17 de agosto de 2009
17.08.2009
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Montañismo

«En el K2 cada metro que subes se lo ganas a la montaña»

Martín Ramos regresa de una nueva expedición al Karakorum «con la sensación de que el coloso no me ha dejado intentarlo»

17.08.2009 | 01:42
Martín Ramos y su compañero Jorge Egocheaga, el único que ha hecho cumbre en el K2 esta temporada

Martín Ramos ha completado una nueva expedición al Karakorum, al temible K2 que ha confirmado los perores augurios y se ha mostrado como una montaña intratable, enormemente difícil y tan sólo apta para los mejores entre los que, sin duda, se encuentra él. Pero este año, el coloso tan sólo ha permitido que corone su cumbre el compañero del alpinista zamorano, Jorge Egocheaga, quien, aprovechando una minúscula ventaja de buen tiempo, logró la cumbre en solitario, una cumbre que le ha hecho reflexionar mucho y que podría ser la última para él.
La aventura comenzó el 18 de junio con la llegada a Islamabad, capital de Pakistán, desde donde iniciaron la aproximación a la segunda montaña más alta del planeta: «Al contrario que otras veces fue muy rápida la aproximación y en diez días alcanzamos el campo base. Ibamos desde España Jorge Egocheaga, y en Doha nos juntamos con la suiza Joel Brupbacher, que volaba desde Zurich. Posteriormente, durante el trekking nos juntamos con el ecuatoriano Santiago Quintero y su mujer».
La expedición se completaba con un grupo de austriacos liderados por Gerfried Goschl que se incorporaron al campo base a mediados de julio, procedentes del Nanga Parbat y ya aclimatados a la altitud.
«Hicieron el intento que hice yo, bajamos y ellos tenían de margen muchos días todavía y decidieron quedarse. Yo ya había cambiado el billete para el 8 de agosto porque tenía que incorporarme a trabajar, y ellos se quedaron a hacer otro intento y llegaron hasta los 8.300 metros con Guerlinde Kaltembrunner que hizo otro intento al día siguiente y estuvieron por encima del "cuello de botella" pero fue también imposible», explica el montañero zamorano un poco decepcionado por las escasas oportunidades que le ofreció esta vez la montaña.
Lo cierto es que el proceso de equipación no comenzó nada bien porque Ramos y Egocheaga habían optado en un principio por subir por la vía Cesen y no por la tradicional del "espolón de los Abruzzos": «Por la Cesen, desde el campo base, en 20 minutos estás ya en la vía y cada paso que das asciendes. Sin embargo, para llegar al Espolón tardas más de dos horas cruzando un glaciar. Nada más llegar nos decidimos por la Cesen y allí estaban unos americanos. En esta vía hay muy poco sitio para ubicar los campamentos, ellos nos aseguran que ya montaron el campo 1 y que no queda sitio disponible. Al día siguiente decidimos tirar para arriba pese a todo. Uno de ellos, Fabrizzio se cabreó muchísimo. Ocurría que nos había engañado no tenían montado el campo 1 . Efectivamente, el sitio era muy pequeño, colocar una tienda era difícil y para montar dos, hay que buscarse la vida. Ellos eran 17 y necesitaban mucho espacio. El pensó que le íbamos a quitar el poco espacio que había. Nosotros alucinamos porque además pusimos las tiendas mucho más arriba. Hay gente que dispone y predispone y tiene miedo a currarse la plataforma. Nos pareció una película, acabábamos de llegar y ya habíamos llevado un disgusto. Entonces decidimos cambiar de vía. No perdíamos nada, desmontamos la tienda, nos valía como aclimatación de haber dormido a 6.100 metros y nos fuimos a los Abruzzos», narra Martín Ramos.
Las dos vías de subida -existe también otra muy complicada que es la Magic Line- son parecidas aunque la Cesen es mucho más directa y se tarda, aproximadamente la mitad, hasta que se juntan en el "hombro" donde se ubica el C4. Por la vía cesen subiría Guerlinde Kaltembrunner una de las mujeres implicadas en el reto de completar los catorce "ocho miles".
Martín continúa narrando: «Ya habíamos tenido una primera aclimatación y no utilizamos el campo 1. Dormimos allí pero no dejamos tienda. Luego pasamos dos noches en el C2. Me puse malo durante tres días pero no pasó nada porque estaba todo el mundo en el base. Poco después volvimos a subir al C3 y fue cuando Jorge Egocheaga hizo cumbre.». Martín reconoce que no le costó mucho decidir no intentarlo con su compañero: «No me costó mucho. El año pasado llegué al base procedente de los Gasherbrum y a los diez días hicimos cumbre. Yo aclimato bien y en una montaña como el G2 puedes intentarlo si te sale bien lo consigues, si no, no pasa nada. El año pasado nos salió bien. Jorge esta vez del Kangchenjunga y yo sabía sus intenciones de intentar una ascensión rápida porque, aunque había pasado un mes, el cuerpo sigue aclimatado. Yo no me lo plantee aunque me daba cosa no seguir juntos. Pero él, que es médico, me advirtió de que es mejor aclimatarse primero para no correr riesgos. Otras veces me ha ido bien llevar un progreso lógico. Mi intención era dormir una noche en el campo 3 y le esperaríamos en el 2 pero él llegó al 3 de vuelta incluso antes de que bajáramos. Tuve mis dudas pero hice la progresión lógica porque me arriesgaba a darme la vuelta antes de la cumbre. Nos bajamos y entonces yo ya estaba preparado para intentarlo a la siguiente vez», añadió.
Hubo un segundo intento en el que la incógnita para los que seguían la expedición desde lejos era conocer qué iba a hacer Egocheaga que ya había logrado su objetivo. Martín lo explica: «Hizo cumbre y estaba muy contento aunque reconocía que había corrido riesgos que se evitarían si fuera acompañado y se arrepentía. "Ahora lo que me importa e interesa es ayudaros lo que pueda y que Joel y tú hagáis cumbre. Ahora lo que quiero es dedicar todo mi esfuerzo hasta donde pueda llegar con vosotros", nos dijo. Surgieron envidias en el campo base comenzó a correrse la voz de que si Jorge no había llegado a la cumbre ya que no era normal que volviera a intentarlo pero yo tengo sus fotos de cumbre y puedo dar fe de que sí llegó. Cualquier otro llegaría al campo base y se hubiera ido para casa, por eso hubo gente que no se lo creyó. Jorge no entró al trapo porque él se paga sus propias expediciones, no tiene patrocinadores, sabe lo que es esto y las movidas que hay. El no tiene que dar explicaciones nadie ni de lo que hace ni cómo lo hace. Quería hacer una ascensión él sólo y lo consiguió».
La expedición ya al completo, con los austriacos, celebraron la cumbre del médico asturiano y esperaron una ventana de buen tiempo que llegó el 22 de julio. La estrategia era que Gerlinde y su marido subieran por la vía Cesen y el resto de la expedición por los Abruzzos con el objetivo de reunirse en el c4 y hacer cumbre juntos: «Eramos un grupo muy bien avenido, con gente fuerte y ellos estaban bien aclimatados del Nanga Parbat. Quintero, Joel, su porteador y yo íbamos un día por delante del resto de la gente. Los austriacos y Jorge querían intentarlo desde el 3 y nosotros decidimos montar el 4 con Guerlinde. Ellos saldrían antes y todos juntos iríamos para arriba. Pero el día que teníamos que llegar al campo 4, nos guiamos por restos de una cuerda fija, nos metimos en un sitio con escasa visibilidad y no encontramos el paso. Estábamos muy metidos en la nieve y no encontrábamos el paso para llegar al c4. Pasaron las horas y comunicamos con el otro grupo. Jorge nos aconsejó bajar al c3 y así lo hicimos. A la una de la mañana salimos de nuevo para arriba y llegamos al mismo sitio a las 4.00, metidos en la nieve. Era una zona muy vertical pero había demasiada nieve. Hubo un momento en que Gerfried con los bastones estaba nadando literalmente. Había tanta nieve que no éramos capaces de avanzar y llegó un momento que decidimos darnos la vuelta. Ellos dudaron si quedarse en el c3. Gerlinde ya estaba en "el hombro" y pensamos que haría cumbre. Llegó al "cuello de botella", la zona más difícil de toda la ascensión, pero se les hizo muy tarde y tampoco lo lograron. Nosotros recogimos, se nos acababan los días y nos vinimos. Louis Rousseau, el canadiense, también lo dejaba, pero le convenció Gerfried y lo intentaron el 4 de agosto. Llegaron a 8.300 metros y se bajaron de nuevo. Gerlinde que iba con dos kazakos y un ruso se quedó en el c4; al día siguiente volvieron y tampoco pudieron hacer cumbre. Al final, la única cumbre de la temporada fue la de Jorge Egocheaga».
Lo importante es que Martín ha regresado sin ninguna secuela física y tiempo tendrá para voler a intentarlo: « He estado físicamente como siempre. Jorge tiene unas cualidades enormes ya me conformo con ir detrás del él. Espero ser su compañero en sus próximas expediciones. Tenemos proyectos futuros en común y como siempre, iré encantado. Pero el me reconocía que no hemos tenido suerte. Fue un año con mucha nieve. No nos ha ayudado la climatología y la ventana buena fue el 4 de agosto cuando ya regresábamos. Pero había mucha nieve y el K2 es así». Martín reconoce que el K2 «es el "ocho mil" más complicado de subir. Técnicamente hay montañas más complicadas, pero de los "ocho miles" es el más difícil. Desde que sales del base te está exigiendo físicamente mucho. Donde se montan los campañmentos son lugares muy complicados de meter una tienda todos. El "hombro" es algo más cómodo pero no llegué a verlo. Es una montaña que te exige de abajo arriba. Me he venido con la sensación de no haberlo intentado, he estado a 8.300 y me ha faltado estar allí en el "hombro", ver el "cuello de botella"... No es una montaña para correr un riesgo aunque sea controlado como hicimos el año pasado en el Broad Peak, tienes que tener en cuenta el reloj y dónde estás y decidir en cada momento. El K2 te exige mucho física y sicológicamente. Otros ocho miles tienes tramos más complicados y zonas que te puedes relajarte, sitio para montar las tiendas, pero aquí cada metro que subes se lo ganas a la montaña».

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