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Mujeres y fuego: el salto del piorno de Andavías y La Hiniesta aspiran a ser declarados Bien de Interés Cultural

El historiador José Ignacio Martín Benito insta a la Junta a proteger el ritual, una "tradición única y singular" vinculada a la fiesta de Santa Águeda

El "salto del piorno" de Andavias en honor de Santa Águeda

José Luis Fernández

El salto del piorno es una "tradición única y singular" muy arraigada en las localidades de Andavías y La Hiniesta, además de una seña de identidad de la provincia de Zamora. En estas y otras razones de peso, el histórico procurador del PSOE en las Cortes de Castilla y León y Doctor en Historia por la Universidad de Salamanca, José Ignacio Martín Benito, sustenta la solicitud elevada a la Consejería de Cultura de la Junta para que el salto del piorno de ambas localidades sea declarado Bien de Interés Cultural (BIC) de carácter inmaterial. En este punto, hay que recordar que la Ley de Patrimonio Cultural de Castilla y León contempla como BIC aquellos bienes inmateriales singulares y relevantes vinculados a usos sociales, rituales, actos festivos o deportes autóctonos.

La solicitud de protección que Martín Benito ya ha remitido a la Junta se complementa con un exhaustivo informe, que lleva por título "El salto del piorno, un ritual ígneo en Andavías y La Hiniesta", en el que realiza un repaso de la tradición, sus singularidades o su dilatada historia.

En su completo análisis, el historiador resalta que el salto del piorno de Andavías es un rito ceremonial que tiene lugar en el contexto de la celebración de Santa Águeda, tradición que se ha transmitido de generación en generación y sin interrupciones a lo largo del tiempo.

En su opinión, la declaración de BIC debería extenderse a la cercana localidad de La Hiniesta, en la que el rito se practica de manera continuada desde 1984, cuando la cofradía de Santa Águeda fue recuperada, tras estar inactiva entre los años 1968 y 1983.

El salto del piorno, según detalla Martín Benito en su estudio, es uno de los actos más destacados del conjunto de celebraciones que tienen lugar en torno a la festividad de Santa Águeda en Andavías y en La Hiniesta. Además, en su opinión, el ancestral ritual reúne los requisitos exigidos para su especial protección por su singularidad, su valor etnológico, su profundo arraigo en ambas localidades y su continuidad histórica.

Las mujeres, protagonistas

En el caso del que se celebra en Andavías, el historiador realiza en su memoria una exhaustiva descripción del preludio y del propio ritual que, cada año, tiene lugar en la tarde del 6 de febrero. Las protagonistas son las mujeres de la cofradía de Santa Águeda, que acuden a la cita festiva ataviadas con vistosos y coloridos trajes, que forman parte de la indumentaria tradicional de la comarca de Tierra del Pan.

Tras compartir una comida de fiesta y "despachar asuntos de la hermandad", desde la casa de la mujer que al año siguiente ostentará el cargo de mayordoma en la cofradía, las participantes desfilan al ritmo que marca la música de Laflauta y tamboril. Y es que la música es uno de los elementos esenciales de la fiesta, tanto en el aspecto profano como religioso. De hecho, desde que fueran aprobadas las ordenanzas de la cofradía en el año 1851, al libro de cuentas empezaron a incorporarse los gastos del tamborilero cinco años más tarde, coste que en la actualidad asume el Ayuntamiento de Andavías.

En el marco de la ceremonia, uno de los momentos más esperados es la llegada de las participantes al lugar en el que se prenden las ramas del piorno formando una pequeña hoguera. Cuando las llamas se avivan, las hermanas de la cofradía se colocan en fila y, de una en una, "saltan el fuego tras arremangarse las sayas de su indumentaria tradicional". Esta acción, como relata Martín Benito, la repiten varias veces e incluso desafían al fuego en pareja. Durante el ritual las mujeres también forman un corro para cantar y bailar alrededor de la hoguera prendida con piorno.

Mujeres bailan y cantan alrededor de la hoguera en la fiesta celebrada el pasado mes de enero.

Mujeres bailan y cantan alrededor de la hoguera en la fiesta celebrada el pasado mes de enero. / José Luis Fernández

Una de las estampas más emotivas de la tradición de Andavías es el salto generacional que protagonizan la abuela, la hija y la nieta. Las dos primeras suelen formar parte de la cofradía de Santa Águeda, a la que más joven anhela incorporarse algún día. Esa transmisión de la tradición también se alimenta con la participación de niños y jóvenes en una fogata secundaria, en la que ensayan saltos y brincos desafiando al fuego. De todos los preparativos necesarios para prender la hoguera, como especifica el historiador, se encarga la denominada "cofrada nueva", que en el traspaso de mandos de esa misma noche tomará el espadón en su casa, ante la presencia del resto de integrantes de la hermandad. Ese valor añadido de un legado vivo que comparten distintas generaciones de una misma familia es uno de los pilares de la solicitud remitida a la Junta.

Arraigo histórico

Otra de las razones de peso en las que se sustenta la solicitud de la especial protección del ritual es su arraigo histórico. Y es que, en Andavías ya se tiene constancia de la existencia de la cofradía de Santa Águeda en el año 1732. No obstante, según Martín Benito, la intervención episcopal en las cofradías y, en especial en la de Santa Águeda, dividió a cofrades y mayordomas en dos grupos. Uno era partidario de emplear los recursos en una celebración estrictamente religiosa y el otro era más proclive a lo profano, aunque finalmente en Andavías continuaron celebrando su fiesta en honor de Santa Águeda conforme a su tradición.

Precisamente, Martín Benito resalta en su análisis que "lo religioso no es incompatible con lo mágico" y que, si en el templo las cofrades de Andavías imploran el auxilio de Santa Águeda, ya en la calle celebran el "atávico" rito del salto del piorno, rememorando una práctica en la que confieren al fuego propiedades protectoras contra las enfermedades. Así, como matiza "en el salto del piorno las llamas llegan a confundirse con la silueta de las saltadoras que atraviesan la hoguera, con lo que quedan protegidas y purificadas".

Para el historiador, la declaración BIC solicitada para el ritual de fuego que perdura en Andavías, debería extenderse a La Hiniesta, localidad en la que la cofradía de Santa Águeda era una de las cinco que ya existía en el siglo XVIII.

En la década de 1980, como matiza, la fiesta de las Águedas se adelantaba a finales de enero y, en la víspera, las mujeres recreaban el tradicional salto del piorno, ritual que se complementaba en la jornada festiva con otros actos como una misa o la popular "petición de la miaja".

En este caso, la fogata se prendía al oscurecer el día, una vez concluido el rezo de las vísperas. Las mujeres, ataviadas con ropa de calle, bailan y danzan en torno al fuego, al que desafían con sus saltos y brincos sobre la hoguera. Martín Benito defiende en su propuesta la singularidad de una celebración "única" que ha logrado mantenerse en el tiempo, a la que añade valor la riqueza etnográfica que aportan la música o la indumentaria tradicional que, con orgullo, lucen las mujeres.

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