La historiadora Pilar Gutiérrez recoge en su tesis numerosa documentación que apunta a que el párroco Alonso Fernández Zapata como el autor de la singular obra. Otra de las evidencias, según ella, es que "justo entonces" es cuando sucede un hecho en Ávila de "paralelismos innegables" con uno de los dos relatos cortos intercalados en "El Quijote de Avellaneda", el de "Los felices amantes". El misterioso autor relata en ese episodio el rapto de una monja de clausura, algo que ocurrió en la vida real en el convento de Santa Catalina de Ávila, según constaba ya en la documentación de Arsenio Gutiérrez. La monja real se llamaba Luisa Dávila y Briceño y la ficticia tiene el mismo nombre que el convento de verdad, Catalina. En uno y otro caso el desenlace de la historia es similar: ambas regresan voluntariamente.