Entre fiordos ibéricos y un gas invisible: Diez formas de disminuir el radón en los Arribes del Duero
El científico Jordi Díaz-Marcos analiza el impacto del gas radón en la comarca de Sayago
El Consejo de Seguridad Nuclear clasifica municipios como Fermoselle dentro de zonas de potencial significativo de radón
"Tenemos localizado el problema, sin duda, es el momento de actuar"

Paisaje de los Arribes del Duero / LOZ
Jordi Díaz Marcos, científico con raíces fermosellanas por parte materna, es Doctor en Química por la Universidad de Barcelona (UB), donde ejerce de especialista de microscopía y nanotecnología. Es ingeniero de Materiales (UPC) y postgrado de Comunicación Científica (UVic). Lidera los grupos de divulgación de las Nanotecnologías NanoDivulga UB y EspaiNano. Como autor especializado en nanotecnología, ha publicado cuatro obras, destacando L’aventura de Berta a Nanoland (IV Premi Internacional de Divulgació Científica Ciutat de Benicarló 2019). Ha recibido varios premios y reconocimientos, entre otros, el Premio Nacional de Comunicació Científica 2018 y el Premio de Divulgación de la UB, SOCIEMAT y la Societat Catalana de Química.
Aquellos maravillosos años
Los veranos de los años 80 y 90 permanecen intactos en mi memoria, como si el tiempo se hubiera detenido en las empinadas calles de Fermoselle. En aquel entonces, la vida se medía en partidos de fútbol improvisados, partidas de escondite y la adrenalina del "bote, bote" desafiando la rudeza de las cuestas zamoranas. Eran días de rodillas desolladas —gajes del oficio tras una carrera desesperada por no ser atrapado— que terminaban siempre en el mismo ritual: la reprimenda de la abuela Araceli que, entre regaños, aplicaba con mano experta las curas necesarias para volver al asfalto al día siguiente, no sin antes un pequeño coscorrón y una aviso para que el ritual no se repitiera el día siguiente. En aquellos años, el contacto con el Duero y el Tormes era casi anecdótico; meros refugios climáticos donde mitigar el rigor de los termómetros en agosto.
De los fiordos noruegos a los “fiordos ibéricos”
Sin embargo, el destino aguardaba con una revelación tardía. Ha tenido que pasar el tiempo para que el paisaje revelara su secreto mejor guardado: los Arribes del Duero. Lo que para el chaval eran solo ríos cercanos y desconocidos, para el adulto se convertirían en un tesoro visual de dimensiones colosales.
Hablamos de cañones que se amplían hasta los 400 metros de altura, tajos verticales esculpidos por la paciencia milenaria del agua del Duero. Son, por derecho propio, los fiordos ibéricos; una muralla de roca y biodiversidad que compite sin complejos con la espectacularidad de los homónimos noruegos.
Este rincón escondido de la geografía peninsular es el recordatorio vivo de que la naturaleza, cuando decide ejercer de artista, es capaz de trazar escenarios inimaginables. Hoy, aquellos que antaño solo buscábamos la sombra en Fermoselle, regresamos para quedar boquiabiertos ante la magnitud de un abismo que siempre estuvo ahí, esperando a ser descubierto.
Pero bajo esa belleza se esconde una característica geológica con implicaciones sanitarias.

Medidas / LOZ
La amenaza invisible bajo el granito: El enemigo silencioso de los Arribes
Pero la majestuosidad de este paisaje que esculpe estos acantilados de infarto esconde un enemigo invisible, peligroso, incontrolable: El Radón, un elemento con profundas implicaciones sanitarias.
Este gas radiactivo de origen natural es hijo directo de la desintegración del uranio presente en rocas como el granito, el material que reina en esta comarca zamorana. El radón juega con las cartas marcadas: es incoloro, inodoro e insípido. Se aproxima silencioso desde el subsuelo, colándose en nuestros hogares a través de grietas, juntas y conducciones, para acomodarse discretamente en espacios cerrados y faltos de ventilación.
Las implicaciones médicas no dejan lugar a dudas. El Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (CIIC) lo sitúa en la misma lista negra que el humo del tabaco., el amianto o el benceno, clasificándolo como un carcinógeno humano de primer nivel. Los datos son escalofriantes: es la segunda causa de cáncer de pulmón en la población general y, lo que es aún más alarmante, la primera entre los no fumadores.
Así, por ejemplo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que entre un 3 % y un 14 % de los tumores pulmonares están estrechamente ligados a este gas. Además, posee un efecto multiplicador letal cuando se cruza con el tabaquismo: el riesgo de desarrollar la enfermedad puede dispararse, de media, hasta 25 veces más en pacientes fumadores expuestos a altas concentraciones prolongadas.
Fermoselle: Zona cero del mapa del radón
Este no es un problema baladí ni lejano a los paisanos follacos. El Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) sitúa a municipios como Fermoselle en el punto de mira, catalogándolos como zonas de potencial significativo de radón, con valores de referencia que superan los 300 Bq/m³.
Esta tormenta perfecta se forma por la suma de dos factores: un subsuelo eminentemente granítico y un parque de viviendas tradicionales —muchas de ellas centenarias— construidas en contacto directo con el terreno, lo que convierte a estas casas en trampas de acumulación si no se toman medidas correctoras.
Un plan de acción: 10 estrategias para plantar cara al radón
Tenemos localizado el problema, sin duda, es el momento de actuar. Si bien es imposible "tapar" geológicamente los Arribes, el radón no es una condena ineludible. No se elimina mágicamente de una vez, sino que se gestiona: reduciendo su entrada, facilitando su evacuación y controlando su acumulación.
Basándonos en las guías técnicas más exigentes (EPA, OMS, y normativas europeas como el CTE HS6), este es el decálogo definitivo para proteger nuestros hogares:
- Medir antes de actuar: Medir antes de actuar: Es el paso innegociable. Se deben usar detectores integradores durante al menos tres meses para obtener una media anual fiable, evitando los engañosos sesgos estacionales. Sin datos reales, cualquier obra es pura especulación.
- Sellar grietas y puntos de entrada: El gas se cuela por fisuras, sumideros y pasos de instalaciones. Aunque taponarlos reduce la infiltración, es solo una medida de apoyo; rara vez soluciona el problema por sí sola.
- Ventilación natural estratégica: Abrir ventanas y forzar corrientes cruzadas alivia concentraciones moderadas, pero es una solución inestable y dependiente del clima.
- Ventilación Mecánica Controlada (VMC): La instalación de sistemas mecánicos (idealmente con recuperación de calor) garantiza una renovación del aire constante y programada, superando con creces la eficacia de la ventilación natural.
- Despresurización del terreno (El Gold Standard): Es el as bajo la manga y la técnica más letal contra el gas. Consiste en instalar una red de tuberías y un extractor bajo la casa que aspira y expulsa el radón antes de que logre cruzar los cimientos. Indispensable en viviendas con niveles graves (>300 Bq/m³).
- Forjado sanitario ventilado: Crear una cámara de aire entre el suelo y el suelo de la casa sirve como "zona tampón". Al ventilar este espacio (de forma natural o mecánica), el gas se diluye antes de subir.
- Barreras anti-radón: En obra nueva o rehabilitaciones profundas, instalar láminas plásticas impermeables al gas bajo la cimentación es fundamental. Hoy en día, el Código Técnico de la Edificación (CTE) ya las exige en zonas de alto riesgo.
- Presurización interior: Consiste en inyectar aire limpio en la vivienda para crear una ligera presión positiva. Esta "fuerza" empuja hacia abajo, impidiendo que el radón del subsuelo logre ascender al interior.
- Tratamiento del aire: Los purificadores y filtros especiales pueden atrapar las partículas radiactivas en las que se desintegra el radón, aunque es solo un complemento temporal que no soluciona el origen de la fuga.
- El escudo del estilo de vida: Dado que el riesgo sanitario del radón se multiplica exponencialmente con el tabaco, dejar de fumar es la decisión médica más drástica y efectiva para blindarse contra el cáncer de pulmón asociado a este gas.
Arribes del Duero: zona de potencial elevado
El Consejo de Seguridad Nuclear clasifica municipios como Fermoselle dentro de zonas de potencial significativo de radón (valores de referencia ≥300 Bq/m³). Esto es debido a la combinación de geología granítica y viviendas tradicionales (muchas con contacto directo con el terreno) lo que favorece la acumulación si no hay medidas correctoras.
Un paraíso a cielo abierto: El único riesgo es enamorarse
Este riesgo químico no debe asustarnos, simplemente nos pone alerta. Los Arribes del Duero continuaran siendo uno de los destinos naturales más espectaculares, desconocidos y sobrecogedores de la península. El radón no le resta ni un ápice de belleza a este paisaje milenario; simplemente nos recuerda algo fundamental: incluso en los parajes más idílicos, la ciencia actúa como un faro que nos ayuda a ver lo invisible y a tomar decisiones informadas para seguir disfrutando de entornos de ensueño con total seguridad.
Para el viajero y el turista, hay un dato crucial y tranquilizador que debe quedar grabado a fuego: el peligro del radón es un problema estrictamente de interiores. En espacios cerrados, mal ventilados y en contacto con la roca, es donde el gas se acumula y se vuelve dañino. Sin embargo, al aire libre, este gas se diluye de forma inmediata en la atmósfera, volviéndose completamente inocuo.
Por lo tanto, caminar o jugar en las bellas calles de Fermoselle, asomarse al abismo en los miradores y respirar la brisa fresca del Duero y el Tormes es una experiencia absolutamente segura…y recomendable.
De hecho, si como químico tuviera que emitir una última advertencia de salud pública sobre la visita a la intemperie de estos fiordos ibéricos, sería de carácter muy distinto. El único riesgo real que asume el viajero al plantarse frente a la inmensidad de estos cañones es de tipo cardiovascular: que la fuerza y la belleza de sus vistas os acaben conquistando el corazón para siempre.n
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