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Lee la original carta del sacerdote alistano Teo Nieto para la misa del Domingo de Ramos

VÍDEO | Escucha la original carta del sacerdote alistano Teo Nieto para la misa del Domingo de Ramos

Mi querido Teófilo:

Supongo que aún conservas aquel escrito que, en los inicios de este sueño que hemos llamado cristianismo, te envié. Sí, “muchos fueron los que entonces emprendieron la tarea de contar los sucesos que nos han acontecido, tal y como lo transmitieron los primeros testigos presenciales, puestos al servicio de la palabra”[1]. Y muchos son los que ahora, poniendo la palabra a su servicio tratan de desdibujarlo… Fieles negadores del camino, instalados en un Tabor como torreón incapaz de sentir la inclemencia de la vida. Soy consciente de que el paso del tiempo y el peso de la historia vivida y sufrida hace que toda fotografía adquiera ese amarillo que delata la sombras sobre su pecho.

Es por eso, y porque sé que somos muchos los que hoy, todavía, queremos redibujar el sueño, fieles a la Palabra inicial, por lo que me propongo escribirte de nuevo.

Sé que vas a encontrar amargura y melancolía en estas torpes letras de viejo soñador y es que, lo confieso, ahora no me mueve la ilusión por ordenar lo que otros escribieron. Sí, confieso que ahora es el dolor y la rabia al contemplar cómo tantos están desordenando los hechos y no lo están haciendo en la negación ni el olvido sino metiendo cada palabra, cada gesto, cada milagro, en la mordaza cruel de la interpretación y de la conveniencia justificándose en el rito, rúbricas que son sepulcros blanqueados… Palabra fresca transmutada en carga pesada con el hedor de la norma que se hace dogma.

¿Recuerdas cómo te conté aquella entrada en Jerusalén? Gritos que eran un mosaico en el que se entremezclaban las voces… allí estaban aquellas personas sencillas con sed de esperanza, gentes que habían visto la luz que manaba de aquel Maestro de Nazareth, pero también estaban las huecas palabras de corazones instalados en aquella montaña, en el Tabor… Esos que negando a un Mesías pobre cambiaron las palmas por espadas, la misma espada que el Nazareno se negó a tomar y luego le traspasó el costado.

Y sí, eso es lo que hoy contemplan mis pobres ojos cansados del peso de la historia pervertida: un Tabor convertido en culmen y referente. Pies paralizados en aquel monte, manos que se han puesto a construir las capillas. No acierto a entender en qué momento de vuestra historia deconstruida habéis cambiado el sueño de la fraternidad por el empeño en construir las tres capillas.

Hoy los gritos que parecen triunfar ya no son ante ese humilde Mesías de paz y justicia, sino gritos ante escenarios de masas inertes que han cambiado las palmas por las palmadas. Manos que no se ofrecen, ni se unen en fraternidad que acaricia los paisajes sino simples manos que se entretejen sobre sí mismas para arrodillarse de espaldas al dolor que mana de la injusticia. Manos que se abrazan ante el igual y rechazan al diferente.

He mirado a sus ojos… he contemplado su alma, un alma cargada de ilusión, pero vacía de esperanza. Mi querido Teófilo, no lo olvides, un corazón cargado de ilusión e ilusiones, instalado en un alma vacía de esperanza, se convierte en pies que conducen a quimeras. Solo la esperanza, esta que todavía me impulsa cuando mi corazón se ha desilusionado, es la que nos invita a levantar nuestra mirada para sentir que se acerca nuestra liberación y así caminar, en la torpeza del que siempre empieza camino, hacia la utopía.

(Teófilo Nieto Vicente)

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