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Tierra de Alba

Cien años de recuerdos de una escuela reconvertida en centro cultural en Marquiz de Alba

Por su única aula pasaron generaciones de familias, la inmensa mayoría de ellas humildes, y de sus pasillos salieron maestros, ingenieros, policías, abogados y empresarios. Marquiz de Alba homenajea a 93 de sus exalumnos en un emotivo acto organizado por la asociación "Las chicas de la escuela"

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Marquiz de Alba

Pocos como Laudelino García Pino son capaces de recrear imágenes a partir de palabras al rememorar una época de "días cortos y trenzas largas" que marcó su paso por la escuela en la localidad de Marquiz de Alba. Espacio de aprendizaje y vida de los 6 a los 14 años, el centro echó el cierre en 1982, hace ya la friolera de 44 años frente a las más de seis décadas que se mantuvo en pie fiel a su utilidad inicial.

Como testigo del paso del tiempo e histórica joya del patrimonio gráfico, el espacio que en su día acogió el algarabío de los infantes –acompasado por la inmensa paciencia de una única maestra– aún conserva la inscripción de "escuela nacional" labrada en piedra en el año 1929, en plena dictadura de Primo de Rivera. Un espacio hoy reconvertido en centro sociocultural que preserva de aquellos tiempos un carcomido cabás de madera y un archivo fotográfico realizado por la joven Marina.

Las imágenes en blanco y negro completan un sentido homenaje a todas las generaciones que vivieron –algunos con más suerte que otros– su etapa educativa entre las paredes del edificio situado en La Era gracias a la iniciativa de la asociación de mujeres "Las chicas de la escuela". Josefa es una de sus impulsoras junto a María José aunque aquí "todas hemos participado" y mucho. El listado es largo, con 93 vecinos que desde mediados del pasado siglo pasaron por su única aula, aunque el número real sería mucho más abultado.

A sus 86 años, Francisco "Caminero" Cortés aún rememora las peleas con Serafina "por ser los primeros de la clase" y no duda un ápice al señalar el espacio que ocupaba "el libro que leíamos siempre: Don Quijote de Cervantes". El que es uno de los exalumnos más longevos de esta escuela rural asegura que era además muy buen monaguillo y sacristán, con vocación de ir al Seminario y con una cuidada técnica vocal. Para eliminar cualquier ápice de duda, se lanza a preguntar entre su generación: "¿Cómo interpretaba el ‘Incarnatus’?". Su sonrisa evidencia el sentido de la respuesta. El devenir de la vida le llevó a la capital, a Madrid, donde se casó y regentó un bar hasta su jubilación durante 40 años.

A su lado, Isolina Rodríguez de 83 años se apoya sobre la pared, no sin soltar el bastón, para corroborar su carácter travieso en las aulas. Su intención era continuar "unos meses más", pero las desafortunadas fiebres que se llevaron a su abuelo sesgaron de paso su ilusión. En una época marcada por el nacional-catolicismo, recuerdan que "la de Marquiz era una escuela mixta" en la que siempre se inculcó el respeto hacia el otro sexo.

Pablo Pérez fue testigo del cierre del aula a inicios de la década de los 80, cuando le tocó marchar a cursar la EGB a Carbajales, centro educativo de referencia que a día de hoy sigue acogiendo a los cada vez menos escolares de Marquiz. "Ahora tan solo acude un niño", lamentan el alcalde de Olmillos de Castro, Teodoro Díaz, y el regidor pedáneo, Manuel Prieto.

Eran tiempos en los que las ratios eran un término desconocido por maestros como doña Amelia Bernabé, capaz de sostener a "una bandada de pajarillos sueltos en el recreo" que bien alcanzaron la treintena en sus años de mayor esplendor. En su pregón, el pintor local y sevillano de adopción invitaba a aplaudir al cielo por la dedicación de la que "para muchos fue la única maestra que conocimos en el pueblo" y que guió la carrera de "magníficos maestros y maestras, ingenieros, policías, abogados y empresarios".

En un día de "recordar la infancia y vivir la madurez", Laudelino reivindicó una época en la que "éramos pobres, pero ricos. Pobres porque usábamos cholas, abarcas, refajos y mantón. No teníamos agua corriente, ni servicio, ni calefacción, pero éramos ricos porque los juegos los inventábamos nosotros". Ellas elaborando combas a partir de juntos y ellos balones. Ellas cantando canciones y jugando a las tabas, y ellos a los bullacos.

Unos "niños ya crecidos” a los que la asociación rinde homenaje, algunos presencialmente, otros desde la distancia amenizados por la música de Gaitas y +. Exalumnos que "hemos salido en los periódicos por cosas buenas" como las hazañas del médico-militar Francisco Faúndez que participó como voluntario en la guerra de Vietnam y tantos otros. Todos ellos, hijos de una escuela de humildad y sacrificio.

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