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Juan Carlos Manso, ganadero de Palazuelo castigado de lleno por el incendio de Fermoselle: "No había quien parara a ese monstruo"

El productor ovino ha perdido maquinaria y el alimento de todo el año para las ovejas

El incendio de Fermoselle ha barrido el término de punta a punta

Segundo Conde, ganadero de Cibanal, auxilia con unas bolas de alimento: “He venido a ayudar a un amigo que se ha quedado muy tocado”

El duro testimonio de un ganadero de Palazuelo de Sayago tras perder maquinaria y alimento por el incendio de Fermoselle

Irene Gómez / José Luis Fernández

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Basta un perímetro de doscientos metros cuadrados para captar la dimensión del daño que puede hacer un incendio en una explotación ganadera. A la vista, el esqueleto de un tractor con unas cinco mil horas de trabajo –“le había puesto las cuatro ruedes nuevas, cuatro mil euros”- con los cultivadores enganchados y a pocos metros dos remolques condenados igualmente a la chatarra.

No muy lejos, los restos humeantes de los silos de paja. De solo una parte del alimento que Juan Carlos Manso tenía repartido por varias fincas de Palazuelo de Sayago. “No me ha quedado nada; me ha tocado la lotería sin jugar” acierta a decir este ganadero de ovejas de 60 años, con una hija de 20 que, el día del fuego, no dudó en ponerse al volante del tractor para salvar la hacienda familiar.

“Hemos perdido la comida que teníamos recogida para el invierno, unas 350 bolas, además del pasto porque se ha quemado todo el término de punta a punta” describe este ganadero de Palazuelo castigado de lleno por un fuego “infernal; había quien lo parara a ese monstruo”.

Nada más que le avisaron del incendio que comenzó en Fermoselle, Juan Carlos cogió el coche y se fue a echar una mano. La cosa estaba fea, volvió, cogió el tractor y con otros compañeros se puso a hacer cortafuegos en Fornillos y Formariz. “Lo que menos pensaba es que iba a llegar hasta aquí”. Pero el monstruo seguía devorando todo lo que encontraba a su paso hasta que llegó a Palazuelo, donde agricultores y ganaderos batallaron para evitar lo peor.

“No se pudo hacer nada; encima se me bloqueó el tractor, se quedó parado” y Juan Carlos Manso no pudo evitar la pérdida del vehículo. “Me tocará comprar otro, pero nuevo imposible con la que nos ha caído encima” lamenta el ganadero sayagués sin dejar de acordarse de otros compañeros del pueblo que también han sufrido importantes pérdidas.

La ayuda de un "amigo"

“Temíamos que esto pudiera pasar porque el monte está lleno de maleza y cuando prende es incontrolable. Quedamos cuatro ganaderos, pocos animales, los pueblos abandonados. Cuando prende no hay capacidad suficiente que pare esto” lamenta.

Han pasado dos días desde que el que colosal incendio se declaró y la sombra del fuego es patente en forma de una incómoda humareda en medio del desolador paisaje de ceniza. En la explotación de Juan Carlos Manso y su mujer la luz llega hoy en forma de un remolque de bolas de paja que ha traído Segundo Conde. “He venido a ayudar a un amigo que se ha quedado muy tocado” reacciona el ganadero de Cibanal. “Lo hemos pasado todos mal, me podría haber tocado a mi” cuenta Segundo sobre la agresividad de un fuego que también amenazó a su pueblo.

El fuego ha dejado una huella letal en este pequeño pueblo del municipio de Fariza, donde otro ganadero ha perdido 101 ovejas quemadas en el monte. Y todos se han quedado sin un metro de pasto donde pueda pastorear el ganado.

TODA LA INFORMACIÓN DEL INCENDIO AQUÍ

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