Naturaleza
La Ribera de Brandilanes, el paraíso de Aliste
Los amantes de la naturaleza disfrutan de la aguas cristalinas y puras, de los puentes de piedra y los molinos harineros
Lugar de cita obligada también para los cangrejeros en la época de pesca por la abundancia de cangrejos alóctonos

Vídeo Aliste

La “Raya” de España (comarca de Aliste) y Portugal (región de Tras os Montes y Alto Douro) cuenta con uno de sus paraísos naturales más emblemáticos, cautivadores y ricos en biodiversidad de fauna y flora de la Península Ibérica en la conocida a nivel popular como “La Ribera de Brandilanes”, un lugar idílico para pasar una día en un remanso de paz y sosiego.
Manolo Pérez Rapado, el ilustre “Maestro de Muelas” que dejó grandes y muy buenos recuerdos como profesor en el colegio León Felipe de Tábara, periodo donde inculcó el amor por el senderismo a sus alumnos, disfrutaba el pasado fin de semana de la ruta de la Ribera de Brandilanes junto a un grupo de familiares, amigos y allegados. Una ruta que cada día cautiva a más amantes de la naturaleza, tanto españoles como portugueses, que quieren olvidar lo rutinario para disfrutar de sus paseos campestres entre tranquilas aguas allá donde el paisaje rompe las fronteras.
Un enclave maravilloso y cita obligada para los amantes de la naturaleza dentro del entorno del Parque Natural de los Arribes del Duero en el municipio de Fonfría de Aliste enclavado dentro de la Reserva de la Biosfera Transfronteriza “Meseta Ibérica” de España y Portugal. Ideal para visitar, recorrer y disfrutar los 365 días del año, pero muy en particular en pleno corazón de la primavera con un exuberante verdor y abundantes aguas tras las últimas lluvias.
Se trata de una ruta de senderismo de tipo circular con un recorrido de alrededor de 10,6 kilómetros, de dificultad técnica moderada, que puede realizarse en alrededor de 4 horas y 30 minutos, con una altitud máxima de 762 metros sobre el nivel del mar y de 664 de mínima, que discurre entre Brandilanes de Aliste y Castro de Alcañices, dos pueblos a los que se puede acceder desde Zamora capital por la Nacional 122 cogiendo luego el enlace de su carretera una vez pasado Fonfría y antes de llegar a Fornillos de Aliste. Acceso que lleva también a Paradela e Ifanes en Portugal.
Una ruta marcada por la piedra y el agua como sus elementos principales y más característicos de un paradisíaco entorno y una arquitectura tradicional única, alma, corazón y vida de las gentes de la zona transfronteriza, con pequeñas y grandes piedras aprovechadas durante siglos a la hora de construir molinos, levantar rústicos y peculiares puentes y cercar los prados y cortinas.

Ribera de Brandinales / Chany Sebastián
Los molineros harineros de agua fueron a lo largo de la historia parte imprescindible, vital, para los agricultores y ganaderos en la ribera de Brandilanes. Dos auténticos monumentos son testigo de ello, el “Molino de los Tejeros” y el “Molino de los Carbajos”. Los puentes de piedra son otros de los grandes valores del patrimonio material convertido en auténticas obras de arte.
Una alternativa es complementar el recorrido adentrándose en Portugal para disfrutar del mirador “Peña de las Torres” de Paradela (concelho de Miranda do Douro), desde el cual hay unas de las mejores perspectivas de los Arribes del Duero y muy en concreto del “Poblado de Castro” y su “Salto de Duero”, allí donde las aguas del río separan primero las comarcas de Aliste y Sayago y luego los países de España y Portugal.
Brandilanes contaba en 1826 con 46 vecinos (familias) y 166 habitantes que producían trigo seruendo, patatas y miel negra, destacando el oficio de cardador y el comercio de ganados con Portugal, ya que limita con la aldea de Ifanes.

Ribera de Brandilanes / Chany Sebastián
Poco después, allá por 1849, Pascual Madoz Ibáñez, aseveraba de Brandilanes: “Localidad de la Diócesis de Santiago de Compostela, situado en la Raya de Portugal, en terreno llano y pedregoso, con libre ventilación y clima sano”, época en la que contaba con una emita del Santísimo Cristo y Pósito de Granos. La industria y comercio estaban reducidos a la fábrica de paños ordinarios, que vendían en ferias y mercados del país, y a la exportación de ganado a Portugal.
Además, es la Ribera de Brandilanes un curso de agua muy valorado por los aficionados a la pesca de crustáceos por la abundancia de cangrejos alóctonos.
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