Profeta en su tierra: El escultor Julián Rodríguez expone por primera vez parte de sus obras en su pueblo natal, San Miguel de la Ribera
El artista exhibe en el local de "La Panera" una selección de 37 piezas en la muestra "Un antes, un después y un presente", que permanecerá abierta los meses de agosto y septiembre

Julián Rodríguez, en el centro, durante la inauguración de la exposición con autoridades del pueblo. / Cedida
“Un antes, un después y un presente”. Este es el título que el escultor Julián Rodríguez Vázquez ha elegido para la exposición inaugurada recientemente en el local de “La Panera” de San Miguel de la Ribera, su pueblo natal.
A pesar de su dilatada trayectoria artística, el escultor zamorano expone por primera vez parte de su colección en el pueblo en el que nació en 1954 y con el que, a pesar de la distancia, nunca ha perdido el vínculo.
De hecho, no esconde su “ilusión” por exhibir por primera vez una selección de sus obras en su tierra natal, en la que los visitantes pueden apreciar su evolución como artista, ya que en “La Panera” expone desde su primera pieza, “Formas curvas”, hasta alguna de las últimas esculturas a las que ha dado forma en su taller situado en Arganda del Rey, localidad madrileña en la que reside en la actualidad.
En la muestra retrospectiva, que permanecerá abierta al público agosto y septiembre, el escultor ha pretendido compartir con los visitantes su forma de entender el arte y cómo lo plasma en sus obras. En concreto, Rodríguez ha seleccionado para la exposición 37 obras con las que recorre desde su primera etapa hasta el presente.
Desde niño, ya tenía inquietudes artísticas y, además de dibujar, recuerda con nostalgia la etapa en la que, junto a otros niños del pueblo se acercaba al arroyo para crear, con adobe, “figuritas y cacharritos”, vivencias que asocia al entorno de una fuente romana que ya no existe, y de las que guarda un grato recuerdo.

Julián Rodríguez posa con una de sus esculturas. / Cedida
Durante su juventud siguió modelando pequeñas figuras y dando forma a algunos retratos, como el que regaló a un vecino conocido como “Paco el de la oreja roída”. Tras cumplir 18 años, el padre de su primo Higinio Vázquez García, reconocido escultor zamorano, se percató de su talento al admirar uno de sus retratos y le propuso que trabajara en el taller de su hijo, invitación que aceptó dispuesto a “ayudarle en lo que pudiera”.
De esta manera, cuando cumplió la mayoría de edad, se trasladó a Madrid para trabajar en el taller de su primo, en el que comenzó su andadura artística. Animado por Higinio Vázquez García, comenzó a crear obras que enmarca en una “escultura abstracta”.
Este apoyo fue clave para “seguir” y, a partir de su primera obra, “Formas Curvas”, comenzó a dar forma a otras piezas en las que ya se aplicó “encajes y volúmenes”. Tras formarse durante ocho años en el taller, estancia que marcó su aprendizaje en la técnica del tallado de madera, a finales de los años 80 ingresó en la Facultad de Bellas Artes de Madrid, donde se especializó en la realización de moldes y de vaciados.
En su etapa como universitario, el vicedecano de la Facultad, Eduardo Capa, apreció su destreza y talento y le propuso trabajar en su fundición para que “siguiera aprendiendo” y adquiriera experiencia con la gubia, la cera, los moldes o la restauración.
Una década después decidió dar el salto y forjarse un futuro en solitario como escultor, aunque no cerró la puerta a colaborar con otros artistas, especialmente con el reconocido Juan de Ávalos, con el que compartió los 23 últimos años de su vida y con el que trabajó como “ayudante”. No obstante, el artista de San Miguel de la Ribera también ha colaborado con otros escultores como José Aledo, Tomás Parés, Víctor Ochoa, Julián Alangua o Ramón Oteiza.

El escultor da forma a una de sus obras en el taller. / Cedida
A lo largo de su amplia trayectoria artística ha mostrado parte de sus obras en distintas exposiciones y ha recibido diversos reconocimientos en concursos de escultura como el Premio Francisco Alcántara, que recibió en 1982.
Aunque en la actualidad disfruta de su jubilación, reconoce que “sigue muy activo” y que, incluso, “ayuda” a su primo Higinio Vázquez García, de 96 años, con “algún vaciado y alguna reproducción”.
En esta nueva etapa de su vida, el escultor ha querido compartir con su pueblo natal, con sus familiares, seres queridos, amigos y vecinos una exposición en la que repasa parte de su carrera artística a través de 37 piezas.
Con la muestra “Un antes, un después y un presente”, el escultor salda una deuda sentimental con el pueblo en el que nació al que, a pesar de la distancia, se siente muy unido y en el que dio sus primeros pasos en el mundo del arte.
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