Historia
Ricobayo, el pueblo zamorano marcado por un puente romano, una barca histórica y la construcción de su gran embalse
Un Puente Romano de 144 metros de largo y 18 de alto fue sepultado en 1934 por las aguas del Salto del Esla. Esta obra de ingenería se encuentra, bajo millones de litros, justo en el mismo lugar del actual puente de la N-122

Imagen de 1927 del Puente Romano, siete años antes de ser sepultado por el Salto de Ricobayo. / MANUEL GÓMEZ

Aliste, Tábara y Alba, la comarca natural más grande de la provincia de Zamora, tiene entre sus pueblos con más historia, vida y patrimonio a Ricobayo, un lugar durante siglos idílico al que su nombre delata, "rico bayo", ubicado junto al río Esla y sus fértiles riberas, en pleno Itinerario XVII de Antonino y del Imperio Romano de César Augusto, convertido en cruce de caminos entre España y Portugal, de Ocellum Duri a Braccara Augusta.
Dos visitas reales ha vivido a lo largo de su historia Ricobayo. En el año 1126 allí se encontraron la condesa regente de Portugal, Teresa Alfónsez, y el rey Alfonso VIII de León. El rey Alfonso XIII visitó las obras del Salto de Ricobayo el 22 de octubre de 1930, momento que aprovechó para donar el histórico bastón de mando, que se conserva, al alcalde del Ayuntamiento de Ricobayo, municipio que desapareció como tal el 9 de julio de 1964 al ser integrado en el de Muelas del Pan.
Un pueblo que dio nombre al Salto de Ricobayo en una historia que comenzó a fraguarse justo hace ahora cien años. Sin embargo, las raíces y los orígenes estarán siempre relacionados el río Esla, cuyas aguas fertilizaban en primavera y verano unas de las riberas más productivas de la Península Ibérica, pero llegado el otoño y el invierno se convirtieron en una frontera natural que hubo de salvarse por alistanos y albarinos con la barca y el Puente Romano.
La construcción y puesta en marcha del Salto de Ricobayo entre 1929 y 1935 por la Sociedad Hispano Portuguesa de Transportes Eléctricos Saltos del Duero, luego Iberduero y ahora Iberdrola, trajo como una de las más trágicas consecuencias el sepultar bajo millones de litros de agua una de las obras de ingeniería más importantes de Zamora, a cuya prestación de un servicio vital se unía magnífico diseño, espectacular estructura e idílica panorámica, conexionando la margen izquierda de "Pilo el Moro" con la derecha de "Las Revueltas".
Bajo millones de litros de agua, justo por arriba del actual puente de la carretera Nacional 122, duerme el sueño de los justos el conocido históricamente como Puente Romano, el viaducto más antiguo conocido de la comarca natural de Aliste, Tábara y Alba.
En su origen tenía 23 pies de ancho entre los pretiles (si es que alguna vez los tuvo) y 59 pies de altura hasta la imposta de los cinco arcos, con 39 de luz y 93 de alto, contados desde el lecho del río Esla en ese trecho encajonado entre arribanzos y peñascos. La longitud del puente sería de 475 pies. Para centrarnos, el "Pie Romano", época más que previsible de su construcción, equivalía a 30metros y 48 centímetros, con lo cual el puente vendría a tener una longitud de 144 metros, con una altura de 17, 98 y un ancho de 7 metros, un auténtico lujo para la época que permitía cruzarse a dos carruajes y, por lo tanto, mantener el tránsito simultáneamente en ambos sentidos. Una de las pocas estampas que existe de él fue realizada en el año 1927 por Manuel Gomez Moreno.
El Condado de Alba de Aliste, título nobiliario creado el 8 de agosto de 1459 por el rey Enrique IV de Castilla a favor del noble Enrique Enríquez de Mendoza como recompensa por sus hazañas guerreras a la hora de combatir a los portugueses y al reino nazarí de Granada, fue quien durante más tiempo, varios siglos, tuvo la propiedad de la "Barca de Ricobayo", más aún tras obtener en 1641 del rey Felipe IV la Grandeza de España, el noveno conde, Luis Enriquez de Guzmán, uno de los alistanos que fue Virrey de Nueva España y de Perú.
La Barca de Ricobayo funcionó hasta comienzos del siglo XVIII. La última barca se terminó el 5 de febrero de 1685 y tuvo un coste de 630 reales que se pagaron en tres plazos a los maestros carpinteros que la hicieron, Joan Francisco y Jerónimo Luis, ambos de Portugal que hubieron de contratar los hombres necesarios para botarla al Esla.
Un vecino de Ricobayo, Isidro Gato, arriesgó prácticamente todo su capital en 1700 e incluso tuvo que pedir prestado para hacerse con el arriendo por 200 reales para una explotación que apenas llegó a un año. Si las trifulcas entre castellanos y portugueses fueron una constante amenaza para el puente, lo mismo sucedía con la barca y ello fue la causa de su desaparición definitiva en 1704: "Con Orden de su Majestad se mandó echar al fondo por la invasión de la guerra con Portugal".
En 26 de octubre de 1799, por poder de los Procuradores Generales del Marquesado de Alcañices, se solicitaba que pusieran en marcha la "Barca de Ricobayo" argumentando que "el desvío por San Pedro de la Nave (Barca de los Monjes Benitos entre Aliste y la Tierra del Pan) era un camino montuoso lleno de cuestas y arribas inaccesibles a los carros que transportaban géneros a los mercados, donde eran continuos los robos". Pero nunca se volvió a poner en marcha.
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