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Concentración

La madre de Leticia Rosino: “No pido venganza, pero sí que la Ley reconozca que hay delitos que no pueden medirse por la edad”

Sin odio, pero dejando claro que una vida no vale ocho años de cárcel, Inmaculada Andrés ha pedido la reforma de la Ley del Menor para casos de violación y asesinato: “Hay límites que no pueden tratarse igual”.

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Verónica de Castro

Verónica de Castro

Tábara

El cielo de Tábara, repleto de negras nubes, parecía ser un reflejo de la tristeza y el dolor de las más de 300 personas que se concentraban en la Plaza Mayor de la localidad para recordar a Leticia Rosino, la joven tabaresa de 32 años que fue violada y asesinada hace 8 años en Castrogonzalo por un menor de 16 que, tras cumplir su condena, sale en libertad.

Con entereza y sentimiento, la madre de Leticia, Inmaculada Andrés, tomaba la palabra para recordar a su hija, pero sobre todo para pedir, sin odio y con contundencia, la reforma de la Ley del Menor para casos de violación y asesinato porque “hay límites que no pueden tratarse igual”.

Reformar la Ley, incide Andrés, “es proteger a la sociedad y a posibles víctimas” porque, insiste, “la Ley debe también ser comprensible para quienes lo han perdido todo”. “No quiero odio, quiero una justicia que se entienda. Quiero una sociedad justa donde la Ley del Menor mantenga su función educativa, pero que conciba que hay delitos que rompen todos los límites”, asevera.

Concentración en Tábara en recuerdo a Leticia Rosino. Se pide la reforma de la Ley del Menor con motivo de la puesta en libertad de su asesino

Concentración en Tábara en recuerdo a Leticia Rosino. Se pide la reforma de la Ley del Menor con motivo de la puesta en libertad de su asesino / José Luis Fernández / LZA

Andrés dice no querer venganza, pero sí que la Ley reconozca que hay delitos que “no pueden medirse por la edad”. El 3 de mayo es un día “doloroso, horroroso, marcado a fuego en el corazón”, y desde hace ocho años su familia vive “en una cadena perpetua emocional”.

El recuerdo de la sonrisa de Leticia ha estado muy presente, y tampoco han faltado en los carteles de la concentración y en el atril los girasoles, la flor favorita de Leticia, que se han convertido además en broches que lucían gran parte de los asistentes: “Leticia seguirá en su nicho y yo seguiré yendo al cementerio cada día a llevar una flor y a dejarle un beso en una fría piedra de mármol”, decía Inmaculada con tanto amor como dureza.

Hay frases, continuaba Andrés, que ninguna madre debería pronunciar: “Mi hija está en el cementerio, en la oscuridad para siempre, y su asesino sale hoy en libertad”. El asesino de Leticia, que residirá a partir de ahora en el País Vasco, ya ha cumplido los ocho años de prisión a los que fue condenado, y tiene durante los próximos cinco años prohibida la entrada en Tábara y en Castrogonzalo.

“La reinserción es necesaria, pero la proporcionalidad también”, remarca Andrés, que vuelve a mostrar un dolor profundo, sin lágrimas, pero que deja sin palabras; al decir que habla desde el vacío, “desde la silla que ya no se ocupa, el cumpleaños que no se celebra y desde la ropa que sigue en el armario”. “La Ley protege el futuro del menor, pero, ¿quién protegió el futuro de mi hija?”, se pregunta la madre de Leticia.

Concentración en Tábara en recuerdo a Leticia Rosino. Se pide la reforma de la Ley del Menor con motivo de la puesta en libertad de su asesino

Concentración en Tábara en recuerdo a Leticia Rosino. Se pide la reforma de la Ley del Menor con motivo de la puesta en libertad de su asesino / José Luis Fernández / LZA

La familia de la joven, junto a otras cuatro familias más en su misma situación, registró hace unos días en el Congreso 130.000 firmas para pedir esa revisión de la Ley del Menor en delitos extremadamente graves como el de Leticia.

Piden aumentar el tiempo máximo de internamiento, siempre en régimen cerrado; evaluar el riesgo real en cualquier salida del asesino, diferenciar claramente los delitos extremos y facilitar asesoramiento jurídico y social sobre los derechos de las víctimas.

“Esto es por todas las que están vivas, ya no puedo hacer nada por mi hija, pero habrá más que vendrán detrás”, sentencia.

Las preguntas quedan en el aire: ¿De verdad ocho años pueden compensar una vida? ¿De verdad la sociedad cree que el daño termina cuando termina la condena? Y, mientras tanto, los girasoles que tanto gustaban a Leticia, como su familia y amigos; siguen buscando ese rayo de sol que les ayude a seguir adelante.

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