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Una nueva centenaria para la provincia de Zamora: el siglo de luz, magisterio y labores de Rosa Carbajal

Natural de Faramontanos de Tábara y maestra de profesión fue una "auténtica institución" en las aulas rurales y de la capital donde se jubiló en el colegio Arias Gonzalo

Rosa Carbajal Prieto acompañada por su familia en la celebración de su centenario.

Rosa Carbajal Prieto acompañada por su familia en la celebración de su centenario. / Juan José Andrés Carbajal

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Juan José Andrés Carbajal

Faramontanos de Tábara

Hay maestros que no se olvidan fácilmente porque dedicaron parte de su vida a mejorar la de sus alumnos a través de la educación. Ayer, al alcanzar Rosa Carbajal Prieto la admirable cifra de los 100 años de vida, su familia ha querido rendirle este merecido homenaje.

Nacida en 1926 en Faramontanos de Tábara, la trayectoria de doña Rosa es el fiel reflejo de una generación de maestras vocacionales cuya impronta sigue viva. Su camino comenzó con ocho años de Bachillerato en el internado del colegio de la Medalla Milagrosa de la capital, antes de enfrentarse a la exigente reválida de la Universidad de Salamanca en un curso intensivo de catorce asignaturas. A partir de ahí, se fraguó una vida profesional intensa que recorrió la geografía rural y urbana.

Su primer destino fue Olmillos de Castro, iniciando un periplo que la llevaría después a Cubillejo de la Sierra (Guadalajara) y, tras ganar la oposición, a su plaza en propiedad en Las Hedradas, comarca de Sanabria. Sin embargo, sería en San Martín de Tábara, a las faldas de la Sierra de la Culebra, donde su figura se convirtió en una auténtica institución durante 22 años. Allí, compartiendo la labor educativa con su esposo don Laureano, gobernó con ternura y entereza la "escuela de abajo" de las niñas, en aquellas aulas multinivel de los años 60 y 70.

Tras su larga etapa rural, la carrera de doña Rosa continuó en Zamora capital: primero durante seis años en Las Anejas y, finalmente, coronando su trayectoria desde 1980 en el colegio Arias Gonzalo. En las aulas de este céntrico colegio se jubiló, dejando una huella imborrable y defendiendo siempre a su alumnado -en especial en la educación infantil- por encima de todas las cosas, combinando sus dos grandes pasiones: los más pequeños y las labores.

Rosa Carbajal Prieto con sus hijos y biznietos.

Rosa Carbajal Prieto con sus hijos y biznietos. / Juan José Andrés Carbajal

Ella misma reconoce con orgullo que pudo compaginar su inmensa entrega profesional con la crianza de sus hijos, Rosita y Juan José, gracias al apoyo incondicional de su esposo Laureano.

Cuando se despidió de las aulas, doña Rosa aseguró que los niños siempre estarían en su mente. Hoy, un siglo después de su nacimiento, son esos niños y niñas -muchos de ellos ya padres- y su propia familia los que la llevan en el corazón. Para conmemorar este siglo su familia se reunió para soplar las 100 velas en un emotivo banquete.

¡Muchísimas felicidades, Doña Rosa, y gracias por un siglo entero de luz!

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