29 de abril de 2017
29.04.2017
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Que nadie renuncie a sus sueños

Fernando, Rubén y Dani murieron persiguiendo el oxígeno que necesitaban sus vidas

29.04.2017 | 05:26
Que nadie renuncie a sus sueños

L o sé. Cuesta defender un título así con tres familias destrozadas que acaban de decir adiós a las personas que más querían. Aunque es un poco más fácil si realmente estás convencido de que nada tiene sentido en la vida si no persigues aquello para lo que has nacido. De hecho, los padres, hermanos y amigos de Fernando, Rubén y Dani ya nos han dado la primera lección. Ningún reproche, solo una lección de amor: simplemente, la montaña decidió llevárselos.

Era una tarde de verano, fresca y húmeda, clima habitual de Asturias. De camino a Llanes, asomaban ya las primeras rugosidades montañosas que prologan el Parque de Picos de Europa. Y en la última curva, casi apenas sin luz natural, una consistente masa de niebla comenzó a descender veloz por el valle. Ese detalle, poderosamente misterioso y magnético, me hizo prometer regresar a este paraje único. A mí ese instante me basta para entender qué llamó a nuestros escaladores al valle de El Jisu el fatal fin de semana pasado.

No sé nada de escalada ni de montañismo. Mi única y lejana experiencia tuvo lugar en la universidad. A solo cuatro metros de altura, con las cuerdas pertinentes y en un rocódromo con calefacción, la perspectiva del mundo conocido comenzaba a cambiar. Demasiado. Por eso no dejo de envidiar la valentía de personas como Fernando, un consumado especialista, pero sobre todo, el desparpajo de dos jóvenes en busca de la cima más alta. ¿Alguien me puede explicar qué se siente ahí arriba, con el mundo a tus pies? Yo no sé imaginarlo. Me temo que nunca sabré.

Por eso, solo se me ocurre una palabra para describir la otra cara de la moneda de la tragedia: admiración. Haber conquistado varias cumbres -muchas más en el caso de Fernando- es infinitamente más de lo que muchos podrán relatar en toda su vida. Soy un firme creyente del destino. Por eso no cabe ya preguntarse qué hubiera pasado si esa maldita roca en la que estaban ancladas las vidas de los montañeros hubiera aguantado un poco más. No tiene ningún sentido. Simplemente fue así. Ahora, que la valentía de Fernando, Rubén y Dani sirva de ejemplo. Y que nadie renuncie a sus sueños.

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