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Iker Gallego Pérez: El patinador zamorano que es pura valentía

A pesar de su ceguera, el joven lleva más de ocho años calzando unos patines y compitiendo en citas de todo tipo

Iker Gallego Pérez, el joven patinador zamorano invidente.

Es lunes y hace bastante buen tiempo en Zamora. Luce el sol y, aunque el viento sopla fuerte y gélido todavía pese a llegar la primavera, la tarde se presta a realizar actividad deportiva al aire libre por zonas como el paseo de la Aldehuela. Un lugar al que acude Iker Gallego Pérez para patinar con el grupo de amigos junto al que entrena cada semana siempre que es posible.

Iker se calza sus patines, se desplaza con soltura por el cemento y sonríe mientras disfruta de una de sus actividades favoritas, como cualquiera de sus compañeros. Sin embargo, mucha de la gente que está a su alrededor solo centra su atención en él porque este joven zamorano de 15 años es ciego y eso deja boquiabierto a más de uno.

Lo cierto es que, sin conocerlo o fijarse con detenimiento en él, nadie sospecharía que Iker no puede ver a donde va. Todo lo contrario, se mueve con la misma soltura que podría hacerlo cualquiera que lleve un tiempo patinando y sortea cada obstáculo que se presenta sin problema alguno. Lo único que le delata es la presencia de David Salmerón, su entrenador y fiel compañero, que ejerce como una sombra protectora que le indica cada peligro que pueda encontrarse en su camino.

David Salmerón guía a Iker Gallego Pérez en su práctica deportiva por La Aldehuela José Luis Fernández

Los inicios sobre ruedas

Iker lleva ya mucho tiempo disfrutando junto a su entrenador del patinaje, un deporte al que llegó de forma tan natural que ni recuerda cómo sucedió. “Empecé a patinar cuando tenía siete años y no lo hice por ningún motivo en concreto”, rememora el quinceañero, apostillando: “supongo que un día dije me apetece patinar y así comenzó todo”.

Por aquellas, el joven zamorano ya hacía algo de deporte, pero el patinaje fue ganando terreno poco a poco en su tiempo de ocio. “Practicaba natación y me gustaba, pero probé el patinaje y me gustaba mucho más”, comenta Iker, al que sus padres no pusieron cortapisas y respaldaron su elección de calzarse unas ruedas.

Iker empezó a disfrutar de su nueva afición cada día más pero, no todo fue tan sencillo como suena. Cualquiera que lo haya intentado sabe que aprender a patinar sabe que requiere de esfuerzo, práctica y tiempo. Y en su caso, aunque excepcional, no iba a ser diferente en ese sentido.

Iker Gallego Pérez se calza sus patines antes de entrenar por la orilla del Duero. JOSE LUIS FERNANDEZ

“Los primeros días fueron un poco locura”, reconoce para admitir que se cayó “más de una vez” pero que no por ello cogió miedo a patinar o pensó que ese deporte no era para él. “Me costó algo aprender, pero como a todo el mundo”, asegura, señalando que el movimiento que más guerra le dio fue “la tijera, porque era lo más complicado”. Y si bien, por entonces, “para tener más seguridad, iba de la mano de David”, que posteriormente pasó a patinar frente a él, ahora su entrenador apenas interviene cuando se desplaza de un punto a otro.

Con la estabilidad sobre las ruedas adquirida y la técnica asimilada, Iker pronto empezó a gozar de la velocidad y esa sensación tan placentera de moverse más rápido de lo normal. “Me hace feliz”, afirma, señalando que aunque no pueda disfrutar del paisaje, sus sensaciones son las mismas que las del resto de patinadores del grupo con el que se reúne. Porque Iker entiende tan común su destreza como normal fue el siguiente paso deportivo que dio: competir.

El salto a la competición

“Tomé la decisión un día como otro cualquiera de entrenamiento. Recuerdo que David me comentó que había una carrera y me preguntó si quería participar. Yo le dije que sí y así empecé a competir”, expone el joven que se inició poco a poco en esas citas deportivas, tomando parte de las mismas en categoría infantil.

No pasó mucho tiempo hasta que Iker empezó a tener su hueco en las entregas de premios y cada prueba que terminaba se celebraba en meta como una victoria de todos los participantes. Algo que, según su entrenador, el joven no entendía muy bien pues le “chirriaba” mucho recibir un reconocimiento al esfuerzo cuando no terminaba la competición entre los primeros clasificados. Y, aunque para todos resulta extraordinario lo que hace, quizá no le falte razón.

Iker Gallego Pérez y David Salmerón, patinando por La Aldehuela. JOSE LUIS FERNANDEZ

“Ya no compito por los premios, hace mucho que no. Cuando era pequeño sí me gustaba, pero con el paso de los años he entendido que no tiene mucho sentido”, cuenta el joven zamorano, confesando que lo que más le gusta de patinar y de esas pruebas es “el grupo de amigos con el que entreno y voy a los sitios”. Un colectivo en el que se siente querido y que, asegura, “es muy divertido”.

Con David Salmerón al frente de ese grupo, Iker suma ya múltiples experiencias en competición. Y no en citas poco exigentes o siempre dentro de categorías infantiles. De hecho, el último reto que ha conseguido es cruzar la meta de la Media Maratón de Simancas dentro del tiempo de carrera. Es decir, completó 22 kilómetros sobre los patines solo con la ayuda de las indicaciones de su fiel guía.

“Es la carrera más grande y larga en la que he participado hasta ahora”, detalla Iker, explicando que “durante los últimos kilómetros” lo pasó “un poco peor que en el resto de la prueba”, pero que en el resto del trazado se encontró “muy bien”. Un análisis que realiza con una sonrisa de satisfacción en su rostro, sabedor de haberse quitado una pequeña “espinita” al completar la cita en suelo vallisoletano. Porque, años atrás, fue precisamente en esa competición en la que tuvo su mayor susto como patinador.

“La única vez que lo pasé mal por una caída y que me hice más daño del normal fue allí, en Simancas. Caí de culo y me quedé un rato sin respiración... fue solo un susto”. Un incidente que nada tuvo que ver con el que sufrió al cruzar la meta de la prueba este año, en la que también se fue al suelo tras perder velocidad en los últimos metros con los protectores de los cables unidos al cronómetro de la llegada. Un final alegre, entre risas y que puso fin de forma irónica al capítulo de aquella experiencia más dolorosa que, quizá, a muchos hubiera llevado a abandonar los patines.

Planes de futuro, con patines y sin ellos

Detalle de los patines de Iker Gallego Pérez y su desgaste. Jose Luis Fernández

Ahora, con esa media maratón ya superada, Iker tiene pensado seguir acudiendo a otras competiciones de este tipo para probarse a sí mismo. En el futuro se vislumbran citas similares en Madrid y Burgos para las que sigue entrenándose siempre que tiene ocasión.

Pero a este bravo patinador, como adolescente que es, no le basta con un único reto y tampoco con practicar un único deporte. De hecho, la lista de actividades físicas que realiza es más amplia de lo que cabría imaginarse.

“Practico fútbol para ciegos y goalball”, asevera Iker, que este año ha añadido otra disciplina más a esa lista. “He empezado con el piragüismo este año. Me está gustando, aunque hasta este mes hemos estado en el gimnasio, con las poleas y eso”, afirma, dispuesto a compaginar la pala con las ruedas.

Sin perder ritmo en sus estudios y aprovechando al máximo su tiempo libre, Iker es feliz con sus patines y busca nuevas experiencias con las que seguir disfrutando de su adolescencia. Todo ello sin darse cuenta del impacto que causa en aquellos que le rodean, a los que deja anonadados por la naturalidad con la que ejecuta cada una de esas actividades. Pocos quedan indiferentes ante el ejemplo de superación que encarna y toda la valentía de la que hace gala este zamorano cuando se calza sus patines y recorre el carril-bici de la Aldehuela o de Valorio, siempre sin miedo a la incertidumbre que supone no divisar los obstáculos del camino.

David Salmerón sonríe observando al patinador Iker Gallego mientras es entrevistado. José Luis Fernández

David Salmerón, mentor y compañero

Salvo cuando está con su padre en el frontón de Fuentespreadas, Iker siempre patina junto a David Salmerón. Él es su vista, su compañero y, además, también fue su mentor. Un papel que ha ejercido con muchos de los miembros del grupo de patinadores del que Iker forma parte. David se enfrentó a todo un reto al enseñar a patinar a Iker y puso todo su empeño para que lograra aprender. Indagó, probó diversos métodos y artilugios, incluso contactó con el entrenador personal del cantante Serafín Zubiri. “Probamos de todo y, al final, el camino adecuado fue el más simple”, recuerda Salmerón, cuyo carácter impulsa a muchos a coger afición por los patines y al que delata una sonrisa de satisfacción cuando patina junto a su pupilo.

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