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Erika, la montañera sanabresa ciega que soñó con lo más alto y lo logró

La montañera invidente sanabresa siempre había soñado con ascender el pico más alto de su tierra y lo consiguió este fin de semana

Erika Gabaldón, en el centro, sentada sobre la cruzcaída que hay en la cumbre.

Me ha hecho mucha ilusión porque toda la vida, en mi pueblo, San Román de Sanabria, había oído hablar de Peña Trevinca y desde que comencé a practicar montañismo pensaba en subirla alguna vez”, reconocía a La Opinión-El Correo de Zamora Erika Gabaldón Carbajo, montañera invidente que ha logrado su objetivo este fin de semana en una expedición organizada por su club Bukaneros Solidarios de Madrid. La ascensión a Peña Trevinca entra dentro del proyecto elaborado por el club montañero madrileño de coronar las principales cumbres de cada provincia, un ambicioso proyecto que todavía está a medias pues son todavía unas treinta montañas las que han subido.

La montañera zamorana, en plena ascensión, junto a sus compañeros.

Esta vez, la expedición contaba con cinco montañeros invidentes B1 entre los que estaba la sanabresa y otro con discapacidad visual parcial (B2), junto a un grupo de compañeros videntes que ejercieron de guías. Las lluvias del pasado sábado impidieron afrontar el ataque a la cumbre que tuvo que postergarse al domingo pese a que las condiciones no eran todavía ideales y, de hecho, el agua condicionó bastante el regreso a la Laguna de Peces desde donde partieron los montañeros. En todo caso, el sábado optaron por visitar el Tejedelo de Requejo, una decisión que resultó todo un éxito por la belleza del paraje sanabrés.

La expedición del club Bukaneros Solidarios en la cumbre de Peña Trevinca.

El domingo, desde el refugio de la Junta de Castilla y León en San Martín de Castañeda, se inició la marcha hacia el parking de la Laguna de Peces, donde comenzó la ascensión a pie a las 10.00 horas, una jornada muy dura porque los montañeros invidentes, lógicamente, necesitan mucho más tiempo y, de hecho el regreso no se produjo hasta las 22.00 horas: “Fue mucho tiempo porque nosotros no podemos ir al ritmo de las otras personas. Fue una marcha muy larga, de muchos kilómetros, pero me pareció muy bonita. La parte más dura fue el final en el que la pendiente se hace muy dura y tienes que echar la mano a tierra. Además con la lluvia, la bajada estaba muy resbaladiza, y en la zona de turberas, el barro todavía complicaba más las cosas. Además para los invidentes fue complicado cruzar el río porque nos tienen que ayudar y vamos agarrados a las barras direccionales”, explicó Erika Gabaldón en declaraciones a La Opinión.

Esta ascensión tiene un especial significado para esta montañera de madre sanabresa, natura de San Román, donde ha pasado muchos veranos de su vida: “Me fui adentrando poco a poco en el montañismo desde que decidí hacer el Camino de Santiago. Conocí a gente del montañismo inclusivo que me convenciero de que los ciegos podemos también subir a las montañas porque a mi me gusta mucho la naturaleza”, añadió y recordó que hasta el momento, su techo lo tiene en los 3.700 metros de una cumbre en los Alpes. “Es muy importante el trabajo de los guías porque sin ellos no seríamos capaces los ciegos de hacer esta actividad que requiere del esfuerzo de todos. El resto de la gente se pregunta cómo podemos disfrutar de la montaña sin las vistas que depara pero nosotros disfrutamos con otras muchas sensaciones que están ahí y que el resto de la gente a lo mejor no aprecia como lo hacemos nosotros, los olores, los sonidos, el viento, el eco por donde pasas, el agua que fluye y lo que te cuentan los compañeros. Cuando uno no ve, la información se reparte entre los otros sentidos, pero siempre te compensa el sobreesfuerzo que tienes que realizar y al final tienes la misma sensación que el resto de las personas al llegar arriba”, narra la montañera madrileña que reconoce además que “nos cuesta más que al resto de la gente porque no vemos lo que hay alrededor y el esfuerzo tiene que ser mayor”.

Erika Gabaldón explica además que el Club Bukaneros Solidarios es un club de montaña normal en el que cada montañero tiene su ficha federativa “pero el objetivo es el montañismo inclusivo, y somos socios con discapacidades y el objetivo es visibilizarlo y que el resto de los clubes apuesten por esta fórmula para que las personas con discapacidades puedan difrutar de esta actividad”.

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