31 de julio de 2008
31.07.2008
LA GRAN GESTA DEL MONTAÑISMO ZAMORANO

«Tuve la suerte que me faltó otras veces»

Martín Ramos hace "doblete" en el Karakorum al coronar las cumbres del G-II y el Broad Peak

31.07.2008 | 03:44

Martín Ramos encontró la suerte que le había faltado en otras expediciones en la que protagonizó este año al Karakorum . Allí consiguió la gesta de coronar dos "ocho miles": el Gasherbrum II y el Broad Peak. Esta nueva expedición la afrontó junto al médico asturiano Jorge Egocheaga y al leonés Miguel Angel Pérez, y allí coincidiría con otros montañeros de enorme prestigio como el portugués Joao García, el vasco Alberto Zeraín y el ruso Alexei Babanov. El mismo narra para los lectores de LA OPINION EL CORREO DE ZAMORA esta monumental hazaña que figura ya con letras de oro en la historia del deporte zamorano.
«El objetivo era ascender el G-II y el K-II con Jorge Egocheaga, que es con quien planifiqué la expedición porque eran las dos montañas que a él le faltaban en el Karakorum. Me apunté con él y con el leonés Miguel Angel Pérez. Miguel Angel ya había hecho el G-II y pretendía ahora ascender el G-I pero allí no había nadie, tan sólo Esther Sabadell, del equipo de "Al filo de lo imposible" y vimos que era mucha montaña para tan poca gente. Entonces él tomó la decisión de irse al Broad Peak porque suponía que lo intentarían más expediciones, y había más posibilidades. Yo opté por quedarme con Jorge Egocheaga. No hubo ningún problema y a los once días hicimos cumbre. Primer objetivo cumplido».
«Yo bajé con un problema de congelación en un dedo de un pie, Jorge Egocheaga, que además es médico, me dijo que si me iba al K-2 con él podría agravarse ese problema. Subir al K-II son palabras mayores, porque el último campamento se monta a los 8.000 metros y luego está lo más difícil. Lo del dedo no era nada pero si me arriesgaba a ir a una montaña tan alta, se podía complicar. Me dijo que me fuera al Broad Peak y en cuanto notara agravamiento, bajase. Es una montaña que se baja bastante rápido».
Muy a mi pesar y al suyo le hice caso. El me lo reconoció: «Siento que no puedas venir conmigo» y le hice caso porque estaba además allí Miguel Angel. Y aunque me gustaría ir con Jorge al K-2, primero estaba mi salud. Así aterrizamos en el campo base del Broad Peak, donde me encontré con Alberto Zeraín porque la agencia que le había organizado la expedición era la misma que la nuestra y me incorporé al grupo tras llegar a un acuerdo y pedir el oportuno permiso. Allí estuvimos muy bien acompañados por ellos».
«Después de hacer cumbre el 6 de julio en el G-II, el día 8 llegamos al campo base y el 17 conseguimos la cumbre del Broad Peak con el tiempo justo para bajar y recoger».
«Esta vez he tenido la suerte que me faltó en otras ocasiones en las que había tenido muchas dificultades por falta de tiempo o de medios económicos. Esta vez yo llevaba permiso para escalar cuatro montañas del Karakorum, evidentemente no está al alcance de nadie subir cuatro "ocho miles" pero queríamos tener abierto el abanico, que fueran otras circunstancias las que no nos dejaran subir pero no el hecho de la complicada burocracia de estos países a veces sin sentido. Queríamos salir desde aquí con posibilidades para cualquiera de las montañas. Prefería el G-II y el K-II, pero quería tener abiertas otras posibilidades como ocurrió por culpa del dedo por problemas de congelación. Al final ha merecido la pena ir y regresar con dos ocho miles».
«Cuando llegamos a la base del Gasherbrum II, Egocheaga ya llevaba cuatro días, ya había subido al primer campo. El se da poco a conocer, hace las montañas para él y de una manera que no necesita a nadie. No es el prototipo de expedición comercial, con sherpas. Tiene una condición física envidiable y del panorama del Himalaya mundial estará entre los tres o cinco montañeros más fuertes. Y lo demostró haciendo el intento al K-2 de un tirón desde el campo base y se quedó a 300 metros, cuando no había pasado nadie del campo III hasta entonces. Eso es capaz de hacerlo él y pocos más en el mundo. Yo sabía que él estaba allí, era una garantía y siempre que la meteorología lo permitiese íbamos a tirar hacia arriba. Físicamente yo me encontraba bien y quería intentarlo cuanto antes para tener posibilidades de ir al K-2 también o a uno de los otros. Y así fue, nos pusimos a trabajar con el asturiano Rafael García y con Joyel, novia de Jorge, junto a dos expediciones comerciales, una suiza y otra austriaca. Y en diez días estaba el G-II abierto. Subimos hasta el C2 a 6.500 metros. Jorge y yo nos fuimos luego al C3 a 7.000 metros y desde allí ya hicimos el ataque a cumbre saltándonos un campamento que se suele instalar más arriba. Era un día perfecto y, entre los sherpas de las expediciones comerciales, Jorge y yo, fuimos abriendo la ruta, Salvo en los últimos metros antes de la cima, cuando se metió la típica nube que no te deja tener una visibilidad agradable, no hubo ningún otro contratiempo. Ese mismo día bajamos hasta el C3, en un horario normal. Siete horas tardamos desde el C3 a la cumbre, y en la bajada llegamos de sobra de día. Al día siguiente estábamos en el campo base. Recogimos y nos separamos: Jorge hacia el K-II y yo me quedé en el camino en el Broad Peak».
«El Gasherbrum II tiene un trayecto largo desde el C3, una travesía en diagonal, por debajo de una pirámide rocosa. No asciendes muchos metros pero es bastante larga. Por la cara este discurre la última pala que desemboca en una arista que a veces, y más siendo la primera ascensión de la temporada, tiene una dificultad añadida. No es un terreno muy estable y hay gente que se queda ahí. Jorge y yo queríamos llegar hasta el punto más alto y tuvimos que hacer una travesía por la izquierda, por un terreno de una dificultad moderada para esa altitud. No había cuerdas instaladas e íbamos con nuestros propios medios. Lagunillla llegó a 8.000 y poco, llegaron a ese sitio y, a parte del mal tiempo, les dio un poco de miedo porque, meterte por ese terreno no estaba claro, y se quedaron muy cerca de la cumbre».
Ayer mismo, el montañero palentino consiguió su objetivo y coronó el G-II, una montaña que, a juicio de Martín, «tiene fama de ser de los "ocho miles " fáciles, pero el año pasado, entre el C2 y el C3, de los 6.500 a los 7.000 metros, hubo una avalancha que arrastró a dos o tres alpinistas y en toda la temporada no hubo ningún ascenso. La avalancha arrancó un trozo de la montaña y ha quedado una zona que fue la que más nos costó abrir. Era un comentario general, que esta montaña tiene fama de ser fácil por su altitud (8.025 metros) pero llegamos a la conclusión de que la parte de abajo, por lo que ocurrió, por el cambio climático que modifica los glaciares o no sabemos por qué, tiene una zona que cada año crea problemas».
«La ascensión al Broad Peak salió a pedir de boca. Jorge Egocheaga lo había hecho dos años antes y, por sus condiciones físicas, lo consiguió en menos de 24 horas desde el campo base. Salió a las 00.00 horas y abrió la última parte de la vía. Fue la primera ascensión de la temporada. Poca gente sabe lo que tenemos los españoles en casa con él. Es poco dado a dar a conocer lo que hace, pero ha realizado verdaderas proezas como el récord de ascensión al Aconcagua. Me había dicho: "Tú vas después de coronar el GII y estás aclimatadísimo, entonces espera al buen tiempo y yo haría directo hasta el C3, desde allí, a la cumbre y luego bajar como se pueda". Para mí lo que dice Jorge es "palabra de Dios, te alabamos Señor". El me había visto en el G-II, era la primera montaña que hacíamos juntos. Sabe que yo soy fuerte físicamente, aunque no tanto como él. Yo no se lo decía a nadie pero pensaba que era lo que tenía que hacer. Se lo había comentado a Alberto Zeraín y él lo entendía porque me veía bien aclimatado y cuando se enteró que había hecho el G-II después de sólo once días en el base, se quedó asombrado. Me entendió perfectamente».
«Así llegué al campo base del Broad Peak. Miguel Angel Pérez ya llevaba días allí. Cuando yo llegué él estaba haciendo un intento a cumbre con otras expediciones, pero cambió el tiempo y se replegaron. Cuando regresó al base, comentamos las intenciones y nos dimos cuenta de que había tiempo sólo para otro intento y teníamos que esperar una ventana de buen tiempo. Se nos acababan los días de que disponíamos. O venían esos días de buen tiempo que esperábamos o se nos acababa el permiso. Por fin se produjo una previsión de dos días buenos. Para el resto no eran suficiente, para Miguel Angel tampoco, pero eran los que nos quedaban y por la tarde nos decidimos a ir hacia arriba. Miguel Angel se fue con Aitor Las Hayas y el portugués Joao García, un montañero con una enorme experiencia, subieron por la tarde hasta el C2. Esa misma noche, Zeraín, Lina Quesada, la sevillana y yo, salimos directamente hasta el C3. Ellos llegaron al C2 a la 1.00 de la mañana y durmieron hasta las 7, que llegamos nosotros. Estuve un rato tumbado en la tienda, y tiramos para el C3. Llegamos todos al C3, donde estaba Valery Babanov acompañado por otro montañero ruso. Unos intentaban sólo aclimatarse allí, pero nosotros teníamos que ir hacia arriba. Salimos a las 3.00 horas Joao, Miguel Angel y yo; una hora después, los rusos, y más tarde Alberto Zeraín que al llegar a los 7.300 metros empezó a notar dolores de cabeza y, como estaba todavía en periodo de aclimatación y tenía tiempo, no le importó darse la vuelta. Los cinco seguimos hacia arriba y llegamos a la cumbre. Era la primera cumbre de la temporada, no había cuerdas fijas, ni las dejamos puestas; sólo íbamos encordados entre nosotros. Hasta la cumbre principal llegamos muy tarde pero el día lo permitía, y la luna llena sabíamos que nos iba a ayudar en la bajada de noche». Según pasaron las horas, fuimos llegando poco a poco y al final la proximidad de la cumbre nos animó.
Alcanzamos a las 3.00 el C3 de bajada, ya habían llegado los rusos, y hasta las 7.00, descansamos. Había mucha gente subiendo, pero se metió el mal tiempo, con mucho viento, y no llegaron ni al collado 7.600 metros. Después del descanso hacía muchísimo viento y dijimos que cuanto antes para abajo. Comimos, recogimos y a las 8.00 bajamos hasta el base».
«El futuro llegará poco a poco. Depende de muchas cosas. Mis posibilidades de volver siguen siendo en el verano. En Pakistán todavía me quedan el G-I y el K-II. Egoístamente me alegro de que no haya subido Jorge Egocheaga porque así me queda la posibilidad de volver con él al K-II. No he hablado todavía con él, quedaría un año por delante pero me da la impresión de que él volverá al K-II y si vuelve, es fácil que vamos a volver juntos. De momento ese sería el objetivo fantástico. Ir con él es una garantía, no necesitas a nadie más. Físicamente nos podemos plantear entre los dos subirlo, porque él solo este año llegó a un punto en que ya no pudo seguir y dio marcha atrás. Es una posibilidad porque es el que le falta a Jorge en el Karakorum. Pero si no es el próximo año será al siguiente, como muy tarde. Llevo cinco "ocho miles" y el Shisha Pangma que no contaría. Si subiera otro, ya serían la mitad, pero tampoco me llama completar los catorce porque planteártelo en serio sin apoyo es muy complicado. Lo que quiero es que las cosas salgan bien. Este año ha sido fantástico, hacer dos "ocho miles" en once días,. He dejado el pabellón personal muy alto, he conocido gente como Zeraín que tiene cinco " ocho miles". A Egocheaga ya lo conocía pero ahora sabe que soy una persona a tener en cuenta para compartir futuros proyectos».

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