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Olmo de la Guareña celebra la vuelta del bar: "Estamos encantados"

El pueblo más pequeño de la comarca de La Guareña recupera un servicio muy demandando, de la mano de un hostelero salmantino

Ambiente de la terraza en la inauguración del bar de Olmo de la Guareña

Ambiente de la terraza en la inauguración del bar de Olmo de la Guareña / Cedida

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"Estamos encantados". En Olmo de la Guareña, el pueblo más pequeño de la comarca, no caben de alegría con la reapertura del bar después de casi dos años en el dique seco. Aunque el establecimiento, bautizado como "Limón y Menta", abrió el viernes, ayer sábado tenía lugar la puesta de largo con una animada inauguración a la que respondieron con su presencia vecinos y emigrantes.

Pedro Luis es el hostelero salmantino del vecino pueblo de Tarazona de la Guareña que se ha hecho cargo de la gestión del bar municipal. Anejo del Ayuntamiento de Vallesa, Olmo es el único pueblo de la comarca de La Guareña sin ayuntamiento propio.

Bar de Olmo de la Guareña

Bar de Olmo de la Guareña / Cedida

El nuevo gestor agasajó a sus clientes con una fiesta que marca la apertura oficial a lo largo del verano. "Limón y Menta" estará abierto todos los días de 12 de la mañana a 12 de la noche, garantizando a este pequeño pueblo un lugar de encuentro que tanto añoraban.

"La gente está encantada, ayer (por el sábado) había celebración de la palabra y los participantes no tuvieron que irse de la iglesia a casa" comentaba una vecina sobre el impacto que el bar tiene en el pueblo. "Es el único centro social que tenemos en el Olmo y nos da la oportunidad de ver a toda la gente, no solo los más cercanos o los vecinos de tu casa".

Bar de Olmo de la Guareña

Bar de Olmo de la Guareña / Cedida

Porque en Olmo de la Guareña el pueblo agradece este servicio. Y aunque ya empiezan a llegar los emigrantes, se espera el gran desembarco a partir de la próxima semana y a lo largo del mes de agosto, cuando Olmo de la Guareña multiplica su población habitual de apenas una docena de personas, garantes de la vida en este pueblecito a lo largo de los doce meses del año.

La remozada cantina, que cuenta además con una amplia terraza de varias mesas, recupera su esplendor y los vecinos saben que, al menos estos meses de julio y agosto, tienen garantizado un lugar de encuentro en el epicentro del pueblo, a escasos metros de la iglesia de San Andrés, uno de los templos más bonitos de la Zamora rural.

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