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Aliste

Líbranos del granizo, San Isidro

Agricultores y ganaderos de la comarca alistana cumplen con la rogativa de “bendición de panes” en un mayo donde el principal temor está en las tormentas de granizo

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Chany Sebastián

Chany Sebastián

Ceadea / Alcañices / Trabazos

El Arciprestazgo de Aliste y Alba, integrado por 84 parroquias, vive un fin de semana marcado por la ancestral "bendición de panes" bajo la salvaguarda de San Isidro Labrador, cuya festividad se trasladó al sábado y al domingo para que los residentes y muy en particular los agricultores pudieran compartir la tradición de primavera y de mayo con los emigrantes.

No todos los pueblos la celebran coincidiendo con San Isidro, en otros ya se hizo coincidiendo con San Marcos (25 de abril) como es el caso de la parroquia de la Virgen de la Asunción de Flores o San Gregorio Nacianceno (9 de mayo) en la de Santa Eulalia de Mérida en Valer.

Tras las celebraciones del viernes y sábado, las "bendiciones de panes" continúan el domingo, 17 de mayo, en Ribas y Ufones (oficiadas por Teo Nieto Vicente), en Mellanes, Rabanales y Matellanes (por Pedro García González), en Domez de Alba y Gallegos del Río (por José Alberto Sutil Lorenzo), en Viñas y San Vitero (por Principius) y en Villarino tras la Sierra (Kizito).

Ceadea es el pueblo que más ha venerado a San Isidro con misa y procesión de bendición de campos oficiada por el párroco Pablo Cisneros Cisneros, representación de una comedia, merienda popular y verbena popular con el grupo Radar.

Celebración de San Isidro en Trabazos.

Celebración de San Isidro en Trabazos. / Ch. S.

La "bendición de panes" era antiguamente una de las fiestas más importantes de cada pueblo como así lo demostraba que la procesión iba y va encabezada por el pendón de la parroquia o pendón del concejo, insignia (portada por los mozos) más importante junto a la cruz parroquial de plata (que lleva el Mayordomo de la iglesia) a la que precede, un lujo reservado a procesiones como la de la Fiesta Patronal o La Carrera en la tarde de Jueves Santo.

En el medio rural alistano se denomina "panes" a las tierras de secano sembradas del cerezal, cebada, centeno y trigo, que por este orden se segaban normalmente entre San Juan Bautista (24 de junio) y Santiago Apóstol (25 de julio) para su posterior acarreo a La Era donde la trilla en Las Parvas se extendía prácticamente a todo el mes de agosto pies se hacía con los ancestrales trillos de Cantalejo (Segovia) tirados por las parejas de vacas alistanas.

Agricultores y ganaderos, los cuales en la mayoría de los pueblos ya se cuentan con los dedos de las manos y sobran muchos dedos, salieron de procesión campestre a La Hoja para bendecir los campos. En Aliste, históricamente se siembra por el sistema de "año y vez" al tratarse de una tierra muy pobre. El término se parte en dos, sembrándose un año la mitad, a la cual se llama "hoja" (año), y el otro medio de "labrado" (vez). Por "labrados" se entienden las tierras aradas en primavera con La Rielva en descanso para ser sembradas en la siguiente sementera (otoño).

La rogativa de la "bendición de panes" lanza por norma general las plegarias al cielo en busca de la protección divina de las lluvias, pidiendo agua para evitar las sequías. Este año la cosa de agua ya va sobrada que "cuando para de llover y el agua sigue corriendo por los caminos es que la tierra no aguanta ni una gota más como sucede estos días", asevera Pablo que a sus 94 años de esto sabe.

En Aliste se siembra por el sistema de “año y vez” para dejar descansar la tierra 365 días: a la mitad con cosecha se le denomina “hoja”

Por ello, con los acuíferos bien abastecidos y las fuentes, ríos y arroyos en su máximo esplendor se ha pedido a San Isidro Labrador que controle a las temidas tormentas, que sean benignas, de "agua bien caída", pues el mayor temor está en las "piedras": "Como venga una piedra en un instante puede terminar con todo y dejarnos sin nada" señalan los campesinos, muchos de ellos jubilados, que parte de su tiempo libre dedican a sus adorados huertos, esperando que una granizada no les destroce sus tomates, pimientos, cebollas y lechugas.

En tiempos de las Vicarías de Aliste y Alba, durante su pertenencia primero a la Archidiócesis de Braga en Portugal y luego del siglo XIII hasta 1888 al Arzobispado de Compostela, así lo atestiguan los antiguos manuscritos de los curas de las parroquias, se pedía ayuda "por un agua bien caída" y contra "la sequía" que agostaba manantiales y ríos.

Aunque si a una cosa se le tenía y se le tiene terror era a las "piedras", siendo las más temidas las tormentas que llegaban a Aliste entrando por el Alto de la Luz (Constantim y Moveros) por la que podían "desbagar" (desgranar) las espigas del trigo, el centeno y la cebada o tumbar los panes antes de ser segados e incluso destruir un pueblo como sucedía en Domez de Alba a finales del siglo XIX en que una tormenta incluso a derruir la iglesia: hubo que construir una nueva.

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