó una perra que le habían robado días antes, y José Antonio dejó de criar porque terminó cansado de sufrir robo tras robo: “Yo soy cargo técnico porque me robaron los galgos de forma consecutiva en cuatro años. Llegó un momento en el que dije que a mi ya no me robarían más, que no volvería a criar más galgos para otros. Decidí irme a la competición y ver las mejores carreras y los mejores galgos como juez. Pero la adrenalina esa no se pierde, es un cáncer”, y Miguel Ángel recuerda que quince días antes le sustrajeron un macho de cuatro años de buen nivel, otra perra de siete años que apareció en la zona de Tordesillas y Geria, donde la dejaron abandonada: “Es una impotencia enorme la que sientes. Me llevan robados unos 25 pero yo no he hecho como mi hermano porque me apasiona este deporte y porque el mejor momento del día es cuando me voy a entrenar a los perros por la tarde”.

“La finca en la que yo tenía los perros está a 25 kilómetros de casa, me iba todos los días a entrenarlos por la noche, y me encantaba -recuerda José Antonio- Era un sacrificio que difícilmente se podía sostener en el tiempo”.

Y hablando de entrenamiento, Miguel Ángel asegura que “el galgo es un atleta y hay que entrenarlo. Pero el perro nace, no se hace. Nosotros podemos aportarle un entrenamiento mayor o menor. Yo les hago cada día cinco kilómetros intensos tras coche, luego me paseo con ellos y hacemos otros cinco andando. Hay que entrenarles pero también aportarles buena alimentación. Pero el perro que destaca es porque ha nacido bueno. Induráin ganó cinco tours porque genéticamente estaba bien dotado. Todos entrenan, todos se cuidan mucho pero lo fundamental es que el perro nazca con ese don”.

No es sencillo detectar en la camada esas condiciones con las que nace un perro: “No se distingue. Un amigo mío le puso a su perra Fea y me llamó la atención porque era muy bonita y me reconoció que le puso Fea porque “fue la que me dejaron tras elegir todo el mundo” y luego era la que más corría. Yo le puse luego Feo a un perro que corrió la final de un regional con Salada, por lo mismo, fue el que me dejaron, y sin embargo, era muy bueno, seguramente era el mejor de la camada. No creo en que pueda detectarse a golpe pronto. Otra cosa es que se puedan hacer pruebas científicas que no lo sé. Pero esto pasa igual con los caballos de carreras: un caballo te puede costar un millón de euros porque es hijo de los mejores padres y luego no vale para correr. Tengo un caballo que debe ser hijo de uno de los mejores sementales del mundo y una hermana corrió en el Grupo 1, pero éste no valía, aunque vuela corriendo detrás de las liebres. La genética es así”, apunta Miguel Ángel y su hermano añade que “un purasangre es un caballo de carreras y viene del hipódromo normalmente. Nosotros los adaptamos a nuestro deporte. Cuando yo traje el purasangre con el que galopo ahora, salí a dar un paseo con él por un camino de concentración y se tropezaba con las chinas, no había visto nunca una cuneta, pero al final, el caballo se hace. El problema de los purasangres son las paradas y los giros. Los hay con más habilidad y con menos, y a algunos les cuesta mucho parar. El de mi hermano para muy bien, con un bocado habilitado, el mío o llevo con un filetito y ya está pero le cuesta más detenerse. Hay algunos que, cogen el camino adelante, y hasta que se acabe”.

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