Religión
El ocaso de los conventos rurales zamoranos
La falta de vocaciones y de relevo generacional ha provocado el progresivo cierre de conventos en pueblos del medio rural zamorano, tras siglos de convivencia y de estrecha relación con sus vecinos

Las religiosas del Sancti Spiritus de Toro asisten a la presentación de un libro sobre el histórico monasterio. | M. J. C.
El medio rural de Zamora se ha quedado más huérfano de referentes religiosos tras el cierre del último convento que sobrevivía en un pequeño pueblo, tras casi 700 años de convivencia con los vecinos. El reciente traslado de las dos últimas religiosas Clarisas que habitaban el convento de La Asunción de Villalobos ha propiciado el cierre definitivo de un monasterio fundado en 1346 y que, a lo largo de los siglos, ha sido un referente en la vida contemplativa en la Diócesis de Zamora, así como un refugio de oración de la Iglesia en el medio rural zamorano.
La decisión de cerrar el convento de Villalobos se enmarca en los procesos internos de reorganización de la orden religiosa, motivados por la avanzada edad de las hermanas y la ausencia de relevo generacional por la falta de vocaciones. En el marco de esta reorganización interna, los tres últimos conventos que han cerrado sus puertas en la provincia pertenecen a las Clarisas.
El último ha sido el de La Asunción de Villalobos, pero en 2023 las tres monjas que habitaban el convento de Las Marinas dejaron la capital zamorana para trasladarse a León. Cuatro años antes, fueron trasladadas al convento de Zamora las cuatro monjas que residían en el Real Monasterio de Santa Clara de Toro, poniendo fin a ocho siglos de convivencia con una ciudad a la que se sentían muy unidas y en la que dejaron una huella imborrable.
El cierre de tres conventos de la orden de las Clarisas en siete años ha reducido a once los monasterios que mantienen su actividad en la provincia, pero ninguno de ellos se asienta en pueblos pequeños, a pesar de haber sobrevivido a sucesivas desamortizaciones y a otros avatares históricos. En la actualidad, sobreviven cuatro en la capital zamorana: el monasterio de la Ascensión de las Benedictinas; el de Santa Clara; el del Corpus Christi (El Tránsito) también de las Clarisas, y el convento de Santa María la Real de las Dueñas, habitado por religiosas Dominicas.

Convento de La Asunción de Villalobos, el último que ha cerrado su puertas en el medio rural de Zamora. | CEDIDA
Otros cuatro monasterios mantienen su actividad en Toro, aunque el de la Purísima Concepción y San Cayetano de las Madres Mercedarias está acusando la falta de vocaciones y sobrevive con una pequeña comunidad de clausura, después de que en 2023 recalaran en el cenobio dos hermanas naturales de Kenia y procedentes de la localidad gaditana de Arcos de la Frontera.
Uno de los pocos monasterios que ha logrado ampliar su comunidad es el del Sancti Spiritus de Toro, al que en octubre de 2024 llegaron cuatro monjas procedentes del convento de San Pedro Mártir de Mayorga (Valladolid) y, en la actualidad, once hermanas conviven tras sus muros. También en Toro, el monasterio Premostratense de Santa Sofía ha logrado sortear la falta de vocaciones, al igual que el de San José, habitado por las Carmelitas Descalzas.
Otros dos conventos mantienen su actividad en Benavente, el monasterio cisterciense del Salvador, en el que conviven religiosas Bernardas, y el Real Monasterio de Santa Clara. La última localidad zamorana en la que pervive la vida monástica es Villalpando, en la que mantiene su actividad el convento de San Antonio de Padua.
De otros monasterios enclavados en el medio rural solo quedan ruinas y, en algunos casos, tan solo el recuerdo de un pasado que en muchos pueblos no olvidan. Sin duda, el mejor ejemplo del glorioso pasado de los monasterios en la provincia son las ruinas de Santa María de Moreruela, construido durante los siglos XII y XIII, del que se conservan la cabecera y algunas dependencias. Los vestigios del considerado como uno de los primeros monasterios cistercienses edificados en España, han logrado tener una segunda vida, gracias a que se han convertido en un reclamo turístico de primer orden en la provincia.
En Villanueva de Campeán se conservan las ruinas del convento Franciscano de Nuestra Señora del Soto del que, a pesar de ser declarado Bien de Interés Cultural (BIC), tan solo quedan algunos restos que, de no intervenir con urgencia, corren el riesgo de desaparecer. El convento es propiedad de varias familias de la zona y, por su abandono, ha sido objeto de actos vandálicos que han agravado su delicada situación.
Por otra parte, otros conventos que también han formado parte de la historia de la provincia y que corren un serio riesgo de desaparecer, por el inexorable paso del tiempo y la ausencia de actividad desde hace años, son el dominico de Santa María de Jesús en Tábara, el franciscano de Santa María en San Román del Valle, Nuestra Señora de Montamarta o el convento de la Aldea del Palo. Otros cenobios han corrido mejor suerte gracias a intervenciones que han logrado garantizar la pervivencia de sus restos, tras ser adaptados a nuevos usos. Este es el caso del convento de San Agustín de Toro, el de San Salvador de Villacete en Belver de los Montes o el de San Francisco Extraponte en la capital zamorana.n
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