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Aliste

Flechas, el pueblo con tres vecinos que abre la vorágine festiva de agosto

La Virgen de la Encarnación, San Antonio de Padua y Cristo de la Vera Cruz, en el único desfile procesional del año en el pueblo

Hubo verbena popular, cena comunitaria y folclore

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Chany Sebastián

Chany Sebastián

Flechas

Flechas, uno de los pueblos más acogedores y pintorescos de La Raya de España y Portugal, asentado en pleno corazón de la Sierra de la Culebra, a la sombra de Peña Mira y a la vera del río Cabrón, ha sido el encargado de abrir la vorágine festiva alistana de La Asunción y San Roque, que durante estos días convertirá en espejismo pasajero la despoblación rural.

Un pueblo cuya patrona es, sin embargo, la Virgen de la Encarnación, cuya festividad es el 12 de marzo, trasladando su veneración a estas fechas para poder estar los residentes y los emigrados. El Instituto Nacional de Estadística asigna en la actualidad solamente 10 vecinos empadronados en Flechas, 4 hombres y 6 mujeres. La realidad es aún si cabe más dura pues sólo tres personas residen habitualmente en un pueblo que por su belleza, singularidad y sosiego es considerado con razón como el auténtico paraíso terrenal de Aliste.

Durante estos días sus calles han recobrado la vida gracias al regreso de los emigrantes, allegados y foráneos para compartir unas jornadas marcadas por la convivencia y la hermandad pues, allí sí, más que una comunidad quienes la moran y la visitan son como una familia.

El martes 11 de agosto Flechas iniciaba los festejos con un tardeo con juegos para todas las edades en la plaza del pueblo, campeonato de tajuela (los hombres en el corralón y las mujeres en la carretera) y en la anochecida merienda popular con sangría. Los bailes nocturnos han estado amenizados por el DJ Gonmarrr hasta altas horas de la madrugada.

Día grande el miércoles 12 de agosto con chocolate caliente para todo el pueblo a primeras horas de la mañana. El cura de Mahíde, Marcelino Gutiérrez, fue el encargado de oficiar la santa misa y la procesión por las calles del pueblo con la Virgen de la Encarnación, San Antonio de Padua y el Cristo Crucificado de la antigua cofradía de la Santa Vera Cruz. Actualmente, es el único desfile procesional en todo el año.

Rituales amenizados al son de la gaita de fole y el tamboril por los folcloristas Vicente Martín y Manolo Ferrero de Figueruela de Arriba, acompañados de sus esposas Lidia Fernández y Josefa Martín, que cantaron durante la eucaristía. Culminados los rezos los festajeros se dieron cita en el bar de la antigua escuela para tomarse el vermut.

Para empezar la tarde los niños y los mayores disfrutaron de los hinchables de agua en una jornada donde ante el intenso calor se agradecía refrescarse, haciendo tiempo para disfrutar juntos del visionado del eclipse. El folclore es parte imprescindible de cualquier buena fiesta alistana que se precie de serlo, y a las 21.00 horas no falta la actuación de la agrupación folclórica alistana Manteos y Monteras.

Habitantes

Vivía el pueblo su momento de mayor esplendor en 1960 cuando alcanzaba los 65 habitantes, su récord, tras pasar de los 24 de 1910 a los 43 de 1950. La emigración y el éxodo rural se cebaron también con Flechas perdiendo en los años sesenta 44 residentes para bajar a sólo 12 en 1970 y tocar fondo en 1980 con 5.

Entre sus últimos hijos ilustres estuvo Roque Vega, nacido en Flechas en 1923 y fallecido el 30 de diciembre de 2019, un hombre reconocido por su gesto humilde y acogedor, que llegó a ser alcalde pedáneo. Su padrino fue un guardia civil que en aquella época desarrollaba su labor de vigilancia en dos de los cuartelillos que había en el término municipal, uno en la “Venta Maragata” junto al “Cordel Sanabrés” y el otro en “El Colmenar de don Juan”.

El fue testigo de niño de la primera gran migración del pueblo a “La Argentina”, paisanos que se fueron con la idea de hacer “Las Américas” y que ya nunca volvieron. Fue uno de los últimos carboneros de la Sierra de la Culebra además de apicultor, agricultor y ganadero.

En los años sesenta llegó al pueblo una comunidad de hippies dispuestos a convertir Flechas en su “reino de la paz y del amor” sin tener muy en cuenta a sus vecinos residentes. A Roque directa e indirectamente le invitaron a irse, pero él temiéndose lo peor decidió quedarse, frente a ellos, y muchos creen que él fue el salvador de Flechas pues los hippies se fueron dejando como único testigo de su presencia un reloj de sol en la pared de una de las casas que habitaron.

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