Sanabria-La Carballeda
Villalverde de Justel, humilde cofre de tesoros admirables
La localidad sanabresa, situada en la sierra de Llamas, mantiene su legado histórico con construcciones de esquistos y adobes, además de un patrimonio religioso notable

Calle principal y ermita de Villaverde de Justel.2.- Vista parcial.3.-Arquitectura tradicional.4.- La iglesia y los olivos.5.- Detalle de la Adoración de los Reyes.
La sierra de Llamas es una de las estribaciones orientales de la más importante sierra de la Cabrera. Pese a su carácter extremo y secundario, en sus cumbres todavía se alcanzan alturas de hasta 1236 metros, superando en más de 300 las cotas medidas en las vastas planicies que se extienden contiguas hacia el mediodía.
Justo en la base de esa alineación montañosa, ocupando espacios levemente inclinados, se ubica el atractivo pueblo de Villalverde de Justel. Esa posición le es sumamente ventajosa. Por un lado queda al resguardo de los vientos más desapacibles y por otro recibe con generosa entrega la acción benéfica de los rayos solares. A su vez las tierras de su entorno resultan sumamente fértiles, ricas en aguas, muy aptas para pastos y abundantes en bosques.
Evocando la historia local, uno de los documentos más antiguos en los que aparece citada la localidad está fechado en el año 1228 y se encuentra recogido en el archivo de la catedral de Astorga. En él figura como “Villar Verde in Carballeda”. A su vez se sabe que junto a Justel y Quintanilla fue un dominio directo de los obispos astorganos. A finales del siglo XIII, un caballero llamado Pedro Rodríguez, residente en Cernadilla, consiguió apoderarse de esos lugares y usurpó su señorío. Ante esa agresión, don Martín, el prelado de aquellos momentos, reaccionó con energía, obligándolo a firmar un pacto. Autorizó que el caballero siguiera controlando esas aldeas, pero, a su muerte, éstas habrían de retornar a la jurisdicción episcopal. A cambio de esa cesión, Pedro donó al prelado toda su heredad de Cernadilla. El diploma en el que se refrendó ese acuerdo lleva la fecha de 1293.
Reintegrados, los tres pueblos siguieron siendo propiedad de los obispos hasta alrededor del año 1447. En esas fechas, tras surgir algunas discordias sobre su jurisdicción, pasaron a manos de los Condes de Benavente. Así figura recogido en el "Inventario de los bienes y propiedades de Alonso de Pimentel, III conde". Bajo el poder de esa estirpe nobiliaria permanecieron hasta la supresión de los privilegios feudales del siglo XIX.

Villalverde de Justel, vista parcial / J. S.
Aún siguen manteniendo la ancestral ligazón histórica esas tres localidades, ya que pertenecen al mismo municipio. Su casa consistorial se ubica en Justel, distante de Villalverde unos 5 kilómetros en línea recta, los cuales se convierten en 8 al acudir por carretera. Para llegar hasta aquí desde Benavente hay que recorrer unos 66 y desde Zamora 98.
El casco urbano local reposa mansamente sobre abiertos parajes, enmarcado por prados y sotos arbóreos. Accediendo desde Cubo de Benavente, al llegar, a mano izquierda, se sitúan las antiguas eras. Parte de esos espacios se han aprovechado para habilitar un campo de fútbol. En otros retazos, los más cercanos a las casas, han construido una pista polideportiva, provista de porterías y de canastas. Contiguo se asienta un modesto parque infantil, además de mesas con sus respectivos asientos. La propia carretera cruza todo el núcleo cual si fuera una diagonal. Aprovecha, en su mitad inferior, la calle de Las Eras y en la otra parte, la de San Tirso. De ese eje parten otras calles menores como las de San Justo, la Iglesia y la Fuente. A su vez, en el centro hay una encrucijada o ensanchamiento que hace las veces de plaza.
Al caminar por cualquiera de esas vías comprobamos que destacan las viviendas de nueva construcción, todas de buena calidad, las cuales denotan un positivo bienestar. Aún así perduran vetustas casas tradicionales, algunas rehabilitadas con esmero, pero otras en doliente abandono. Esa arquitectura secular hubo de ser muy atractiva y aún mantiene parte de ese pintoresquismo. Sus muros se construyeron con una rústica mampostería de esquistos y bloques de cuarzo, combinada con tapial y adobes. Además, las cubiertas son totalmente de tejas. Muy característicos, los largos balcones ocupan gran parte de las fachadas, provistos de antepechos de rústicas tablas o con balaustres más elaborados.

Arquitectura tradicional sanabresa en Villaverde de Justel. / J. S.
Los estudiosos de la arquitectura tradicional marcan un contraste muy intenso y poco común entre este pueblo de Villalverde, en el que imperan los tonos rojos, y su vecino de Quintanilla, dominio de pizarras grises y negras y de formas mucho más norteñas.
Singularizándose por su mayor nobleza y solidez, existe un vetusto inmueble dividido ahora en dos propiedades, al cual se le designó como Casa de los Templarios. En la bien ejecutada restauración moderna, al cambiar los tejados, mantuvieron una vieja viga para una de las esquinas, en cuyo extremo aparece tallada una peculiar cabeza humana. Además, en el dintel de la que debió ser la puerta principal, se cinceló una cruz potenzada y dos especies de arquillos de herradura, uno a cada lado. Nada sabemos del por qué de ese nombre de Templarios. Resulta difícil aceptar que perteneciera a esa antigua Orden Militar, pues no existen noticias de que contara con alguna heredad por esta zona. En cuanto al señalado signo cristiano, fue emblema del Hospital Real, o de los Reyes Católicos, de Santiago de Compostela, que es más probable que pudiera haber sido el propietario de esta mansión.
Dos edificios religiosos se mantienen en el pueblo. Uno de ellos es la iglesia parroquial de los Santos Justo y Pastor y el otro la ermita de la Santa Cruz. La señalada iglesia queda apartada del resto de los edificios unos 200 metros. Se sitúa al norte de las frondosas choperas que prosperan junto a las fuentes locales y a orillas del arroyo que surge de ellas. Su ubicación resulta muy apacible, realmente bucólica, rodeada de una naturaleza pujante. Parte de los espacios libres delanteros están ocupados por dos grupos de viejos olivos, protegidos por sólidos cercos de piedras. Sorprende la existencia de estos árboles en la zona, pues el riguroso clima invernal no les es muy favorable. Su presencia se debe a que de ellos se cortaban las frondas verdes para las procesiones del Domingo de Ramos.
El señalado templo se forma con una cabecera cuadrada, el cuerpo más bajo de la nave y una espadaña de tres vanos y remate agudo sobre el muro del poniente. A esa estructura básica le agregaron un soleado pórtico ante la entrada, sujeto sobre esbeltos pilares, la habitual sacristía y una voluminosa capilla en el costado de la epístola. En el muro de esta capilla existe una inscripción en la que se lee "Esta obra se hizo año de 1777 siendo cura dn Joseph Laxarejos M R". La propia iglesia, sin duda se orígenes medievales, en su estado actual presenta formas del siglo XVII. No hace muchos años se han rehecho los tejados.

Iglesia y olivos en Villaverde de Justel. / J. S.
En el interior sus cubiertas son armaduras sencillas de madera y posee arcos de medio punto tanto para el acceso al presbiterio como de comunicación con la capilla aneja. En las paredes se han descubierto restos de pinturas que pudieran ser del siglo XIV. A los pies de la nave se halla el coro, desprovisto de pretil. Su viga frontal aparece ornamentada con una sucesión de rosetas y entrelazos, de notable efecto plástico. El retablo del altar mayor es una obra barroca, dotada de columnas salomónicas en su cuerpo bajo y con estrías ondulantes en el alto. Contiene diversas imágenes, presididas por la de San Justo. Incluye asimismo un sagrario más antiguo y noble, renacentista, sumamente hermoso, con su portezuela curva, muy característica, en la cual se talló un relieve con el Redentor resucitado. Pero aún sorprende mucho más su interior. Aparte de deslumbrar por sus dorados, en su fondo aparece pintado Cristo en la cruz y en el envés de la mencionada portezuela, la Piedad con su hijo muerto sobre su regazo. La calidad de esas pequeñas pinturas es realmente excelsa.
Pero la joya principal aquí guardada es el retablo de la señalada capilla del lado de la epístola, obra renacentista admirable, formada por una basa bastante desarrollada y dos parejas de columnas, con sus fustes engalanados con relieves en su tercio inferior y acanalados en el resto. Sirven de marco para una amplia representación de la Adoración de los Reyes Magos, los cuales se postran con sus ofrendas ante el Niño Jesús. Éste bendice desde el regazo de su madre, bajo la atenta mirada de San José. Todo queda realzado por perfectos estofados y una brillante policromía. Predominan los tonos rojos, azules y dorados.

Detalle de la adoración de los reyes en la iglesia de Villaverde de Justel. / J. S.
Tan notable pieza se elaboró para el Monasterio de Santa María de Nogales, cenobio cisterciense situado en la provincia de León. Formó parte del retablo de la capilla de Santa Catalina o de los Reyes, mandada construir hacia el 1515 por Suero de Quiñones y su esposa Elvira Zúñiga, señores de Villanueva de Jamuz. No se sabe quién fue el escultor que la realizó, aunque, por su estilo, es casi seguro que saliese de las manos de Francisco de la Maza, tallista cántabro establecido en Valladolid. La policromía se debe al pintor Cosme de Azcutia, quien la ejecutó en 1579. Aquí se trajo, por compra, después de la Desamortización de 1835. En esa adquisición debió de intervenir un varón del pueblo que había sido monje del señalado cenobio.
Se han sucedido diversos intentos para trasladar esta obra a los museos de Astorga o a otros centros de arte, pero las gentes locales se han opuesto con gran tesón. A nuestros tiempos llegó muy deteriorada, consiguiéndose una restauración reparadora, realizada según contrato firmado en 2005. Aún se precisan mejoras para consolidar la propia iglesia.
Debido sin duda al apartamiento de la sede parroquial, en el medio del pueblo construyeron una modesta ermita titulada de la Santa Cruz. En ella suelen realizarse las misas y cultos ordinarios. La fecha en la que se alzó es la de 1703, marcada en un sillar externo. El edificio, orientado de sur a norte, posee una espadañuela de ladrillo de un solo vano como reclamo. A su vez, la puerta queda amparada por un porche cerrado con una reja. El interior exhibe una armadura octogonal de madera en su presbiterio, engalanada con sencillos dibujos. Sirve de dosel para un retablo barroco provisto de denso ornamento, en el que se entroniza una imagen del Santo Cristo. Pieza nuevamente de gran valor es la cruz procesional, de formas góticas, pero con decoración ya renacentista. Se completa con hermosa macolla.
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