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Fonfría y Moveros recuperan los potros de herrar, un símbolo de su patrimonio etnográfico

Estas construcciones fueron durante siglos vitales en los pueblos a la hora de colocar los "callos" a las vacas y bueyes antes de los acarreos y sementeras

Pedro Martín, encargado de la restauración, posa junto a uno de los potros de herrar de la zona. | CH. S.

Pedro Martín, encargado de la restauración, posa junto a uno de los potros de herrar de la zona. | CH. S.

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Chany Sebastián

Chany Sebastián

El Ayuntamiento de Fonfría de Aliste ha iniciado la restauración y recuperación de los antiguos potros de herrar vacas y bueyes como parte imprescindible del patrimonio material e inmaterial de un municipio donde la cantería, especialmente de piedra de granito, forma parte indivisible de su arquitectura tradicional.

Mientras que en los pueblos del "Alto Aliste" para la construcción de los potros de herrar, donde por norma había al menos uno de carácter comunal y comunitario propiedad del concejo, se utilizaba la madera de fresno, roble o negrillo por su dureza, resistencia y aguante a la exposición de las inclemencias atmosféricas; en el caso del municipio de Fonfría fueron afamadas sus canteras de granito, material utilizado preferentemente para las pilastras.

En el marco de la intervención, en una primera fase se ha actuado en la recuperación y restauración de los potros de herrar de las localidades de Fonfría y de Moveros, que ya lucen de nuevo con todo su esplendor.

En ambos casos se conservaban los cuatro pilares de granito y lo que se ha hecho es reponer los travesaños o traveseros de madera y el yugo. El antiguo potro de herrar de Fonfría estaba en un lugar periférico por lo que se ha reubicado en el entorno del Centro Cívico y de la Casa Cuartel de La Guardia Civil.

En una segunda fase se actuará en la reconstrucción del potro de herrar de Brandilanes, que actualmente ya no existe como tal. Los cuatro pilares de cantería están localizados en una antigua escombrera de la que se recuperarán para proceder a su posterior reconstrucción.

Una de las construcciones utilizadas antiguamente en Aliste para herrar a las vacas y bueyes. | CH. S.

Una de las construcciones utilizadas antiguamente en Aliste para herrar a las vacas y bueyes. | CH. S.

En una comarca de tradición agroganadera, los potros de herrar eran el lugar donde se herraban las vacas, en particular en fechas claves antes del inicio de las faenas agrícolas, donde las vacas y más antiguamente también los bueyes, salían al campo uñidos por parejas para afrontar duras faenas.

Así, tiraban del carro las del "acarreo" del trigo, el centeno y la cebada desde la "facera" hasta la era para la trilla. También tiraban del arado romano a finales de septiembre antes de dar comienzo la sementera y, a finales del invierno y principios de primavera, para la "rielva" (arado de las tierras en "Año y Vez" segadas el verano anterior).

El potro de herrar constaba de cuatro pilares con cuatro traveseros longitudinales que los unían entre sí, tres de ellos cuadrados, tipo machón, y uno de ellos redondo para facilitar su giro.

La faena daba comienzo metiendo la res en el potro sujetando su cabeza al yugo y utilizando un cornal de cuero. Acto seguido, se colgaban los dos cinchos bajo el cuerpo de la vaca, enganchados de una parte al travesero cuadrado fijo y del otro al travesero redondo móvil, el cual se iba girando con una reja de arado romana y otra para hacer palanca hasta lograr suspender prácticamente al animal y que luego pudiera aguantar su peso solo sobre tres patas.

Patas

En la siguiente fase del proceso se iba herrando las patas de una en una. Las delanteras colocándolas sobre el "rodillero" de su lado donde se sujetaba con una soga para que el herrador pudiera hacer su trabajo.

Para herrar las patas traseras, donde el peligro era mayor por el riesgo de patadas, se sujetaba la pata del animal estirada aproximadamente a 75 centímetros de altura sujetándola con una soga a la estaca que había en el pilar. De esta manera se evitaba el riesgo de que "patalejara" y soltara alguna patada.

En el caso de las vacas, primero se limpiaba la pezuña de impurezas y luego se herraba poniéndole dos callos sujetos con unos clavos especiales de cabeza cuadrada, untados con tocino, que eran cortados y remachados en la parte exterior.

Así quedaban calzadas las vacas para realizar su trabajo por unos caminos de rodera y tierras, en las que lo que más había era piedras. En tiempos de acarreos, una pareja daba dos viajes por la mañana y dos por la tarde, de ahí la necesidad de protegerles.

Columpios

Los potros de herrar eran uno de los principales lugares elegidos por los niños hasta los años sesenta del pasado siglo XX para jugar, poniendo los "cinchos" aprovechaban para columpiarse en unos tiempos en los que en los pueblos, los columpios que ahora son imprescindibles en cualquier parque infantil, entonces ni existían.

Los juegos no estaban exentos de riesgos, pues los "cinchos" estaban hechos para actuar fijos, no para movimientos muy bruscos, con lo cual los niños a veces abusaban de la confianza y caían midiendo la dureza del suelo, que normalmente era de piedra para evitar el barro.

La jubilación de los agricultores y ganaderos de toda la vida (nacidos durante la Guerra Civil y en la posguerra), junto al éxodo rural, provocaron el declive de la práctica agroganadera y la mayoría de los potros de herrar, muy en particular los que eran de madera, fueron desapareciendo.

De hecho, en algunos pueblos como Valer de Aliste, el potro se trasladó de la plaza de la iglesia a "Las Eras", pero desde hace ya muchos años no hay ni una sola vaca en el pueblo.

Ahora, Fonfría y Moveros se han propuesto recuperar sus antiguos potros de herrar, que constituyen un símbolo de un patrimonio cultural que quieren mantener y preservar.

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