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La autenticidad centenaria de los Viriatos de Fariza

La romería de los Pendones de Fariza se conserva fiel a su esencia con vídeos del año 1926 que revelan cómo no se ha variado el protocolo, el porteo ni los elementos procesionales

VÍDEO | Romería de los Viriatos en Fariza

Alba Prieto

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Fariza

“Son únicos”. Asegura la investigadora Carmen Tapia que “al 95% no existen unos pendones tan altos, con este peso y estos lienzos blancos” como los Viriatos de Fariza que hoy procesionan abriendo camino hacia la morada de la Virgen del Castillo, coincidiendo con el primer domingo de junio. La romería por excelencia del Bajo Sayago y declarada Fiesta de Interés Turístico Regional, se mantiene fiel a un protocolo y un porteo que se retrotrae un siglo, solo atendiendo a las fuentes audiovisuales conservadas. La más antigua data precisamente del año 1926, un vídeo que fue reproducido durante el II Congreso de Pendones celebrado el pasado mes de mayo en Zamora.

Las imágenes muestran cómo los pendones de antaño son “idénticos a los que tenemos hoy día, tanto en la manera de portarlos, de desfilar, cómo los manejan y portean los pendoneros, los cintos… todo”. No obstante, su origen se remonta como mínimo a la Edad Media, incluso a la época prerromana.

La también autora del libro “Nuestros pendones”, incide en el marcado protocolo que rige a esta romería a la que “cada año se suma más gente”, no solo procedente de Fariza y las siete localidades hermanas restantes. Un auténtico hervidero.

No faltan voluntarios como pendoneros ni cordeleros durante un exigente camino de subida que requiere varios turnos. El orgullo de portar estos elementos antaño se convirtió en motivo de examen en el marco de la Pascuilla: “Ese día se salía de Fariza hacia la ermita para recoger a la Virgen” que permanecerá hasta el primer domingo de junio. Los jóvenes aprovechaban para hacer gala de sus aptitudes y capacidades recayendo en los mayores -remarca Tapia que esto es lo curioso- decidir quién podía portar o no el pendón. Una prueba ya perdida como también lo es la salida en procesión de los crucificados de las ocho localidades hermanadas, una representación que a día de hoy tan solo se acota a la imagen de Fariza.

Con todo, recuerda esta experta en protocolo la gran cantidad de elementos que componen esta procesión -cruces procesionales, pendonetas, crucificados y la Virgen del Castillo-, lo que hace que “siempre se precise la colaboración de un gran número de voluntarios”.

El parón impuesto por el Covid fue la excepción de una romería que nunca ha dejado de procesionar y que es lo que ha conferido ese reconocimiento a nivel regional. En el recuerdo de muchos se mantiene con fuerza la estática presencia de los pendones con sus crespones negros custodiando la iglesia de San Julián.

A su carácter único se suma el empuje de vecinos, la asociación cultural Virgen del Castillo y de expertos como la propia Carmen Tapia para “darles la mayor visibilidad posible”. La última apuesta, un concurso que busca crear un archivo fotográfico para la posterioridad.

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