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Entrevista | Pedro Simón Periodista y escritor

Pedro Simón: "Lo importante del relato está en lo pequeño, en los detalles"

Pedro Simón presenta mañana, 15 de mayo, en Zamora «Lo inesperado» –19.30 en Semuret–. Volverá el día 28 a Ler. Un reencuentro con la tierra que hunde sus raíces en San Marcial, el pueblo de su padre. Vuelve a sus lectores, a desentrañar el «milagro» de crear un relato de afectos, esta vez con una historia sobre lo que empieza tarde.

Pedro Simón | HUGO G. PECELLÍN

Pedro Simón | HUGO G. PECELLÍN

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Después de la célebre trilogía – "Los ingratos", "Los incomprendidos" y "Los siguientes"–, en "Lo inesperado" vuelve a los manantiales que nutren su obra literaria. La familia, la vejez, los afectos, la enfermedad, el dolor… Esta vez con una mirada cordial hacia las segundas oportunidades.

Sí, creo que al final uno escribe siempre de sus obsesiones. El paso del tiempo es una y las segundas oportunidades también. Pero así como en la trilogía hablaba del paso del tiempo como algo malo, en "Lo inesperado" se ve como algo bueno, que te ofrece una oportunidad, que te puede traer un premio. Dado que hemos empezado hablando de fútbol (la entrevista se realizó horas después de la eliminación del Atlético de Madrid en la Champions, en pleno duelo para un atlético como Pedro Simón), digamos que esta novela habla de los goles en el tiempo de descuento, que siempre son más gustosos que los que se producen durante los 90 minutos.

Vuelve a la quimera de lo cotidiano, esas cosas comunes que nos pasan y pueden llegar a armar una novela. ¿En qué medida la capacidad de observación del periodista alimenta sus libros?

Pues es todo. Lo cotidiano siempre como motor de lo extraordinario porque creo que dentro de algo aparentemente banal puede haber una historia que contar. Ya lo he dicho más veces: todos podríamos ser protagonistas de una novela. Y "Lo inesperado" no tiene que ser necesariamente algo malo; el premio gordo siempre te puede tocar y me parece importante poner la luz en las cosas que llegan tarde y que precisamente por ello importan mucho más. ¿Por qué?, pues porque hay menos tiempo para disfrutarlas, porque tu tiempo ya está más tasado. Eso también tiene que ver con el amor.

Todo lo que sea enlentecer, parar y levantar la cabeza, tiene que ver con la escritura, con las cosas bien hechas. Eso también nos humaniza

En ese afán por el relato de lo cotidiano se entiende mejor que este nuevo libro esté inspirado en una historia real.

Así es. Andando una vez por mi barrio con Pedrito, uno de mis mejores amigos, un señor octogenario que fue mi profesor de literatura en COU, pasábamos por la puerta de un centro de mayores y salían un hombre y una mujer de la mano. Yo le dije a Pedro, me flipa la gente que lleva 50 años junta y todavía sigue yendo de la mano. Y me dice, calla que llevan tres años. A partir de ahí, y con otras cosas que pasaron en mi vida cerca, me dije, ¿y por qué no hablar de una historia que llega tarde y que precisamente por ello importa más?, ¿por qué no hablar de la gente valiente?o del qué dirán.

Pedro Simón

Pedro Simón / Hugo G. Pecellín

Lo políticamente incorrecto; hay quien pensará, el atrevimiento de un nuevo amor, tardío.

Y un acto de rebeldía y un acto de modernidad. Lo joven no siempre es moderno y lo viejo no siempre es caduco. Y en la novela yo creo que los personajes más punkis seguramente sean una niña que tiene 8 ó 9 años y una abuela que tiene en torno a 80. Me parece que ahí hay luz y ejemplaridad también.

¿Por qué le conmueve tanto la vejez?

Porque creo que meto al viejo que ya llevo dentro, con 54 años. Esto es lo jodido, ¿sabes? Yo no me llevo bien con el paso del tiempo porque, como no soy creyente, creo que después de la muerte lo único que hay es el vacío. Y el concepto de vacío me angustia un poco. Es estar en otro plano, en otra dimensión, observando lo que pasa, con otro tipo de existencia, pero pensar en la nada… Entra cierto vértigo. Por eso siempre aparece un viejo y una enfermedad, aparecen heridas. Porque creo que todo eso tiene que ver con el final. Y los libros lo que hacen un poco es exorcizar eso, o decir que no tiene por qué ser necesariamente el final ese. Pero, claro, al final irremediablemente va a ser.

En su relato cuida mucho el detalle, por nimio que sea, como la descripción de la llegada de un grupo de jubilados del Imserso al autobús para emprender un viaje.

Yo creo que eso nos viene del periodismo. Tú también tienes muchos años de oficio y nos ha tocado ver muchas cosas, a gente muy rota, en muchos planos y casi siempre desnudándose delante de ti, contándote cosas que no contarían en otro lado. Yo creo que ahí somos un poco como psicólogos, como pintores impresionistas. De esa observación me viene este aliento o esta forma de contar. Y creo que lo importante del relato está en lo pequeño, en los detalles, en contar si un tío lleva las uñas sucias o no, o si lleva el pelo con grasa o si lleva las zapatillas desabrochadas. Eso tiene que ver mucho con el periodismo.

No me llevo bien con el paso del tiempo porque, como no soy creyente, creo que después de la muerte lo único que hay es el vacío

¿Encuentra en el periodismo esa prioridad por el detalle, está el oficio a lo que le interesa de verdad a la gente?

Nos metemos en un tema delicado y no querría yo parecer como supremacista o dar lecciones de nada; nada más lejos de mi ánimo. Puedo hablar como lector, no como contador de historias. Y como lector hay muchas cosas que no me gustan, tanto por el fondo como por la forma. Por el fondo, porque todo es guerracivilismo, absolutamente. Y si mañana Pedro Sánchez dijera que las zanahorias son maravillosas, media España dejaría de comer zanahorias. O si mañana Ayuso dijese que las mandarinas son estupendas, media España dejaría de comer mandarinas. Somos así de pueriles. Y por la forma, porque creo que las prisas lo atoran todo, lo empantanan todo, en las relaciones personales, en la forma de decirnos y, por supuesto, en la forma de hacer periodismo. Hay una inmediatez que está muy demandada por la trinchera, por la guerra. Es imposible contrastar las cosas. Parece que lo importante es el ruido y a mí eso como lector me agrede. Porque nosotros venimos de cocinar a fuego lento y un poco más de los silencios. Por lo menos tenías veinticuatro horas en un periódico para contrastar algo. Ahora a los dos minutos quieren que lo tengas contrastado. Eso es absolutamente imposible.

El medio rural es una cosa muy dura y precisamente por eso necesita más recursos y más peraltes, más ayudas

Ante ese escenario, es un privilegio poder hacer cosas fuera de esa inmediatez tan atropellante.

Y es una pena que se algo excepcional porque es lo que nos humaniza. Lo que no podemos es trabajar a un ritmo mucho más acelerado del que nos marca la naturaleza y las estaciones. Es lo que hacemos y nuestro cerebro no está programado para todo esto. Estoy pensando en las pantallas también. Todo lo que sea enlentecer, lo que sea parar y levantar la cabeza, eso tiene que ver con la escritura, con las cosas bien hechas. Eso también nos humaniza. Porque vivimos una sociedad muy masturbatoria que lo que hace constantemente es solemnizar el yo, mi cuenta de Instagram, mi perfil. Hay que hablar más del nosotros y menos del yo.

¿Pero ve posible resistirse a las redes sociales?

Yo creo que para alguien que empieza, no. Alguien de 25 años que entra en este tinglado, tiene que entrar por ese aro digital sí o sí. Pero los que ya tenemos la edad del padre o de la madre de esa criatura que empieza, creo que estamos dispuestos, yo lo estoy, a perdernos cosas a cambio tener más espacios de quietud. Para mí el verbo clave ahí es "desambicionar". Cuando "desambicionas" te liberas, dejas esas trincheras para otra gente y tú te dedicas a lo tuyo.

Prefiero perderme cosas a cambio de más espacios de quietud

Decía hace unos días Manuel Vicent que el éxito de un periodista no está en ser leído sino en ser creído. La credibilidad como único patrimonio.

Totalmente de acuerdo. Y también el otro día leí una frase, alguien decía que nunca fue tan fácil contar algo y tan difícil que te creyeran. Lo que genera todo este ruido y toda esta multiconexión es que todos podamos decir algo. Pero, ¡ay amiga!, cómo distinguir lo que vale de lo que no vale. Me parece que el mérito es esto que tú dices.

Sin abandonar el ejercicio del periodismo, asombra su capacidad de ponerse frente al libro, que no deja de ser una página en blanco ¿Cómo compatibiliza eso?

Para mí el motor más grande de los dos es el del periodismo. Yo vivo en la periferia de Madrid, me interesan las periferias en todos los sentidos, las geográficas, las que tienen que ver con la salud, con la violencia, con la desigualdad, todo eso es periferia. Estamos muy acostumbrados a que te venga un discurso del centro siempre, como si las periferias no pudiesen opinar de nada. Ni los enfermos ni la gente que está presa ni la gente que está en desigualdad. A mí esa periferia me mantiene vivo y hace que cada día de mi vida, cuando llego a mi casa, se me quiten muchas gilipolleces de la cabeza. Hace poco estuve con una chica que se había quedado tetrapléjica con 20 años, el día de Nochebuena, 20 años, la edad de mis hijos. A mí qué más me da que mi hijo suspenda tres asignaturas en Farmacia si tú vienes de ver que una chica está así. Este lunes estuve con una chica guapísima, una modelo guineana, a la que con cinco años le sometieron a una mutilación genital femenina. La chica arrastra un trauma y cuenta con pelos y señales lo que le hicieron con cuatro años y medio o cinco. Es increíble, porque yo no tengo recuerdos de esa edad. Entonces llegas a tu casa después de esto y se te quitan las bobadas. Y el día en que yo deje de estar ahí, sé que se me meten más los fantasmas que todos los tenemos. Por eso creo que esa es una buena trinchera contra los fantasmas. De alguna manera, escribir una novela es solemnizar lo tuyo siempre, aunque tú hables por voces de otro. Y cuando escribes, estás solemnizando el nosotros, porque esa historia es real y tú la estás contando para compartirla.

Me interesan las periferias en todos los sentidos, es lo que me mantiene vivo y hace que se me quiten muchas gilipolleces de la cabeza

Periferia es también esta provincia de Zamora y desde luego el pueblo de su padre, San Marcial, guarida e inspiración.

El medio rural es una gran periferia y el medio rural en Zamora es periferia entre las periferias como bien sabes, porque es de las regiones de Europa con menos densidad de población y por lo tanto con menos servicios y con menos oportunidades. Yo siempre digo que habría que repensar el medio rural, pero desde el propio pueblo, no desde la azotea de lo urbano o ese centro de poder que puede ser Valladolid, Madrid o Bruselas. El medio rural hay que repensarlo desde el propio bar o desde la bodega y pensar que tiene que haber cosas que sucedan en los pueblos de lunes a viernes y no solo los fines de semana. Porque más allá del trabajo, los servicios, los centros de salud o los colegios, que por supuesto, para mí una palabra clave en el medio rural, y que utilizamos poco, es el ocio. Un chaval ganadero de 30 años tiene que tener espacios de ocio, no puede estar su vida absolutamente inmolada y estar ocho años sin un día de vacaciones. Yo conozco a gente así, pero ¿quién quiere esa vida? En otros países hay modelos. Y al igual que el dinero público se utiliza fantásticamente para residencias, para arreglar carreteras o hacer parques y hospitales, hay que plantear que a ese sector de la economía tan importante hay que habilitarle espacios de ocio. Y a lo mejor hay que subvencionar ganaderos que te hacen un fin de semana, una especie de plantilla de funcionarios, como pasa en Francia que te dan una cobertura para que el pastor puede irse el fin de semana a Castellón, por ejemplo.

Habría que repensar el medio rural, pero desde el propio pueblo, no desde la azotea de lo urbano o ese centro de poder que puede ser Valladolid, Madrid o Bruselas

Desde la óptica periodista de estas periferias late la sensación de que desde Madrid se ve la vida rural como algo exótico, hay cierta frivolidad a la hora de escribir sobre la vida en los pueblos.

Estoy de acuerdo con la definición de exotismo, pero también creo que hay otra palabra peligrosa que es romantizar. Te crees que lo del pueblo es una puesta de sol y qué bonitas las ovejas balando. El medio rural es una cosa muy dura y precisamente por eso necesita más recursos y más peraltes, más ayudas. Y tenemos que hablar de la dureza del medio rural porque cuando decimos, me voy a ir a vivir a una aldeíta de 20 habitantes cuando me jubile, sí, cuando te jubiles, vete, a ver qué tal, a ver cuánto duras

Un tema muy sugerente para el eterno observador que es Pedro Simón.

No es mala idea esto que dices, pero la siguiente novela que tengo pensado escribir, cuando descanse un par de años, es un problema que tenemos en España, y más en concreto en Madrid, que es el tema de la vivienda. Una vez un amigo mío que es juez me contó un caso que había tenido entre manos con un problema de la vivienda y me dejó absolutamente aterrado. Y me dije, aquí habría que escribir algo.

Ahora está metido en la vorágine de presentaciones, cómo lo vive alguien a quien le gusta estar en la trastienda.

Pues con gratitud, porque al final en España se editan alrededor de 90.000 libros al año, y que te hagan un poco de casito, cómo vas a ser tan cretino de quejarte. Pero le decía a mi chica, cuando salía por la puerta de casa camino de Valencia, que llevo cada vez peor esto. Y no es que haya escrito tantas novelas, pero es muy demandante emocionalmente. Porque tú no puedes responder a alguien que te está preguntando si no te desnudas, si tú no hablas desde la verdad o desde la honestidad o desde cierta pasión cuando contestas.

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