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San Ciprián de Hermisende, el pueblo de once habitantes que busca al pirómano que intenta quemar sus casas: "A ver si atrapan pronto al cabrón"

Los vecinos viven con preocupación y miedo la oleada de fuegos que han rodeado el pueblo, hasta media docena y varios focos

Uno de los vecinos del pueblo junto a una de las zonas en las que el presunto pirómano ha prendido fuego. | ARACELI SAAVEDRA

Uno de los vecinos del pueblo junto a una de las zonas en las que el presunto pirómano ha prendido fuego. | ARACELI SAAVEDRA

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Los vecinos de San Ciprián de Hermisende viven con preocupación y miedo la oleada de incendios provocados que han rodeado el pueblo. Una vista general sobre el frontal del pueblo arroja una preocupante estampa, manchas de quemado a ambos lados de pueblos. Más de media docena incendios y varios focos en un corto intervalo de tiempo, que no figuran en los partes de incendios de la Junta, tienen en vilo a la población que esperan que pronto caiga el pirómano. En el pueblo viven habitualmente 11 personas, aunque en estos meses de junio y julio aumentan los residentes.

"¡Ojalá! Que atrapen al cabrón o a la cabrona que está prendiendo", exclama Joaquina en la calle tras regresar del huerto con su marido. En San Ciprián de Hermisende "viven personas muy mayores, de 70, 80 y 90 años y sufren al ver que se quema el pueblo". Personas muy mayores que reconocen como María esa preocupación: "no estamos nada contentos con los fuegos". María añade que "nos traen muertos de miedo. No estamos nada contentos, hay gente mala que quiere hacer daño". María sigue lavando en su pila de piedra. Pasa un coche de la Guardería Medioambiental.

San Ciprián de Hermisende, a la caza del pirómano

Uno de los parajes de San Ciprián de Hermisende en el que se ha registrado un fuego. / A. S.

Dos vecinas pasean por la calle y relatan cómo un día "prendieron en tres puntos diferentes" y generalmente con nocturnidad. "Esta noche tocaba pero nos hemos librado" por el hábito del pirómano de quemar a altas horas, "siempre es sobre la una de la mañana y una noche sí y otra no". "Hoy me he despertado a las dos de la mañana porque oí los perros ladrar y ya pensé que teníamos otra vez fuego, pero no. Nos despertamos por el fuego". Mejor dicho hay una inquietud en las horas de sueño ante la oleada de fuegos.

A los primeros que se señalan como causantes a algún vecino pero en este caso hay consenso que no es nadie del pueblo, aunque hay quien tiene la fama. En estos días "la Guardia Civil ha venido varias veces y ya nos han preguntado si sospechamos de alguien del pueblo", apuntan los vecinos. Están convencidos que es alguien ajeno al pueblo pero con la coletilla de que "los incendios mueven mucho dinero".

Fidel se decanta por personas que no son del pueblo que andan por la zona. El incendio más preocupante se declaró en un solar del Pasaje Tiar, como lleva la cuenta Fidel, "y el cuarto en Las Falgueiras". Es una zona urbana que antes formaba parte de la Casa de os Caxeras que ahora forman un grupo de construcciones. El fuego era peligroso al iniciarse en pendiente y con tiro ascendente entre las casas. "Pasamos mucho miedo" dice una voluntaria de Cruz Roja de vacaciones en San Ciprián. Con todos los vecinos volcados en la extinción con las mangueras instaladas en el pueblo y desde las bocas de riego "prendieron en el otro lado", una zona de castaños al pie de la carretera "Las Falgueiras".

San Ciprián de Hermisende, a la caza del pirómano

Terrenos quemados en el pueblo por la acción del pirómano. / A. Saavedra

Con mucha preocupación miran para La Ladeira, la colinda detrás de Las Eras, donde hubo otro de los incendios, porque si cambia la dirección del viento "se nos mete en el pueblo. Es donde más peligro hay si pasa". Empezaron con el desbroce y a abrir un camino al río por la parte de abajo pero los trabajos se pararon. La queja es que no se consumó el anillo de protección porque "la máquina" no entra en las zonas con más desnivel, explica Fidel. Tampoco completaron esa limpieza con las cuadrillas de trabajos selvícolas.

El cambio de gestión del monte ha sido negativo desde el punto de vista de los vecinos. En concejo se juntaban los hombres y se les asignaba una zona donde hacer una quema puntual, pero llegó la emigración, el abandono "y los pinos que plantaron que se quemaron y que ya no hemos dejado plantar más. Y quisieron plantar eucaliptos que menos mal que no se pusieron. No dejan ni coger las cepas cuando las sacan". Fidel y su familia sufrieron el pasado año la brutalidad de los incendios del vecino pueblo de A Gudiña donde tienen la empresa familiar y "casi se nos quema la fábrica".

No hay prácticamente ganado doméstico que desbroce a diente el monte. El poco que hay pasta por las huertas y fincas del pueblo y le llega para todo el año. Las calles y las zonas urbanas están limpias gracias a la labor de los operarios del Ayuntamiento de Hermisende.

San Ciprián de Hermisende, a la caza del pirómano

Zona de monte del pueblo, en la que también ha actuado el pirómano. / A. Saavedra

Uno de los incendios se plantó intencionadamente a la altura de la carretera en la zona del cementerio, asolando castaños y arbolado. "Mal está que se quemen los árboles, pero las casas…" reflexiona otra de las vecinas del pueblo.

Un matrimonio de ganaderos ya jubilados que tenían ovejas y cabras a finales del siglo pasado sufrieron las consecuencias de los incendios hace años con el resultado de que "tuvimos que vender las cabras y marchar porque nos quedamos sin pastos".

Hasta tres veces han subido los buldozer a abrir cortafuegos alrededor de las zonas quemadas próximas al pueblo. Ese es otro motivo de queja por los daños que hacen en fincas y paredes que aunque se reclamen "no hacen caso", daños que también alcanzan a determinados hitos de la geografía y el patrimonio geológico del pueblo al que tienen apego. "El año pasado le tocó fuerte a Castromil, este año nos toca a nosotros, a San Ciprián", sentencia una de las vecinas.

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