Celebración
Antonio Ángel García Cañedo, pregonero de las fiestas de Alcañices: "Pregonar las fiestas es regresar a mis orígenes"
"Ser alistano te marca: me marché con 16 años y ni un solo día he dejado de pensar en Alcañices"

Antonio Ángel García, pregonero de las fiestas de Alcañices. / CH. S.

Antonio Ángel García Cañedo será el 12 de agosto el encargado de pregonar las fiestas patronales de Alcañices en honor a San Roque y Nuestra Señora la Virgen de la Asunción, un orgullo para un alcañizano al que la vida le llevó con solo 16 años a vivir fuera de su tierra, a la que lleva en el corazón y en la que no hay un día que no piense desde 1968.
Usted tiene una historia de best seller que se comenzó a escribir tras la Guerra Civil.
Nací en Alcañices el 29 de febrero de 1952 en el seno de una familia humilde, siendo yo el sexto de una familia numerosa de siete hermanos. Eran aquellos unos tiempos complicados y dificultes. Mi abuelo era zapatero y sus hijos continuaron con el oficio en Sejas de Aliste, Rabanales, Villardeciervos y Ferreras de Abajo, mi padre y mi tío Ángel en Alcañices. Mi madre se encargaba de atender la agricultura, pues teníamos un par de vacas, lo que había en aquella época, para vivir ajustados. Por suerte, en nuestra casa dentro de las dificultades hambre no pasamos, siempre hubo lago para llevarse a la boca. Éramos siete hermanos, matábamos tres cerdos y siempre había un trozo de costillas o tocino para echar con patatas, berzas o garbanzos. En aquella época en Alcañices había tres clases sociales, los señoritos (ricos), los medios como mi familia que sobrevivíamos con dignidad y los pobres que tenían que salir a pedir a la calle y por las casas para poder sobrevivir.
¿Qué recuerdos tienes de tu paso por la escuela?
Me tocó ir al colegio construido en 1909 en la calle Pérez Marrón solo para niños varones, las niñas estaban en otra parte del pueblo, y fui uno de los millones de españoles que nos formamos con la Enciclopedia Álvarez de nuestro paisano de Ceadea el ilustre Antonio Álvarez. Recuerdo que nos daban leche en polvo y queso. Entre mis amigos más recordados estaban Francisco Anta Barros, Bernardo Campos y Pepín Nitrico. Mis maestros fueron en el primer ciclo don José María, el segundo don Horario y en el tercero don José.
Pronto se dio cuenta de que para progresar había que emigrar...
Vivíamos una realidad que era la que era, éramos muchos y había lo justo en los pueblos. Por ello con 16 años, en 1968, me fui a Madrid donde trabajé de botones en una pastelería, en una carpintería y en una sastrería en la Gran Vía. Regresé por Semana Santa a Alcañices y participé como peón en las obras construcción de la actual Comisaría de Policía y el Silo del Sempa.
¿Cómo y cuándo surgió la idea de cruzar las fronteras hacia centro Europa?
Tuve la suerte de que dos de mis hermanos se encontraban ya en Alemania trabajando y al ser yo menor solicitaron la reagrupación familiar, se me concedió y fue así como terminé en Renania del Norte, muy cerca de Dusseldorf. Al llegar mi primer objetivo fue aprender el idioma con un radio cassette. Era joven y se me dio bastante bien.
Además, se formó a nivel profesional.
Tenía mucha ilusión porque allí los jóvenes estaban bien formados. Primero tuve que sacar el Graduado Escolar, pues era un requisito imprescindible para entrar en una Escuela de Formación Profesional. Me daba clase por libre una profesora de Asturias que estaba allí para dar clase a los hijos de los emigrantes. Lo conseguí y por mediación de la Agregaduría Laboral en Bonn, conseguí las ayudas del Gobierno alemán para los exámenes a la Escuela de Formación Profesional, con profesores de español en matemáticas y tecnología. Pase la prueba y durante dos años estuve internado en una Residencia Católica en la periferia de Dortmund y estudié en la Tirse Kirchlide en el pueblo de Aurcehalidee en Zolland. Allí obtuve el Grado Superior de Instalador de Gas y Agua, un título que me valió de mucho en una zona industrial donde había unos 15.000 españoles. Estuve diez años en Wuppertal en una fábrica textil y me siento muy orgulloso de ello.
¿La mili fue otra de las facetas más interesantes de su vida?
Lo fue. Como estaba en Alemania fui pidiendo prórrogas y regresé para hacer la mili con 23 años. Mi primer destino fue Vitoria y al poco tiempo me apunté al cuerpo de élite de la Brigada Paracaidista y me fui a Alcantarilla, en Murcia, desde donde me destinaron a Las Palmas de Gran Canaria. Estando allí en 1975 se formó el lío del Sahara con la Marcha Verde y yo formaba parte de una de las dos Banderas Paracaidistas enviadas a El Aaiún, en África, donde había otro paracaidista de Alcañices y uno de Matellanes. Al morir Franco nos evacuaron a Alcalá de Henares. En la mili pasé veinte meses muy intensos.
En Alemania también encontró el amor.
Afortunadamente así fue. El 31 de julio de 1977 contraje matrimonio en Carboneras (Almería) con una chica del pueblo, Juana Hernández Belmonte, naciendo fruto del matrimonio nuestros hijos Josefina, Ana y Paco.
Usted era feliz en Alemania pero llegó el momento de regresar.
En febrero de 1983 regresamos a España y nos asentamos en el pueblo de mi mujer, Carboneras, donde comencé trabajando en la Central Térmica de Endesa. Dos años después conseguí el Grado Superior de la Agregaduría de Bonn y la convalidación como Maestro Industrial por la Junta de Andalucía. Fue así como montamos la empresa Saneamientos Cañedo que llevaba mi mujer mientras yo trabajaba en la calle y daba cursos de formación profesional del INEM en Almería. En 2017 me jubilé y cerramos el negocio.
La vida le llevó lejos, vive en Almería, pero Alcañices sigue en su corazón y en su memoria.
Nacer en Aliste y en Alcañices te marca de por vida, pueden pasar los años, pero ya nunca lo olvidas. Tu tierra de origen está presente siempre en tu vida, forma parte imprescindible en tu memoria y en tu corazón. Tengo casa en Alcañices y siempre vengo al menos una vez al año aunque la edad no perdona, voy para 75 años, y el viaje cada vez se hace más pesados, pues son 904 kilómetros de ida y otros tantos de vuelta.
¿Qué supone para usted ser el pregonero de las fiestas de Alcañices?
Un orgullo, y estoy muy agradecido al Ayuntamiento y a la Villa de Alcañices por pensar en mí para este gran honor. Cuando me llamó David, el alcalde, lo primero que pensé fue, madre mía dónde me ha metido este hombre, pues no estoy acostumbrado a hablar en público. Pienso que si me han elegido por algo habrá sido y me siento feliz que mis paisanos me arropen. Voy a volver con el pregón aquellos años de infancia y juventud llenos de vivencia y anécdotas inolvidables.
La vida de emigrante tiene sus cosas buenas y malas, pero el alistano no olvida sus orígenes.
Efectivamente. Yo tras regresar de Alemania rehice mi vida junto a mi familia en Carboneras, tengo mi casa a 150 metros del mar y soy la persona más feliz del mundo, pero desde que salí de Alcañices con 16 años en 1968, no hay un día que no me acuerde de Alcañices. El que no haya vivido esto lo ignora y quizás no lo comprenda. Algo tendrán nuestros pueblos de Aliste que si naces en ellos te sentirás alistano hasta que te mueras. Los alistanos tenemos una palabra que vale más que un testamento. Sabemos valorar donde nacimos y lo que tenemos. He regresado muchas veces a Alcañices y no sé que tiene el lugar donde naces: cuando paso Fornillos de Aliste se me ponen los pelos de punta por la emoción de que ya estoy muy cerca de casa.
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