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Fauna

El conejo, piedra angular de los ecosistemas ibéricos

El conejo, piedra angular de los ecosistemas ibéricos

El conejo, piedra angular de los ecosistemas ibéricos

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José Alfredo Hernández

Pocas especies se pueden considerar tan representativas de la fauna ibérica como el conejo común o europeo (Oryctolagus cuniculus). Esta circunstancia ya fue percibida por los antiguos romanos que interpretaron que el término fenicio Ispanim –que ellos adaptaron como Hispania- significaba "tierra de conejos" (o más exactamente "de damanes", mamíferos de tamaño similar al conejo y que a los fenicios les resultaban más familiares que los conejos). Incluso, el poeta latino Catulo se refiere a Hispania como cuniculosa ("conejera"). Actualmente hay teorías bien fundadas que ponen en duda que nuestro lagomorfo esté verdaderamente en el origen del topónimo Hispania>España, pero esta interpretación de los romanos no deja de ser indicativa de que, para ellos, la presencia abundante de estos mamíferos era un rasgo marcadamente característico de las tierras del extremo occidente.

Ejemplar de conejo ibérico, exclusivo de la Península

Ejemplar de conejo ibérico, exclusivo de la Península / Shutterstock

Aunque su distribución original engloba exclusivamente la península ibérica, partes de Francia y el Magreb, desde tiempos antiguos fue introducido en una gran cantidad de territorios, incluyendo gran parte de Europa continental, las islas británicas, las islas atlánticas (archipiélagos de las Azores y Canarias), Australia, Nueva Zelanda y partes de América del Sur y norte de África. Ha sido llevado a más de 800 islas de todo el planeta.

Está incluido en la Lista de las 100 especies exóticas invasoras más dañinas del mundo de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Y, aunque pueda parecer contradictorio, la propia UICN lo considera en la categoría de especie en peligro en su Lista Roja de Especies Amenazadas, porque sus poblaciones han sufrido un notable declive en los últimos años dentro de su área original de distribución, debido a enfermedades, pérdida de hábitat y mortalidad inducida por el hombre.

Esta condición paradójica -ser considerado plaga en unos ámbitos geográficos mientras que en otros especie amenazada- la vemos reflejada a escala local en las diversas situaciones que observamos en las comarcas zamoranas. Mientras que en algunas, desde hace décadas, se ha vuelto raro hasta casi desaparecer, ocasionando una grave pérdida para el ecosistema, en otras su actual abundancia llega a provocar daños de apreciable importancia en los cultivos agrícolas.

Sobre su importancia fundamental e indiscutible en los ecosistemas ibéricos, basta con mencionar que forma parte de la dieta de varias decenas de especies de depredadores, en muchos casos como presa básica insustituible, destacando especialmente los ejemplos de valiosísimos endemismos amenazados como el lince ibérico (Lynx pardina) o el águila imperial ibérica (Aquila adalberti). Pero, además, en los últimos tiempos, diversos estudios han puesto de relieve el papel del conejo como verdadero ingeniero de ecosistemas, papel que ejerce a través de variados mecanismos, como su capacidad excavadora (se ha identificado el uso de sus madrigueras por parte de más de 15 especies diferentes de vertebrados), la deposición de excrementos en letrinas y otros efectos indirectos derivados de su herbivoría.

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