30 de abril de 2011
30.04.2011

Agridulces tablas en Lezama

Los de Aguirre acusaron el cansancio en el tramo final y vieron cómo el Athletic B les empataba un 0-2

01.05.2011 | 01:24

Athletic B 2
Zamora 2
Athletic Club B: Larruskain, Bóveda, Aurtenetxe, Etxebarría, Santa María, Morán, Unai Medina (Ibai, min.46), Cerrajería, Reguero (Albizoa, min.80), Igor Martínez (Mendiguchía, min.56), Mentxaka.
Zamora Club de Fútbol: Sergio Sánchez, Mario Gómez (Manu Arias, min.88), Héctor Peña, Agustín (Mario, min.64), Gallardo, Iker Torre, Ferreiro, Etxaniz, Jairo, Jeffrey, Akinsola (Adrián Martín, min.73).
Goles: 0-1, min.5: David Ferreiro desde la frontal al segundo palo; 0-2, min.35: Iker Torre tras servicio de Jairo. 1-2, min.65: Reguero empuja en línea de gol tras un córner; 2-2, min.85: Mendiguchía aprovecha un error de Sergio en la recepción del esférico.
Árbitro: Dirigió el partido el colegiado Rebollo López, asistido en bandas por Carrasco Vázquez y Rodríguez Enrique. Mostraron cartulinas amarillas a los locales Cerrajería y Reguero. Mientras que por el Zamora fue amonestado Jairo Álvarez.
Incidencias: Partido disputado en las instalaciones de Lezama con nutrida presencia de aficionados del Zamora CF, que llegaron en viaje organizado desde la capital del Duero.


Seis de la tarde. Arranca el duelo en las instalaciones de Lezama entre el Bilbao Athletic y el Zamora Club de Fútbol. Más de medio centenar de aficionados zamoranos se presentan en el campo central de unas instalaciones modélicas a nivel nacional y el comentario generalizado era que sumar en Bilbao era conseguir media permanencia. Se firmaba el empate entre casi la totalidad de seguidores rojiblancos en las gradas de la localidad vizcaína. Un punto fuera y tres en el Ruta de la Plata el próximo domingo sería suficiente para conseguir la salvación y permanecer otra temporada más en la Segunda División B, tercera categoría del deporte rey.
Ocho menos cuarto de la tarde. El duelo entre el filial del Athletic de Bilbao y el Zamora terminaba con empate a dos tantos, aunque la cara de los aficionados de la capital del Duero no era de alegría, sino más bien de rabia, incredulidad y de pena. El conjunto de Roberto Aguirre había sumado un punto, un botín preciado al comienzo de la contienda, pero en los noventa minutos que hubo entre medias, entre ambas escenas, pasaron muchas cosas que explicaron esa cara de frustración de la hinchada zamorana.
Y es que el Zamora Club de Fútbol fue capaz de llegar al descanso con una renta favorable de 0-2, un juego brioso en ataque y con mucho empaque en defensa, lo que dejó inédito a Sergio Sánchez durante el primer acto. Pero en la segunda mitad, los zamoranos no fueron capaces de mantener esa renta y vieron, impotentes y sobre todo mermados físicamente, como los "cachorros" apelaban a su estado físico, más imponente, y lograban poner las tablas en el marcador. Ese punto, coloca al Zamora un pasito más cerca del objetivo de la salvación, aunque el triunfo los hubiera catapultado a la salvación cuasi matemática. Habrá que seguir remando para lograr la permanencia. Eso sí, parece que, dependiendo de algunos resultados, el equipo puede certificarla en casa, ante su afición, y sin necesidad de acudir a Vitoria a jugársela. Por el bien de algunos hinchas con problemas de corazón, que así sea.
No se le puede reprochar nada al Zamora en el duelo de ayer. Quizás sí algo más de veteranía en los momentos claves, de pillería, de saber arañar minutos al cronómetro y de ser algo más contundente en alguna jugada puntual. Eso sí, todas estas características las puede dar un equipo que está sin jugarse nada o que lleva una temporada enfilada. Pero no es el caso. El Zamora se está jugando el no descender. Los nervios afloran en cada jugada y cuando el rival pincha, el Zamora sangra. El vértigo a ganar es grande. El vértigo a perder es aún mayor.
Buena colocación defensiva, contundencia en el despeje, recuperación en la zona de medios, creación, movilidad en bandas, alternativas en el ataque y casi plena efectividad. Así se mostró el Zamora en la primera mitad. Sergio Sánchez fue un espectador más que tan solo tuvo que trabajar cuando tenía que sacar de puerta en algún tiro desviado del Bilbao B o en alguna cesión del compañero. La defensa sacaba sin apuros, y sin miramientos, los balones que llegan casi huérfanos a sus dominios. Y llegaban huérfanos porque la zona de creación del Bilbao Athletic se quedó sin ideas gracias al trabajo incansable de la mejor versión de Gallarado en la recuperación y contención del Zmaora, y a un Agustín que distribuía balones a uno y otro lado. Las bandas otra vez volvieron a ser lo mejor de este Zamora. David Ferreiro hacía el primer tanto. Apenas se llevaban cinco minutos de juego y el gallego anotaba un gol antológico. Balón que recoge en su banda derecha, se interna hacia adentro, recorta a dos rivales y suelta un disparo con la zurda, la que algunos llaman de palo, que se cuela por la escuadra. La rosca del tiro fue perfecta y la estirada del meta inútil.
Pero no se quedó ahí la producción de los extremos. Jairo Álvarez, uno de los futbolistas más en forma de la plantilla, dibujó el segundo tanto. El asturiano colocó un centro con la zurda que flotó por el aire buscando una cabeza en concreto. La cabeza del gigante Iker Torre, que volvió a hacerse inmenso para colocar el 0-2 cuando corría el minuto 35 de encuentro. Su remate, de manual. Salto perfecto, levitación sobre el césped durante décimas de segundo, giro excepcional de cuello, y balón picado lejos del alcance del meta. La segunda diana daba más moral todavía a un Zamora que pudo ampliar su ventaja si Akinsola, eléctrico y rápido como siempre, hubiera gestionado algo mejor un par de contragolpes.
Llegaba el descanso y el Zamora sacaba matrícula de honor en un lugar donde se examinan las jóvenes promesas del fútbol vasco.
Pero entonces se apagó la luz. O mejor dicho, se acabó la gasolina.
El Bilbao Athletic salió cegado a por la remontada, mientras que el Zamora empezó a dar muestras alarmantes de cansancio. Ese cansancio hacía que los de Roberto Aguirre llegaran una milésima de segundo más tarde a todos los balones. El filial vizcaíno se anticipaba en cada balón dividido y la defensa empezó a tener que emplearse a fondo. Esa marcha menos se notó, por ejemplo, en la amarilla de Jairo, que llegó tarde a un balón y se llevó la cartulina por un encontronazo. Un detalle intranscendente, si no llega a ser porque el asturiano acumula cinco amarillas y no podrá estar en el partido más importante del año. Uno de los futbolistas más en forma del equipo, y sin duda alguna el más desequilibrante y talentoso en este momento del Zamora, estará en la grada en el choque del próximo domingo ante La Muela en el que los de Roberto Aguirre pueden certificar la salvación.
La segunda parte discurría por estos derroteros y entonces el Zamora vio como el coche entraba en la reserva de gasolina y aún quedaban muchos kilómetros para llegar a la zona de repostaje. Entonces se apeló al corazón en vez de a la cabeza y el equipo empezó a sufrir para parar las acometidas de un rival que buscaba constantemente los balones largos, en diagonal, y a la espalada de la retaguardia del equipo rojiblanco. Así provocaron el córner que precedió al primer tanto. En esa jugada a balón parado, Reguero remachaba en el segundo palo un servició del central Santa María. Era el 1-2 y los fantasmas volvían a merodear en el seno del Zamora. Aún quedaba la mitad del segundo tiempo y las fuerzas se estaban agotando.
El filial vasco movía el balón de banda a banda y eso obligaba al conjunto de Aguirre a desgastarse mucho más. El técnico del Zamora, justo antes del 0-2, había metido en el campo a Mario Núñez, para tratar de mantener la posesión. El primer tanto bilbaíno y el mal estado físico del equipo en general arruinó los planes del entrenador asturiano que vio como el Bilbao se iba arriba y en su equipo aparecían los nervios y la tensión propia de un equipo que se está jugando la vida.
Obligado por lesión, Akinsola tuvo que irse del campo y Adrián Martín entró en el césped para tratar de darle más profundidad al equipo por la banda, pero tampoco salió bien la jugada. Restaban quince minutos y había que «morir» en la defensa de esos tres puntos que daban la salvación virtual.
Pero a falta de cinco minutos para el final llegó la jugada desafortunada del partido. Ya se sabe que cuando se está abajo las cosas siempre pueden empeorar y así fue. En un balón colgado del Athletic al corazón del área pequeña, Sergio salió confiado a blocar el cuero. Pero el esférico, empapado por la lluvia que caía sobre Lezama, fue caprichoso y saltó de las manos del meta asturiano para caer en las botas de Mendi. El delantero vasco solo tuvo que empujar el cuero para hacer el empate.
El partido languidecía pero el Zamora pudo ganar antes del pitido final, con un testarazo sublime de Jeffrey, pero el meta, esta vez sí, estuvo soberbio para detener un balón que ya se colaba y dejar al Zamora con un sabor amargo en el paladar pero con un punto más en el zurrón. Un tanto que será excepcional si el domingo La Muela cae en el Ruta de la Plata.

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