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El duro relato de Amable Pascual, ganadero de Zafara, tras el paso del fuego: "Te da la sensación de que nos quieren barrer"

Las llamas han golpeado de lleno a la explotación Hermanos Pascual Fadón: una nave desintegrada y medio millón de kilos de alfalfa y forraje pasto de las llamas

“En este pueblo lo hemos pasado muy mal, han librado casas de misericordia y encima no está preparado, las bocas de riego no funcionan

Amable Pascual, ganadero de Zafara: "No sabemos qué hacer. Si seguir o parar"

Irene Gómez / José Luis Fernández

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“Son los mejores amigos que tenemos, el fuego y el lobo”. Javier Pascual Fadón prefiere no seguir hablando y deja en manos de Amable el relato más contenido de una desgracia que ha dejado desarmada la explotación que con toda la ilusión y esfuerzo han levantado los dos hermanos. Uno bibliotecario y otro con estudios de magisterio, Javier y Amable apostaron por la ganadería, siguiendo la estela familiar, y ahora crían un millar de ovejas de leche de raza Assaf, hasta hace dos días en una modélica granja de Zafara contra la que se cebó el incendio de Fermoselle la tarde del miércoles, 29 de julio.

En su caso no fue porque no tomaran medidas de prevención. “Si te das cuenta no hay nada quemado alrededor de la nave, lo teníamos todo limpio; todos los años desbrozamos para evitar riesgos, pero a doscientos metros vino una pavesa y prendió. Ya no había manera, empezó a arder una nave y aquí no venía nadie; estábamos nosotros con mi hija y dos obreros, veíamos pasar a los medios y aquí no paraban, tuve que ir a buscarlos porque se nos quemaba todo; llegaron justo a tiempo para que no ardiera la nave donde estaban las ovejas”.

El estremecedor relato de Amable se hace evidente en las huellas del fuego, con una nave nodriza, donde crían los corderos, completamente desintegrada y la otra, más grande, salvada “in extremis”. No así el pajar, una henera llena de paja y alfalfa que tardará días en apagarse. “Veíamos la lengua de fuego que avanzaba, mi hija dejó de trabajar, se vino e insistió en que guardáramos las ovejas. Yo no pensaba que llegara, pero empezó a cambiar el viento y a hacer un abanico tremendo. A este pueblo le pilló de punta a punta y a la vez”.

¿Y ahora qué? “Estamos muy desanimados, yo tengo 54 años, mi hermano dos menos, estábamos funcionando bien, manteniendo todo muy en orden y ahora mismo la comida cero (alrededor de medio millón de kilos de alfalfa y forraje), el local donde criamos los corderos, perdido. No sé que vamos a hacer porque empieza la paridera en septiembre y en este tipo de raza es inviable que los corderos se críen con la madre porque no pueden mamar. Es una locura” describe el ganadero sayagués sobre el futuro más inmediato que les espera.

Los Arribes, una caldera

“Estamos recibiendo apoyo, ahora todo el mundo quiere ayudar, pero lo que los ganaderos necesitamos no es tanto que venga a hora todo el mundo de golpe como a lo largo de los próximos meses; ahora todavía estamos apagando el fuego”. Y así es, una carroceta vigila de cerca la combustión de la montaña de comida convertida en ceniza.

“En este pueblo lo hemos pasado muy mal, han librado casas de misericordia y encima no está preparado, las bocas de riego no funcionan y esta zona de los Arribes en una caldera. Nosotros este año segamos el monte público, el valle, habíamos solicitado permiso y después de segarlo nos vino denegado. Pero es que hace cuatro años nos multaron después de dejarlo como un campo de fútbol. Luego te viene un fuego como este y nos viene a dar la razón; hay que cambiar las normativas, no puede ser que no nos dejen limpiar. Que hagas una cosa por el bien público y te multen, es gorda. Los ganaderos estamos cansados de advertir lo que podía pasar” lamenta Amable constatando las tremendas consecuencias del fuego.

“Hay veces que piensas que nos quieren echar, la fauna salvaje cada vez se nos mete más; es triste, pero te da la sensación como de que nos quieren barrer”.

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