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Profesiones con vocación

Isabel y Silvia, las primeras madre e hija en la Guardia Civil en Zamora 38 años después de la entrada de la mujer en el cuerpo

38 años después de la incorporación de la mujer a la Guardia Civil, el contagio generacional comienza a escribirse también en femenino. En el puesto de Fermoselle, la joven agente en prácticas Silvia P. Álvarez ha compartido nueve meses de experiencia junto a su madre, la agente y miembro del Equipo VioGén de la Compañía de Zamora, María Isabel Álvarez

Mª Isabel Álvarez, guardia civil del Equipo VioGén (izquierda) junto a su hija Silvia P. Álvarez, agente en prácticas en el puesto de Fermoselle, en el patio de armas de la Comandancia.  | ALBA PRIETO

Mª Isabel Álvarez, guardia civil del Equipo VioGén (izquierda) junto a su hija Silvia P. Álvarez, agente en prácticas en el puesto de Fermoselle, en el patio de armas de la Comandancia. | ALBA PRIETO

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Zamora / Fermoselle

Con apenas cinco años, Silvia P. Álvarez ya interpretaba de memoria el himno representativo del cuerpo del que acabaría formando parte dos décadas después. Se refiere a la Guardia Civil como su "segunda familia", un sentimiento legado por su progenitora del que es consciente desde que tiene uso de razón y que es compartido por buena parte de los hijos de la "Benemérita" tradicionalmente decididos a continuar sus pasos. Es el caso de María Isabel Álvarez y Silvia, las primeras madre e hija destinadas en el puesto de Fermoselle.

Tras casi 45 minutos de entrevista, las lágrimas comienzan a asomar en el preciso momento que se apaga la grabadora. En unos días, esta joven agente zamorana en prácticas pasará a su nuevo destino en la Comunidad de Madrid, alejada del primer puesto que le ha permitido compaginar trabajo y vida personal en el municipio fronterizo que le ha visto crecer. Atrás quedan nueve meses de consejos y entrenamientos compartidos en un momento en el que la mujer, más allá de abrirse paso, comienza a contagiar ese espíritu a sus vástagos.

"Es que era muy pequeña y ya tenía muy claro a lo que se quería dedicar", avanza su madre. La admiración hacia el cuerpo en cada 12 de octubre (día de la patrona, la Virgen del Pilar) es equiparable al orgullo con el que Silvia asistía a los reconocimientos y condecoraciones concedidos a su progenitora. La entrega y dedicación es contagiosa.

La jura de bandera no es un acto extraño para una Silvia que ya lo ha experimentado en dos ocasiones, primero en Baeza como paisano coincidiendo con el 25 aniversario de la salida de su madre de la academia de Baeza en Jaén. Un recuerdo "difícil de olvidar" para la entonces joven universitaria y que, a día de hoy, conserva enmarcado. La segunda jura llegaría ya tras culminar su propia formación, en el Colegio de Guardias Jóvenes "Duque de Ahumada" de Valdemoro el pasado 2025.

El legado femenino que se abre paso

Las agentes Silvia e Isabel junto a un coche patrulla en la COmandancia de la Guardia Civil de Zamora. / Alba Prieto

Esta graduada en Derecho por la Universidad de Salamanca completó su expediente universitario a tiempo para poder incorporarse al centro de enseñanza madrileño, al que acceden previo examen los hijos de agentes del cuerpo de entre 18 y 23 años. "Ella lo tuvo más difícil porque sus cuatro primeros años los ocupó en completar la carrera y el quinto aprobó para entrar, sin más oportunidades", aclara Isabel. El orgullo se palpa en el ambiente. No conforme, esta joven planea ir escalando y especializarse, bien en el Servicio de Información (SIGC) o dentro de la Unidad Orgánica de Policía Judicia(UOPJ). Su madre forma parte del Equipo VioGén de la Compañía de Zamora, una unidad que precisa de un "trato muy cercano con las víctimas" y que supone una labor de 24 horas que "al final se lleva a casa", recuerda Silvia.

El expediente obtenido tras la oposición y posterior formación académica, permitió a la agente zamorana aterrizar en el cuerpo cumpliendo con el primero de sus deseos: prestar servicio en su tierra. Al margen de las ciudades donde "hay más medios", la dispersión territorial incide en una mayor vulnerabilidad poblacional porque "no es que necesiten más ayuda, es que están más solos en general", lamenta esta joven apegada al mundo rural.

Su deseo de iniciar su periodo de prácticas en Seguridad Ciudadana, lejos de ser algo inusitado, forma parte de los valores de abnegación que los "hijos de la Guardia Civil" interiorizan de manera natural. Reflexiona su progenitora que, "aparte de ser una profesión, es un sentimiento en el que haces partícipe a toda tu familia. Y claro, los hijos al final te tienen como referente y acaban accediendo".

La identificación de las familias es tal que hasta quienes se decantan por otras carreras continúan manteniendo ese fuerte vínculo con los valores fundamentales definidos en su Código de Conducta que se estructuran en torno a la moral, la ética y su naturaleza militar. Silvia no puede evitar mencionar a su hermana (enfermera) "quien comparte el mismo sentimiento que nosotras. Por eso creo que una cosa es la profesión en sí y otra el cuerpo". Con todo, la vocación de servicio al ciudadano perdura en la familia.

"Yo siempre le he dicho que hay que ser..." –la mirada de complicidad busca la inmediata réplica de su hija– "...muy cercano con el ciudadano". Lección aprendida. "Pero sobre todo hay que ser muy humano", remarca Isabel, "y esos son los valores que tiene que tener en cuenta siempre".

De no conducir al reconocimiento pleno

Isabel habla desde la experiencia que le otorgan los 35 años de trayectoria en el cuerpo, primero en Salamanca y posteriormente en la provincia de Zamora. Como una de las primeras mujeres en incorporarse a una Guardia Civil –forma parte de la cuarta promoción de mujeres tras la aprobación en 1988 del acceso efectivo–, recuerda que "cuando llegué a la Comandancia no habían visto antes a una mujer guardia civil". Corría el año 1991, una época en la que "si manteníamos conversaciones con los ciudadanos, a mí no se dirigían, solamente a mi compañero. Y si yo hablaba o hacía una pregunta, le contestaban a él".

Arriba, madre e hija junto al mural con el lema del cuerpo. Abajo, junto a un coche patrulla.  | ALBA PRIETO

Madre e hija junto al mural con el lema del cuerpo. / Alba Prieto

Era el comportamiento predominante en una sociedad de fuerte herencia patriarcal y en un cuerpo en el que las mujeres aún no habían rebasado el millar. A día de hoy, la representación femenina en la Guardia Civil alcanza a nivel nacional el 11%, frente al 18,75% que el II Plan de Igualdad establece como umbral operativo de equidad en el periodo 2026-2030.

"Podría contar muchas curiosidades", reconoce Isabel. Desde no conducir el coche oficial a relegarla de aquellos servicios más sensibles. Actitudes que, aclara Isabel, en ningún momento pretendían "aislarme", sino que más bien iban encaminadas a un sentimiento de protección "que yo no quería".

"Desde el primer momento que salí de la academia, sabía que estaba capacitada para hacer lo mismo que mis compañeros, lo que pasa es que me he tenido que esforzar un poquito más". Son las palabras de quien ha abierto camino a las promociones posteriores acostumbradas a que se les respete "por igual que a un hombre". En este punto, Silvia mira a su madre y la admiración se convierte en mutua.

No menor ha sido el avance en materia de conciliación familiar. Recuerda Isabel que hace 35 años "no era igual que ahora": "En los últimos años, se nos han facilitado muchísimo más las cosas", si bien precisa "siempre es difícil compaginar trabajo con familia", pero "estamos en ello".

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