Zamora brilla con sus mascaradas en tierras gallegas
Participan el Atenazador de San Vicente de la Cabeza, la Obisparra de Pobladura y el Zangarrón de Montamarta
Compartieron ritual en Villariño de Conso y Viana do Bolo con el Jarramplas de Extremadura y los Zamarrones de Cantabria
El ritual alistano fue el más variado entre las 43 mascaradas de España y Portugal participantes en el Festival Internacional Vibo Mask
La mascarada de verano del Atenazador de San Vicente de la Cabeza ha conquistado a lo largo del fin de semana la Comunidad de Galicia dentro de XI Festival Internacional “Vibo Mask” celebrado en los concellos de Viana do Bolo y Villariño de Conso en Orense con el patrocinio de Galicia Calidade y Xacobeo 2027 de la Xunta de Galicia.
Castilla y León contó con una nutrida participación de mascaradas, de ellas tres de la provincia de Zamora: El Atenazador de San Vicente de la Cabeza y La Obisparra de Pobladura alistanas y el Zangarrón de Montamarta de la Tierra del Pan. Junto a ellos las Mazcaras y Madamas de Pombriego y los Toros y Guirrios de Velilla de la Reina en León y Los Zamarraches de Casavieja en la provincia de Ávila.
De la vecina Portugal junto a las alistanas estuvieron la Bielha, el Bailador y la Biladeira de Villa Cha de Braciosa en Miranda do Douro, los Caretos de Arcas en Macedo de Cavaleiros, los Farragalheiros de Castro Laboreiro en Melgaço y los Caretos de Lazarim en Lamego.
Atenazadores, Obisparra y Zangarrón estuvieron a la altura de las circunstancias brillando con luz propia junto a algunos de los mascarados más llamativos de la Península Ibérica como es el caso del popular Jarramplas de la población de Piornal en Cáceres (Extremadura), el Joaldunak de Ortuella en el Vizcaya, los Zamarrones de los Carabeos de Valdeprado del Río en Cantabria, los Diablos y Mascaritas de Luzón en Guadalajara, los Sidros de Valdesoto en Asturias o los Merdeiros de Vigo y los Currumiños de Mos en Pontevedra.
Los Atenazadores con sus aterradoras máscaras de corcho de zofreiro y sus tenazas de escalera cobraron vida ritual de la mano y argucias de Adrián Blanco Rivera, Héctor Palmero Vara y Aitor Caballero Pérez grandes conocedores de la costumbre consuetudinaria. Representando a la Filandorra estuvo el más veterano y ya histórico Paulino Blanco Garrido.
Dos mujeres, Alba Blanco Fernández y María Belén Blanco Rivera ofrecieron una magnifica representación de “Los Novios” unos de los personajes más llamativos de la mascarada pues lucen la indumentaria tradicional alistana de hombre y mujer. Como “Pobres” viajaron desde la ribera del río Aliste a tierras gallegas Sonia Fernández Ferrero, Alandrea Vaquero Sote lo y José Pablo Morán Blanco.
Implicación
Destaca en San Vicente de la Cabeza la implicación de hombres y mujeres, jóvenes y mayores, solteros y casados a la hora de salvaguardar su mascarada de verano que antaño tenía lugar en la tarde del 29 de junio (San Pedro Apóstol) y ahora se ha trasladado a agosto coincidiendo con las fiestas patronales de San Lorenzo Mártir. Se dan casos como el de la familia Blanco Rivera donde participaron hasta tres de sus miembros, Paulino, el padre, y sus dos hijos Adrián y María Belén.
Paulino Blanco Garrido, nacido el día 22 de julio de 1964 en San Vicente de la Cabeza, se ha convertido en el más claro ejemplo de la salvaguarda de las tradiciones alistanas vi viéndolas desde la infancia en primera persona, durante toda una vida, incluso ya camino de la tercera edad.
Heredó el amor por el Atenazador desde la más tierna infancia, tomando con sólo veinte años, en 1980, el relevo de su padre Serafín Blanco Vara que nacido el 25 de enero de 1936 fue Atenazador desde 1951 hasta 1956, como mozo, antes de casarse.
Emigración
Él fue uno de los que se vieron obligados a emigrar en 1984 y la mascarada se perdió en 1985, no recuperándose hasta 1997 y 1998, pero de nuevo volvía a perderse hasta su recuperación definitiva en 2010 y su traslado de junio a agosto en 2011: “Los pueblos somos rehenes, en el buen sentido de la palabra, de nuestras tradiciones y los moradores del presente estamos obligados a mantener las costumbres heredadas de nuestros ancestros para que puedan conocerlas y disfrutarlas las generaciones venideras como parte de nuestra cultura, vida, historia e idiosincrasia”
San Vicente de la Cabeza vivía su momento de mayor esplendor poblacional en 1970 cuando el pueblo llegó a contar con 307 habitantes en unos tiempos, los cincuenta y sesenta, llenos de vida con escuelas, niños, jóvenes y mayores. Hoy, ya muy por debajo del centenar, con 95, los últimos moradores del pueblo no se resignan a dejar morir el Atenazador. Por suerte, cunde el ejemplo de los mayores y los niños y adolescentes ya se muestran listos para ir tomando la alternativa.
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