Riofrío de Aliste venera a San Pedro, el patrono de la iglesia al que las labores veraniegas relegaron a un segundo plano
Primero se trasladó la fiesta “patronal” a octubre venerando a la Virgen del Carmen y en 1995 se volvió a mover a agosto
El 29 de junio había misa y procesión donde el propio alcalde era el encargado de portar en brazos a “San Pedro Chiquito”
El 15 de agosto de 1969 un incendio calcinó la iglesia y sus imágenes quedándose el pueblo sin templo hasta el 4 de abril de 1978
Riofrío de Aliste ha aprovechado la soleada jornada del sábado para vestirse con sus mejores galas y de esta manera venerar a San Pedro Apóstol, patrono de la parroquia, cuya festividad el 28 de junio, en pleno inicio de las labores de la cosecha, trajo consigo antaño que fuera relegada poco menos que al olvido, durante décadas, ya que no eran unas fechas muy propicias para andar gastando (perdiendo) el tiempo en bailes mientras la cebada, el centeno y el trigo estaban en la facera a merced de las tormentas que mal venidas podían dejar las paneras sin el grano para todo el año.
El nacimiento de la Asociación Cultural Vecinal “Riofrío Despierta”, que agrupa a 272 socios, llegada para ayudar a dinamizar la vida social del pueblo ha conseguido poco a poco, sin prisa, pero sin pausa, fraguar la recuperación de la fiesta en honor a su santo protector.
Los actos comenzaron por la mañana con la procesión y la misa cantada por la agrupación alistana de folclore “Manteos y Monteras” que, tras finalizar los actos religiosos, fue la encargada de animar el baile vermut, con un aperitivo y limonada para todos los asistentes.
Una fiesta marcada por la tradición, la convivencia y el buen ambiente que tenía su punto álgido con la comida de hermandad que congregó en el salón social a 92 comensales que disfrutaron de un menú a base de entremeses, muslo de pollo con patata panadera, ensalada, tarta, café y chupito.
Gaitas
Para finalizar tardeo festivo de la mano de “Manteos y Monteras” cuyos folcloristas cautivaron a los presentes con sus bailes al son de las gaitas de fole, dulzainas y tamboriles. Una cita importante para los más mayores que revivieron tiempos pasado de juventud de la posguerra (bailes cada tarde de los domingos) y para las nuevas generaciones de niños, adolescentes y jóvenes que cada día se sienten más identificados con las costumbres y tradiciones heredadas de su abuelos y padres.
Riofrío de Aliste cuenta con la particularidad de ser el pueblo alistano donde más han bailado sus fiestas en el calendario, cambiando hasta en tres ocasiones de día, de mes y de estación por causas de la climatología, las necesidades alimentarias en las familias y las labores agrícolas.
Riofrío tiene como patrono de la iglesia parroquial a San Pedro Apóstol y antiguamente los festejos se celebraban en su día: el 29 de junio. Dos factores determinantes se unieron llevando a los vecinos y feligreses al primer cambio: por norma general se cerraba la primavera con las paneras ya sin un grano de cereal para ir al molino y luego amasar el pan, por lo cual se solía segar, acarrear y trillar la cebada, primera en secarse, antes de la romería de la Virgen de la Salud (2 de julio).
La verdad es que no había tiempo para andar de “Vagar”, perdiendo el tiempo en bailes, aparte que las reservas de la despensa, jamón, lomo y longanizas, escasas, tenían ya destino reservado para las duras faenas de la siega del centeno y el trigo que comenzaba el 3 de julio y continuaba con el acarreo y la trilla hasta septiembre, allá por las fiestas de la Virgen de la Natividad de Abejera.
Autoridades
Las autoridades y justicias de Riofrío reunidas con los vecinos y a la vez feligreses acordaron de mutuo acuerdo el primer cambio pasando las fiestas al mes de octubre (tercer domingo) y a dedicarse a Nuestra Señora la Virgen del Carmen: del verano al otoño, de la siega a la sementera.
El problema de octubre era la climatología y pasado el tiempo con la llegada de la maquinaria, tractores, motosegadoras, trilladoras y cosechadoras, las labores de la cosecha dejaron de ser un problema, acortando los plazos de la cosecha y dejando más tiempo libre, por lo cual se decidía un nuevo cambio que llegaba allá por el año 1994 en que las fiestas pasaron a celebrase de nuevo en la época estival, más concretamente coincidiendo con el cuatro fin de semana de agosto donde ya llevan 32 años manteniéndose con la dedicación a la Virgen del Carmen.
Riofrío como todos los pueblos no se han visto libre de las tragedias y durante nueve años el pueblo careció de templo parroquial. Día 1 de agosto de 1969, festividad de la Virgen de la Asunción, esa fue la trágica fecha en que un incendio convirtió en cenizas la antigua iglesia, de la que solo quedó en pie la sacristía. Apenas si se salvaron las imágenes de San José y de San Antonio y el “Portapaz” que se da a besar por los mozos a los devotos al ofrecer y recibir el “Pan Bendito”. La actual iglesia se abría al culto en 4 de abril de 1978.
El patrono San Pedro estaba representado por una pequeña talla que formaba parte del grupo escultórico antiguo, junto a San Pablo, y en el centro un “Crucifijo”.
Las circunstancias relegaron el “Día de San Pedro” a ser una fiesta menor, eso sí, manteniéndose únicamente la misa y la procesión en la que el propio alcalde del pueblo era el encargado de portar al “San Pedro Chiquito”, pero no en andas, sino en la mano (al cuello) sobre un paño, como se hace en Bercianos aún hoy en día con San Cosme y San Damián.
Día 29 de junio: pastores, vaqueros y mozas
El día 29 de junio era antiguamente una de las fiestas más importantes de los pueblos de la antigua Vicaria de Aliste pues entorno a su festividad tenían lugar diversas celebraciones. Por ejemplo, de San Pedro a San Pedro ejercía el “Mayordomo de la Iglesia” siguiéndose le turno por “Roda” tomando como referencia las fechas de los casorios (bodas).
Por costumbre era también la noche elegida por las mozas para colocar los ramos en las casas de los mozos, algo que ellos habían hecho en la “Noche de San Juana”. Se consideraba a San Pedro el patrono de los pastores y el 29 de junio se “Ajustaba el Pastor” que se encargaba de pastorear durante 365 días las ovejas de todos los vecinos agrupadas en un solo rebaño.
El contrato incluía una “soldada” anual más la llamada “Vela” que dependiendo del número de ovejas cada día correspondía a un vecino propietario de ovejas consistente unas tres libras de pan para la alimentación del pastor y otras dos libras de pan caniego (hecho con harina sin cernir) para los perros “Pal Lobo” y “De Queda”; aparte de ir un miembro de la familia con el como zagal. El pastor era una institución, uno más de la familia, al que se invitaba a las bodas y a las matanzas.
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