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Moralina de Sayago disfruta del manjar de lo local

La Feria de artesanía y productos típicos vuelve a reunir en la localidad a cerca de un centenar de profesionales y feriantes, este año con la herida aún latente tras el incendio de Fermoselle

De queso a madera tallada: una edición más de la Feria de Artesanía de Sayago y Tras os Montes

Oliva Conde

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En Moralina “la gente ya sabe a lo que viene”. A punto de alcanzar el cuarto de siglo de vida, la Feria de artesanía y productos típicos que une a profesionales de la comarca de Sayago y Tras os Montes mantiene una jovialidad difícilmente equiparable. Este año, la reciente herida provocada por el incendio originado en Fermoselle, abre el primero de los puestos de la mano de la recién constituida asociación vecinal Sayago Renace.

Reconoce Pepo Guim, portavoz de la agrupación, que la respuesta de vecinos y visitantes es “sorprendente”: en menos de dos horas ya superan de largo las 200 firmas para reclamar una comarca sin incendios. Los voluntarios facilitan información a todo el que lo requiere, pero en la mayoría de los casos las rúbricas son automáticas. El objetivo pasa por alcanzar las 3000 firmas que amparen el documento de peticiones para evitar que Sayago vuelva a arder.

“Lo más triste de todo es que, hables con quien hables, todo el mundo sabía que esto un día iba a pasar”. El foco que se propagó con una velocidad inusitada y obligó a desalojar a 14 localidades y confinar a 1.500 vecinos le pilló en Barcelona, pero le bastaron unas horas para plantarse en el pueblo de sus abuelos, Mámoles. Allí el fuego no tuvo piedad y “el resultado es este”, apunta mientras enseña un creciente grupo de WhatsApp que ya alcanza los 628 integrantes.

Alrededor de un centenar de stands engrosan la plaza de Moralina convertida en un hervidero y auténtico trasiego de bolsas, degustaciones, y muestrarios de la producción local. El llamamiento se extiende más allá de la comarca, con artesanos llegados de Aliste, Zamora o Salamanca. La fecha está reservada de año en año y no son pocos los artesanos que cada año son más selectivos, “pero a Moralina no faltamos”.

El aroma de los quesos, el aceite de oliva y la miel vuelve a mezclarse con el hornazo y la sangría con la que los visitantes tratan de calmar el calor y apaciguar el estómago en la edición titulada “Uno a uno, 24 son” bajo la organización del Ayuntamiento y la asociación cultural La Veiga.

El casero cartel rinde homenaje a un producto típicamente rural como son los huevos. Explica el catedrático local Julio Borrego que "un pueblo es como un ñalero. Si no haces nada estará vacío y todo el mundo dirá: En este pueblo no tienen huevos. Y el caso es que llenarlo no es tan difícil". Para muestra, Moralina.

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