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Aniversario

Cien años de la firma que dio luz verde a la construcción del Salto de Ricobayo

El 23 de agosto de 1926 el rey Alfonso XIII otorgaba la concesión oficial a la Sociedad Hispano Portuguesa “Saltos del Duero”

Un faraónico proyecto con unos 2.600 trabajadores que sepultó cuatro pueblos: San Pedro de la Nave, La Pueblica, Palacios y Losacino

Imagen de la presa de Ricobayo durante su construcción

Imagen de la presa de Ricobayo durante su construcción / Cedida

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Chany Sebastián

Chany Sebastián

Ricobayo de Alba

Hace justo cien años, un 23 de agosto de 1926, el rey Alfonso XIII rubricaba de su puño y letra la autorización y concesión de la construcción hidroeléctrica del Salto de Ricobayo a la Sociedad Hispano Portuguesa de Transportes Eléctricos “Saltos del Duero”, posteriormente “Iberduero” y hoy una de las empresas más importante del mundo: Iberdrola.

El Real Decreto-Ley de Alfonso XIII por el que se hacía la concesión a “Saltos del Duero” hacía una exposición de hechos donde, aparte del aprovechamiento hidroeléctrico, objetivo principal, se daba como beneficioso para el caudal de los ríos Duero y Esla antes de entrar en Portugal.

Inicio de la construcción del salto de Ricobayo en 1929. Visita de ingenieros y promotores hidroeléctricos

Inicio de la construcción del salto de Ricobayo en 1929. Visita de ingenieros y promotores hidroeléctricos / Cedida a Ch. S.

El río Esla tiene una longitud de 286 kilómetros y drena una cuenca de 16.163 kilómetros cuadrados, dándose la circunstancia de que en su desembocadura su caudal supera incluso al río al que tributa: el Duero. De ahí su importancia para la producción hidroeléctrica en España.

A los portugueses, según el documento real, se les salvaba de las continuas crecidas e inundaciones de las zonas habitadas ribereñas y a cambio ellos permitían una hipotética navegación fluvial por el cauce del Duero hasta el océano Atlántico. De hecho, los portugueses ya navegaban por el Duero desde 1789 desde la desembocadura en Oporto, hasta, aguas arriba, San Juan de Pesqueira.

La primera noticia de su construcción llegaba, sin embargo, a tierras alistanas doce años antes cuando, concretamente el 6 de octubre de 1914, los carabineros detuvieron a dos ingenieros industriales, Pedro Aguirre (español) y Nuno Rodio (italiano) cuando realizaban los primeros trabajos topográficos para el aprovechamiento eléctrico de la cuenca del río Duero por Pino del Oro, Carbajosa de Alba, Villalcampo, Ricobayo y Villaflor.

La realidad es que el primer “proyecto” (ante) se había fraguado a lo largo de 1913 y a lo largo de la primavera y verano de 1914 los alistanos y albarinos se habían acostumbrado ya a ver pasar por sus pueblos (y lo que era más raro, por el entorno de los escarpados arribanzos del Esla y el Duero) a unos forasteros con mulas, burras y caballos sin entender muy bien quiénes eran, ni qué buscaban, con sus extraños aparatos y sus raras preguntas. Algo que alertó a las autoridades.

El Reglamento de Costas y Fronteras de 1903 consideraba al terreno fronterizo alistano como “Zona Militar” y ellos, los técnicos, comenzaron a realizar sus trabajos sin autorización alguna, lo que fue motivo suficiente para que los carabineros, aparte de detenerlos, le incautaran todo el material, equipos y estudios (libretas y apuntes) cuando realizaban los primeros trabajos.

Los trabajos topográficos eran autorizados solamente dos meses después, el 13 de diciembre de 1914, tras ser juzgados y puestos en libertad los detenidos, pero incluían la prohibición expresa de trabajar en ellos al ingeniero italiano Nino Rodio por ser extranjero. Ya legalmente comenzaron a trabajar, pero en ningún momento dijeron a los lugareños que el embalse de Ricobayo anegaría sus más fértiles riberas y bayos e incluso sepultaría algunos pueblos como Palacios y San Pedro de la Nave (Tierra del Pan), La Pueblica (Aliste) y Losacino (Tierra de Alba).

Imagen de 1927 del Puente Romano, siete años antes de ser sepultado por el Salto de Ricobayo

Imagen de 1927 del Puente Romano, siete años antes de ser sepultado por el Salto de Ricobayo / Manuel Gómez

El 11 de agosto de 1927 España y Portugal firmaban el convenio para regular el aprovechamiento hidroeléctrico del tramo internacional del río Duero: “Las obras que se han de realizar en territorio español, directamente destinadas a la regularización del río Duero en su tramo internacional, a que se refiera el articulo 10 del Real Decreto Ley de 23 de agosto de 1926, comenzarán por la construcción, en el río Esla, de la presa llamada de Ricobayo, provincia de Zamora”.

Tras tres largos e intensos años de estudios y trámites, la Sociedad Hispano Portuguesa de Transporte Eléctricos “Saltos del Duero” iniciaba su construcción el día 15 de mayo de 1929: unas obras que atrajeron obreros durante cinco años de toda España y también de la vecina Portugal. Un lustro donde incluso a veces fue complicado mantener a Ley pues convivieron dos mundos paralelos, uno real y otro irreal, con mucho trabajo y buenos jornales, sí, pero también con huelgas, reyertas, caridades, robos, accidentes e incluso crueles asesinatos. Dentro de las coplas de ciegos de la Guerra Civil la más afamada era la del “Crimen de Ricobayo”.

El rey Alfonso XIII fue con su firma quien dio luz verde al “Salto de Ricobayo” y desde el primer momento fue consciente de la envergadura de la entonces mayor obra faraónica de España, por lo cual fue partícipe de ella presencialmente el 22 de octubre de 1930. Esa fue la fecha en que Alfonso XIII visitó las obras entre Muelas del Pan y Ricobayo de Alba.

No todos los días un pueblo recibe una visita real y en esa en concreto Alfonso XIII le hizo entrega oficial de un historio “Bastón de Mando” al entonces alcalde presidente del Ayuntamiento de Ricobayo de Alba, que aún se conserva y luce en ocasiones especiales el alcalde pedáneo. Ricobayo tenía entonces municipio propio hasta su integración en el de Muelas del Pan el 9 de julio de 1964.

De “Piedra Fincada” al "Crimen de Ricobayo"

Manuel Ferreira, un portugués trabajador y ahorrador, fue la primera víctima por muerte violenta, asesinato, durante la construcción del Salto de Ricobayo. Desapareció en octubre de 1929 y nada más se supo de él hasta que el 25 de enero de 1930 los perros de un ganado de ovejas atraídos por el olor comenzaron a escarbar y los pastores encontraron enterrado en el paraje de “Peña Fincada”, en Muelas del Pan, el cadáver del operario, brutalmente asesinado y sepultado apenas bajo 50 centímetros de tierra, seguramente para robarle los ahorros ya ganados.

El día 3 de diciembre de 1931 Marcelino Colino, un obrero llegado de Manzanal de los Infantes, sesgó a tiros en La Casilla las vidas de Ángel Cartín Caramanzana y su mujer Honorina Santos para robarle los 38.00 reales que habían recibido por una finca expropiada para las obras del Salto de Ricobayo. El suceso pasó a la historia como el “Crimen de Ricobayo”.

La mayor tragedia acaecía el 30 de junio de 1934, a las 20.05 horas cuando la rotura de un cierre hidráulico originó una balsa de 14 metros de hondo donde murieron ahogados nueve obreros que dejaron ocho viudas e hijos: Miguel Domínguez (22 años) de Morales del Vino, Ramón González Cañón (26) de Toro (único que estaba soltero), Matías Mulas Largo (36) y Alfonso Nieto Martín (33) de Valcabado, Benito Sereño Rodríguez (42) de Bretó de la Ribera, Antonio Iglesias Ufano (20) de Sanzoles, Antoliano Vega Flores (25) de Cubillos y Salvador Santamaría (50) de Burgos.

El Salto de Ricobayo, un hito en la historia de la producción hidroeléctrica en Europa, fue proyectado por el ingeniero José Orbegozo y Gorostegui (las obras se iniciaron el 15 de mayo de 1929). Tiene una altura de 9 metros y una longitud de coronación de 270 metros, dando lugar a un embalase que inunda 5.725 hectáreas con capacidad para almacenar 1.148 hectómetros cúbicos de agua. El propio Orbegozo redactó en 1919 el primer proyecto, menos ambicioso que el definitivo. Aunque comenzó a funcionar en el mes enero de 1934, la realidad es que la fecha oficial del inicio de la explotación del Salto de Ricobayo es la del día 4 de febrero de 1935.

Jose Orbegozo, ingeniero que redactó el proyecto de la presa de Ricobayo.

Jose Orbegozo, ingeniero que redactó el proyecto de la presa de Ricobayo. / Cedida

Los datos ofrecidos por la propia Iberdrola delatan la magnitud de las obras: para su construcción se utilizó una cantera de granito de 400.000 metros cúbicos y piedras de hasta 2.000 kilos. En el verano de 1930 la Sociedad Hispano Portuguesa de Transporte Eléctricos "Saltos del Duero" llegó a alcanzar los 2.600 obreros trabajando simultáneamente en el Salto de Ricobayo.

Aunque constaba inicialmente de cuatro grupos en 1935, solo entraron en funcionamiento tres de ellos. El cuatro se fue retrasando hasta 1948, pues el barco que lo transportaba fue hundido durante la Segunda Guerra Mundial y hubo de fabricarse de nuevo.

El Salto de Ricobayo no habría sido posible sin José Orbegozo y Gorostegui, nacido en San Sebastián el 16 de diciembre de 1870, licenciado como Ingeniero de Caminos en 1896 y que con sólo 26 años pasó a ser funcionario del Estado.

En 1903 llegaron a tierras zamoranas Fernando Celayeta, Eugenio Gasset y Manuel Taramona, todos ellos bilbainos, que tras alquilar varias caballerías recorrieron los arribanzos del Esla y el Duero Internacional. A lomos de caballos los jefes, y de burras los ayudantes, descubrieron que la estrechez y profundidad de los cañones convertían a Aliste y Alba en un diamante en bruto para producir electricidad... y el tiempo les dio la razón.

Salto de Ricobayo

Salto de Ricobayo / Iberdrola

De esta manera, con las ideas claras, en 1906 nacía en Madrid, pero con alma y corazón ya alistano y albarino, la Sociedad de Transporte Electrífico. Once años después llegaba al Consejo de Administración José Orbegozo y el 3 de julio de 1917 se constituía en Bilbao la nueva Sociedad Hispano Portuguesa de Transportes Eléctricos. El 12 de diciembre de 1924 la sociedad absorbió los derechos del Consorcio de Saltos del Duero.

Tras recibir la concesión del rey Alfonso XIII el 23 de agosto de 1926, dos años después, el 20 de noviembre de 1928 se celebraba Junta General de Accionistas y nacía oficialmente la Sociedad Hispano Portuguesa de Transporte Eléctricos “Saltos del Duero” que luego pasaría a ser Iberduero en y desde 1992, Iberdrola.

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