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El último paseo del pastor Agustín, de Tardobispo, que inspiró a su nieto

Cada paseo del emigrante Agustín Bragado por las calles de su Tardobispo natal lo convertía en una lección de legado cultural que ha sabido recoger su nieto Daniel como homenaje. Lo ha hecho con una exposición en Pontevedra que reconoce la figura del "ajuste" y en la que la memoria rural se fusiona con los últimos recuerdos

Daniel Bragado y su abuelo durante su último paseo en Tardobispo

Daniel Bragado y su abuelo durante su último paseo en Tardobispo / Cedida

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Cuenta Daniel Bragado, gallego de ascendencia zamorana que en su abuelo Agustín, natural de Tardobispo, "los años pesaban el doble" desde que dejó de trabajar. Como tantos hijos de la posguerra, su abuelo conoció desde corta edad lo que era una vida de sacrificio en el campo trabajando como pastor, o más bien –precisa– como "ajustado". Fue también uno de los emigrantes que nunca terminó de marcharse de una tierra que conoció al dedillo inspirando a sus descendientes a impulsar una exposición en forma de homenaje y rebelión contra el olvido.

Agustín Bragado García trabajó bajo la fórmula del ajuste desde los 10 años, un proceso que permitía la contratación de menores pertenecientes a las clases sociales más bajas para servir como mano de obra barata al cuidado del ganado. Y a esa tarea se entregó fielmente sirviendo, en el término de San Marcial –tan bien enseñó Agustín a su nieto que a día de hoy recuerda el nombre de las dehesas como la de Amor y los Barrios–. Cumplidos los 20 años, partió junto a sus hermanos rumbo a Galicia, no sin antes hacerse con una casa en Tardobispo.

El padre de Daniel Bragado contempla algunas de las fotografías.  | CEDIDA

El padre de Daniel Bragado contempla algunas de las fotografías. | CEDIDA

No quiso desprenderse Agustín de sus raíces zamoranas como tampoco acallar su vasto conocimiento en torno a su pueblo y un mundo pastoril que hoy agoniza. En esas, bien se encargó de convertir cada regreso estival a su casa en una lección de legado capaz de trascender a su propia vida. Un encargo que recogió su nieto, el mismo que dice sentirse "un zamorano más" y que ha sabido transformar los últimos alientos de su antecesor en una oda a quienes labraron una tierra gracias a su labor "silenciosa aunque gigante".

Imagen proyectada sobre una lana de Agustín Bragado rodeado de objetos pastoriles

Agustín junto a la imagen proyectada sobre una lana de Agustín Bragado rodeado de objetos pastoriles / Cedida

El joven Daniel aprovechó su experiencia con la cámara (trabaja como regidor en la Televisión de Galicia) para retratar su último paseo juntos, unas imágenes que conserva como un tesoro y que durante todo un fin de semana se han reproducido en bucle en el antiguo Matadero de Gondomar, en Pontevedra.

Bajo el título "Pastor", este proyecto fotográfico recoge la historia de Agustín como un gesto de gratitud extendido a quienes "desde la más absoluta inocencia y humildad nos enseñaron todo cuanto sabían". También como un merecido reconocimiento a la memoria de un mundo rural que en estos días ansía la llegada de los herederos de quienes en su día se marcharon para labrarse un futuro mejor.

Daniel Bragado en la exposición en Pontevedra

Daniel Bragado en la exposición en Pontevedra / Cedida

El enfoque etnográfico de la propuesta fusiona fotografía y material audiovisual con objetos materiales que ahondan en la conexión emocional con la figura del pastor como "conocedor del territorio". Alpacas, cayadas, botijos, incluso la propia lana sobre la que se proyecta una de las imágenes de un Agustín ya jubilado, invitan a unirse a ese último paseo en la intimidad de un abuelo –siempre unido a su bastón– y su nieto.

"Yo aprendí mucho de mi abuelo, y creo que él nunca se dio cuenta", una motivación que le ha llevado a continuar su legado ahondando en el sistema del ajuste en forma de un documental al que Daniel ya está dando forma. "Es súper interesante", avanza evocando las instantáneas de los soportales de la Plaza Mayor de Zamora en la que los terratenientes acordaban un jornal para la familia del menor. Recuerda Daniel que su abuelo "se iba a los campos de madrugada, y regresaba a casa también de madrugada". Eso los "días que no era obligado dormir en el propio campo, con las ovejas o, ‘si tenía suerte’, podía dormir en las casetas de los animales".

Un puro método de subsistencia que negó a muchos menores a acudir a la escuela –recuerda Daniel que su abuelo solo acudía por voluntad propia aprovechando los escasos días de descanso– porque "su vida era el trabajo y contribuir con la familia".

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