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La Carrera vuelve a sobrecoger a Villarrín de Campos con su silenciosa tarde de Jueves Santo

En Villarrín de Campos, la tradición de La Carrera, con sus penitentes descalzos y mortajas blancas, ofreció una estampa de austeridad y recogimiento durante el Jueves Santo.

VÍDEO | Los penitentes de Villarrín de Campos cumplen La Carrera, una de las procesiones más antiguas y singulares de España

Leticia Galende

A. B.

La procesión de La Carrera volvió a recorrer este Jueves Santo las calles de Villarrín de Campos en un ambiente de profundo recogimiento. La cita, una de las tradiciones más singulares de la Semana Santa local, estuvo marcada por la sobriedad de un desfile en el que los penitentes avanzaron descalzos y vestidos con mortajas blancas, acentuando la fuerza visual y simbólica del rito.

A lo largo de todo el recorrido se mantuvo un silencio absoluto, roto únicamente por el sonido de los pasos sobre el suelo y por la emoción contenida de quienes seguían la procesión. En el centro de la comitiva procesionó la imagen de Jesús Nazareno, eje de una manifestación religiosa que volvió a reunir a vecinos y visitantes en torno a una de las expresiones más arraigadas de la tradición de Villarrín de Campos.

La Carrera ofreció así, un año más, una estampa de austeridad y devoción popular, fiel a una celebración que conserva su personalidad propia dentro de la Semana Santa zamorana.

La salida y el discurrir de la procesión volvieron a despertar la atención de numerosos vecinos, que acompañaron el paso de la comitiva desde aceras, portales y balcones. La ausencia de palabras y la uniformidad de la marcha reforzaron la sensación de solemnidad en cada tramo del recorrido, convertido durante unas horas en un espacio de respeto y contemplación.

Con el paso de Jesús Nazareno, Villarrín de Campos renovó además un vínculo colectivo con una tradición que forma parte de su identidad. Más allá de su dimensión religiosa, La Carrera dejó de nuevo una imagen de fuerte arraigo popular, capaz de mantener vivos unos ritos transmitidos de generación en generación y de seguir concentrando cada Jueves Santo una intensa carga emocional.

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