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Entrevista

Alfredo Sanz, arquitecto especializado en construcciones tradicionales: "Las bodegas son catedrales de un pueblo a pequeña escala"

"El proyecto del Barrio de Bodegas de Guarrate es uno de los mejores ejemplos de recuperación de este patrimonio porque empieza por la motivación vecinal y la voluntad de asociarse"

Alfredo Sanz Sanza, arquitecto especializado en bodegas

Alfredo Sanz Sanza, arquitecto especializado en bodegas / Cedida

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Alfredo Sanz Sanza, burgalés de Fuentespina, en la Ribera del Duero, creció rodeado de una arquitectura popular marcada por las bodegas. Cuenta que desde chaval le gustaba dibujar paisajes y edificios, construir cabañas y modelar con la arena. Y en ese ambiente germinó la pasión por las construcciones tradicionales y todo ese mundo que duerme en el subsuelo de tantos pueblos ligados a la actividad vitivinícola. Proyectos de recuperación, inventarios o planes especiales de protección de bodegas tradicionales han convertido a Alfredo Sanz en un especialista en este tipo de arquitectura que pueblos como Guarrate se proponen poner en valor. A esta iniciativa, impulsada por el Ayuntamiento de Guarrate y el enólogo David Rodríguez Coco, responde la participación del arquitecto en la segunda jornada por la recuperación del barrio de bodegas de Guarrate que se celebra mañana con una conferencia de Sanz Sanza y una cata.

Nació entre un paisaje propicio para convertirse en un especialista en arquitectura tradicional y muy en concreto de bodegas ¿siempre se sintió atraído por las construcciones subterráneas que jalonan tantos pueblos de Castilla y León?

He mamado esto desde niño porque en mi zona y las bodegas tradicionales forman parte de la cultura, he crecido entre ellas. Además, Castilla y León está lleno de bodegas, soy un apasionado de la arquitectura tradicional y para mí ha sido muy natural meterme en este mundo. De lo más singular y característico que tenemos en nuestra Comunidad probablemente sean los barrios de bodegas, las bodegas y lagares tradicionales. Yo empecé haciendo un estudio en mi pueblo y a partir de ahí surgieron más proyectos en otros pueblos. Me acabé especializando en algo que me encanta y mi campo de actuación ya está en toda la comunidad, que es un lugar riquísimo en este patrimonio.

Echando la vista atrás veo el panorama más esperanzador, por lo menos ya hemos roto esa barrera de la concienciación

Ocurre que a veces no valoramos lo más cercano, en este caso un patrimonio subterráneo en algunos casos impresionante, pero por desgracia abandonado.

Hay dos lecturas posibles y yo creo que las dos son necesarias. Por una parte es un patrimonio que, como comentas, por ser tan cercano lo tenemos a veces tan normalizado que la gente no lo ha valorado lo suficiente y resulta que viene alguien de fuera y se queda impresionado por una bodega subterránea o una cueva. La situación varía en función de las zonas, pero la realidad es que muchas bodegas están abandonadas. Por suerte llevo en esto más de diez años y estoy viendo un interés por recuperar este patrimonio. Percibo bastante esperanza dentro de que, por supuesto, en muchos sitios las bodegas están en malas condiciones. Por suerte cada vez hay más proyectos como el de Guarrate y otros lugares de Castilla y León donde la gente se va motivando. Echando la vista atrás veo el panorama mucho más esperanzador que antes porque por lo menos ya hemos roto esa barrera de la concienciación.

¿Hay motivos para pensar en un cambio de tendencia?

Pienso que sí en la medida que se valora más este patrimonio vernáculo, tan popular que a veces evidentemente cuesta más dar el valor que merece. No estamos hablando de las catedrales de Zamora o de Burgos, pero también es un patrimonio; las bodegas son catedrales a pequeña escala de un pueblo.

Visita de Alfredo Sanz a bodegas de Guarrate

Visita de Alfredo Sanz a bodegas de Guarrate / Cedida

Cuando hablamos de una bodega ¿realmente a qué nos estamos refiriendo, que le transmiten estas construcciones en el subsuelo?

Muchísimas cosas. Para empezar, me transmite un profundo respeto por nuestros antepasados y antepasadas que han levantado todos esos edificios, han excavado estas cuevas y no tenemos que olvidar que era una actividad económica gracias a la cual probablemente estemos muchas personas hoy aquí. Somos descendientes de ese esfuerzo que han hecho los nuestros por ganarse la vida y aprovechar las condiciones del terreno, tanto para el viñedo como para luego excavar las bodegas. Por eso me transmiten un profundo respeto por nuestras raíces y por un trabajo que nace de un esfuerzo encomiable. Y también me evocan muchos recuerdos y oportunidades de encuentro, de juntarse entre la gente. Las bodegas yo las he vivido desde niño como un lugar de encuentro, de celebración, de prodigarnos en la amistad entre vecinos, amigos y familiares.

Sabemos que están vinculadas a la actividad vinícola, ¿realmente cómo surgieron estas construcciones?

Los barrios de bodegas como los conocemos hoy son al fin y al cabo una especie de pequeños polígonos industriales medievales o post medievales; una agrupación de la actividad que se desarrolla en muchas ocasiones debajo de las propias casas, como hacían los primigenios, y luego si era posible por la geografía y la orografía se emplazaban en un espacio lo más cercano al casco urbano, pero ya en una ladera exterior. Y se desarrollan ligadas al comercio. A partir del siglo XVI, cuando los arreiros ya pueden transportar el vino a otros lugares y las conómicas y de comercio son más favorables, pues se empiezan a desarrollar esos barrios de bodegas como pequeños polígonos industriales para producir y conservar el vino. Hablamos en términos generales porque cada zona de Castilla y León tiene sus particularidades y distintas épocas de desarrollo.

Se habla de una arquitectura sin arquitectos, popular y se puede decir que espontánea.

Sí, es la descripción de la arquitectura popular y la arquitectura tradicional, en este caso de las bodegas tradicionales. Pero también las casas de nuestros abuelos y de generaciones anteriores son construcciones que en general se han hecho con una buena aportación de mano de obra de las familias o a lo sumo el apoyo de algún maestro de obras o personas un poco más cualificada a nivel técnico. Son arquitecturas sin arquitectos porque de alguna forma están probadas a través de siglos de transmisión de conocimiento, de generación en generación a los que les iba la vida en la construcción y el mantenimiento de sus casas y por extensión las bodegas.

Las bodegas me transmiten un profundo respeto por nuestras raíces y por un trabajo con un esfuerzo encomiable

Como tantas tradiciones y actividades en el mundo agrario y rural, el devenir de las bodegas ha estado ligado al propio devenir de los pueblos, golpeados por la despoblación y la falta de actividad. ¿En qué medida esa regresión ha llevado al ocaso las bodegas?

A nivel de su actividad principal, que es la vinícola, el punto de inflexión en su historia se sitúa a mediados del siglo XX, coincidiendo con el éxodo rural. Con la migración del campo a la ciudad empezó a faltar mano de obra para las labores en el viñedo y en la bodega, y en el mundo del vino eso se tradujo en la creación de cooperativas, pasando de la elaboración más artesanal en las bodegas subterráneas a un trabajo más industrial en las cooperativas. Paralelamente a ese ocaso del uso vinícola se expandió el uso social y recreativo. Al desaparecer las cubas de las bodegas quedaba más espacio para acoger a las peñas y merenderos. Eso es positivo también porque el uso social está ligado a los orígenes de las bodegas y en muchos casos como en Guarrate ayuda a mantenerlas en pie. Todo tiene sus ventajas y desventajas, pero desde luego el uso social es algo que a día de hoy puede ayudarnos a salvar las bodegas.

¿Y el reclamo turístico, como se plantea en Guarrate en el marco del proyecto de recuperación del barrio de bodegas?

Sí, también va ligado. El enoturismo está muy desarrollado y en Castilla y León es algo muy llamativo y sugerente que puede ayudar a la actividad económica de los pueblos. Como decíamos, ocurre que a veces viene alguien de fuera que se sorprende con estos lugares y eso ayuda también a que la gente de los pueblos nos enorgullezcamos y valoremos lo que tenemos. En ese sentido yo veo que el enoturismo puede ser positivo, pero también me gusta incidir en que no es la panacea; hay que tener cuidado y tener claro que los primeros guardianes de las bodegas son los propios vecinos y vecinas de los pueblos. Eso es lo principal para mantenerlas cuidadas y a partir de ahí, bienvenido sea un enoturismo sostenible.

¿Qué podríamos destacar de las bodegas de Guarrate?

Las bodegas de Guarrate tienen bastantes singularidades dentro de esas características homogéneas que suelen tener todos los barrios de bodegas de Castilla y León. Para empezar, el barrio de bodegas se ubica en una ladera con muy poca pendiente y está rodeado por el casco urbano que al final ha ido creciendo y le ha acabado envolviendo. A mí eso me llama la atención porque no deja de ser una especie de parque o un espacio recreativo muy a mano de los vecinos. Una cosa que determina los barrios de bodegas es la geología y en Guarrate tienen un tipo de suelo que es una arenisca bastante compactada que permite una labra de bóvedas de bastantes dimensiones en muchos casos.

Barrio de bodegas de Guarrate

Barrio de bodegas de Guarrate / Nerea Sáez @lamiradarural

Parece que existe respaldo vecinal para recuperar las bodegas.

Sí, entre los vecinos ahora hay un interés por rescatar y realmente en su conjunto son rescatables.

¿En qé medida se puede recuperar el dinamismo o al menos poner en valor estas construcciones subterráneas en Guarrate?

A nivel de patrimonio en general siempre hay que ser conscientes de que es imposible recuperar todo, obviamente. Se trata de priorizar y de ver qué cosas son más fácilmente recuperables o más susceptibles de hacerlo. En Guarrate, en general, el panorama es bastante alentador porque precisamente por esas areniscas y por esas estructuras geológicas algunas bodegas que he podido visitar simplemente tienen telarañas o algo de escombro fruto del abandono, pero digamos que con voluntad podrían ser recuperables. Y además muchas están en uso, en parte gracias a la cantidad de peñas que hay en el pueblo. En ese sentido yo ahí veo un panorama más alentador.

El uso social puede ayudar a salvar las bodegas, sin olvidar que los primeros guardianes son los vecinos

¿Qué le parece el proyecto de recuperación del barrio de bodegas de Guarrate, es factible la puesta en valor?

He visitado algunas bodehas con los vecinos, haciendo un poco de asesoramiento en aspectos que se podrían mejorar a nivel arquitectónico. Desde fuera el proyecto me parece muy interesante y creo que es uno de los mejores ejemplos de recuperación de este patrimonio porque todo empieza por esa motivación vecinal y por esas ganas de querer recuperar tu patrimonio juntándote con tus vecinos. Se están haciendo muchas cosas, visitas, catas, ahora otra jornada de recuperación en la cual me han invitado para que vaya hablar e incidir en diversos aspectos a nivel de conocimiento, de conservación y de disfrute, sobre todo, en eso pongo mucho el énfasis, en el uso de disfrute. Insisto, el proyecto es muy interesante por cómo nace, desde la voluntad de la gente de asociarse. Después hasta dónde quieran llegar solo ellos lo saben, pero creo que a medio y a largo plazo es una de las mejores formas de abordar este tipo de patrimonio popular, a través de esa unión de la gente en hacer algo por un bien común que son las bodegas.

Guarrate puede llegar a ser un ejemplo para otros pueblos de Zamora.

Sí, porque es una arquitectura muy valiosa y a lo mejor consiguen transmitir ese entusiasmo a otros pueblos que también tienen este patrimonio. Hay que saber coger ideas, referencias y adaptarlas a tu entorno. Por ejemplo, en la Ribera del Duero o en otros lugares han funcionado iniciativas muy llamativas y otros pueblos han tratado de copiar, adaptar o coger ideas. A los vecinos les voy a explicar ideas que se ha hecho en otros lugares y luego cada uno puede ir adaptando o copiando. En Zamora probablemente este ejemplo de Guarrate se convertirá en uno de los casos pioneros y referenciales.

¿Entonces no es ninguna locura llegar a poner en valor este patrimonio subterráneo?

Solo el hecho de revalorizar o de ser conscientes de los entornos que tenemos en nuestros pueblos ya es un gran avance; volver a dar uso, a cuidar y a valorar esos espacios que son nuestras raíces. En mayor o menor medida todo lo que se avance es un gran logro.

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