Los pueblos de Zamora como esperanza
Vallesa de la Guareña, el rincón más meridional de la provincia de Zamora
La localidad, que perteneció a la Orden de San Juan de Jerusalén, conserva un rico patrimonio, incluyendo una iglesia parroquial con un retablo barroco y una Virgen del Niño de la Bola renacentista

Puente antiguo.
Javier Sainz
Los confines del sudeste de nuestra provincia están ocupados por el término municipal de Vallesa. Sus dominios forman una especie de espolón que se introduce entre las provincias de Valladolid y Salamanca. A su vez, estos parajes son los más meridionales de todos los zamoranos. El propio pueblo se ubica en la margen derecha del río Guareña, rodeado de terrenos profundos y fértiles, muy aptos para la agricultura. Dominan los espacios abiertos, animados por suaves altozanos, siendo los más prominentes los tesos de San Andrés y Chafandín, desde los que se otean amplias panorámicas.
Estos contornos acogieron la vida humana desde la más remota antigüedad. En la cuesta de El Egido se han localizado diversos vestigios de la Edad del Hierro, de hace unos 3.000 años. Asimismo, en los pagos de La Guadaña, Los Santos y nuevamente en El Egido aparecen al arar fragmentos de cerámica común y terra sigillata, junto a las características tégulas, lo que indica que ahí se asentaron gentes en época romana. Llegada la Edad Media, tras la ocupación musulmana y la consiguiente reconquista, una de las primeras veces en las que el pueblo aparece mencionado por escrito es el año 1116.

Vallesa de la Guareña, ocupa el rincón más meridional de la provincia zamorana
En esa fecha la reina Urraca, acompañada de su hijo Alfonso Raimúndez, entregaron el lugar de Vallesa, junto con otra veintena de poblaciones contiguas, a la Orden de San Juan de Jerusalén, la cual estableció en esta zona sus Encomiendas de Valdeguareña. Esa organización religioso-militar mantuvo su posesión hasta el siglo XIX. En un principio, Vallesa debió de integrarse en la bailía de La Bóveda de Toro, pero a partir de 1493 se incorporó a la de Paradinas de San Juan.
Debido a las disputas en cuanto a la fijación de límites entre las diócesis de Salamanca y Zamora, en el año 1163 el papa Alejandro III comisionó como jueces a los obispos de León y Astorga, siendo Vallesa uno de los puntos en litigio. Avanzando hasta el siglo XVI, con la dispersión de los moriscos de los años 1571 y 1572, tras la sublevación de Las Alpujarras, queda constancia de que a esta localidad le tocó albergar a uno de aquellos desplazados.

Vallesa de la Guareña, ocupa el rincón más meridional de la provincia zamorana
En los días 19 y 20 de julio de 1812, durante la Guerra de la Independencia, tuvo lugar en estos parajes la llamada Marcha Paralela. Fue una compleja maniobra entre el ejército francés, al mando del mariscal Marmont y las tropas inglesas, dirigidas por Wellington. Ambos ejércitos avanzaron hacia el sur, cada uno por un lado del río Guareña, los napoleónicos por el oriente y los ingleses por la orilla opuesta, vigilándose entre sí, pero sin entablar una verdadera batalla. Ésta se dio pocos días después en Los Arapiles, cerca de Salamanca, la cual supuso un rotundo triunfo se Wellington y el inicio del fin de la ocupación francesa de España.
Bula papal
En el año 1873, con la bula papal “Quo gravius”, promulgada por Pío IX, se suprimieron en nuestro país las jurisdicciones de las órdenes militares. Por ello, la parroquia local y la del cercano Cañizal fueron agregadas al obispado de Salamanca, dado que la catedral más cercana a sus propias iglesias era la de esa ciudad. Tal dependencia episcopal salmantina duró hasta los acuerdos derivados del Concordato de 1953. En ese tratado se revisaron los límites de las circunscripciones diocesanas, para ajustarlas en lo posible a los de las provincias. Debido a ello Vallesa y también Cañizal y Olmo, fueron adscritos a la diócesis zamorana, de la cual siguen dependiendo.

Vallesa de la Guareña, ocupa el rincón más meridional de la provincia zamorana
Centrando la atención en el topónimo local, ya desde la primera cita documental del siglo XII el nombre del pueblo aparece escrito como Vallesa, siendo Vallessa, Ballesa o Ballesse las únicas variantes registradas. Aparecen indistintamente en los diplomas de la Orden de San Juan, de la catedral de Salamanca y del Tumbo Blanco de la de Zamora. Es fácil pensar que ese vocablo pueda proceder del latín “valle”, pero hay diversos matices que hacen ponerlo en duda, no habiéndose llegado a una conclusión convincente.
El casco urbano queda constreñido entre el curso del señalado río Guareña y una cuesta empinada, la denominada El Ejido. Con ello, para adaptarse a la orografía se alarga de este a oeste. Está formado por una calle principal y dos secundarias paralelas a ella, siendo muy cortas las travesías que las enlazan entre sí. La mayor parte de los edificios antiguos han sufrido una intensa modernización, por lo cual se han diluido los caracteres tradicionales. Aún así todavía perduran algunas fachadas creadas con sillería de piedra arenisca, tallada con precisión. En nuestros días predominan las viviendas nuevas, con las cuales todo el conjunto presenta una sensación positiva de progreso y bienestar.
El espacio público más importante es sin duda su Plaza Mayor, sombreada con varios árboles. Allí se sitúa el frontón o juego de pelota, para el cual se aprovechó el muro oriental de la iglesia, prolongándolo en altura. A su vez se allanó el suelo, en origen un tanto inclinado, agregando muros perimetrales de contención. En una de las esquinas se emplaza la sede del ayuntamiento. Ocupa un edificio de dos plantas, funcional y sobrio en todas sus partes, con grandes ventanas dispuestas con simetría. En una de sus fachadas se ha colocado el blasón local, tallado en un bloque de madera. La cruz de Malta, emblema de la Orden de San Juan, ocupa una de sus mitades, dada su pertenencia histórica a esa orden militar. El otro sector está dividido en dos cuarteles, teniendo en el superior tres espigas, como evidencia de su secular dedicación a la agricultura cerealista y relleno el de abajo con ondas azules que han de evocar al curso del río Guareña, cauce fluvial del que toma apellido. Preciso es saber que este municipio incluye como anejo a la emotiva localidad de Olmo de Guareña.

Vallesa de la Guareña, ocupa el rincón más meridional de la provincia zamorana
Contigua con la plaza se halla la iglesia parroquial, cuyo titular es San Juan Bautista. Es un templo modesto, alzado posiblemente entre los siglos XVI y XVII, pero denotando ciertas reformas posteriores. Se construyó con sillares de piedra arenisca de grano fino, obtenida sin duda de canteras locales. Descuella por la perfección de su corte toda la fachada septentrional. Posee una cabecera rectangular a la que se agrega la correspondiente nave, algo más ancha. Sobre el hastial de poniente se yergue una sencilla espadaña de tres vanos. En ese campanario se exhibe un relieve con formas de blasón, en el que se cinceló un sol radiante, el cual pasa bastante desapercibido, semioculto por el tejado contiguo. La puerta se abre en la fachada del mediodía, cobijada bajo un pequeño porche. Esa entrada posee un arco de medio punto decorado con casetones tanto en su frente como en el intradós. Tres esbeltos cipreses existentes junto a los muros agregan una positiva espiritualidad.
Ya dentro, los muros se presentan enjalbegados con esmero, teniendo como techumbres armaduras sencillas de madera. Descuella el arco triunfal, de medio punto, muy amplio, con sus aristas sustituidas por molduras. Preside los espacios un retablo barroco del que se sabe que su ensamblador fue Francisco Javil. Es pieza de pequeño tamaño, pero fina y delicada, provista de columnas abalaustradas. Cuenta con solo dos nichos. De ellos, en el principal, de mayor tamaño, se expone una preciosa imagen de la Virgen, titulada del Rosario. Muestra a la Madre de Dios de pie, portando en su brazo derecho la figura de un juguetón niño Jesús. Arriba, en la hornacina del ático se halla la efigie de San Juan, el patrón. A parte, arrimada a una de las paredes laterales y colocada sobre un grueso pedestal, se halla la pieza más sobresaliente aquí mostrada, una escultura mariana conocida como Virgen del niño de la bola. Está cincelada en piedra arenisca y posee mayor tamaño que el natural. Tanto los rostros como los pliegues de los mantos están trabajados con exquisita delicadeza, quedando a su vez realzados por una suave policromía. Por sus formas es obra de estilo renacentista, con un porte clásico sumamente elegante. Por su cronología es posible que sea del siglo XVI.
Existen dos zonas locales periféricas singularmente interesantes. Una de ellas es el Parque Municipal, situado a la salida del pueblo hacia Cantalpino. Cuenta con columpios, toboganes y otros juegos infantiles, sombreados por diversos árboles, además de pistas deportivas. El otro enclave se halla en dirección hacia Cañizal. Es un merendero dotado de mesas y asientos, muy apto para el descanso. Los chopos que aquí existen se presentan altos y frondosos.
Unos centenares de pasos más adelante cruza el propio río. La actual carretera salva su cauce por un moderno puente de hormigón, amplio y funcional. Este paso es sustituto de otro viaducto anterior que se conserva firme, aunque sin servicio, tendido a poca distancia aguas arriba. Es una obra alzada posiblemente en el siglo XIX, creada con piedra de sillería, formada por tres arcos escarzanos apoyados en pilares provistos de tajamares semicilíndricos. Posee a su vez un sólido pretil de cantería, perdido en parte.
Bien cerca del río, con acceso por el llamado camino de la Fragua, se ubica el viejo cementerio, sin uso desde hace más de un siglo. Ocupa una pequeña parcela cuadrada, delimitada con una pared de poca altura, que nos parece rehecha no hace demasiado tiempo. En esos espacios crecen ahora agudos cipreses. Su suelo aparece tapizado de césped, asomando dos bloques pétreos con inscripciones funerarias. Esas cartelas resultan difíciles de descifrar por los líquenes adheridos a sus superficies. También hallamos alguna cruz arrinconada. La causa de su abandono debió de ser la excesiva humedad del terreno, habilitándose otro bastante más alejado en zona más saneada. Ese actual muestra en la reja de su puerta la fecha de 1907, que habrá de coincidir con su puesta en funcionamiento.
Vallesa dista de Zamora unos 56 kilómetros, teniendo como enlace la carretera CL-605. Más cerca queda Salamanca, pues solo hay que recorren 35 kilómetros. 20 hay a Fuentesaúco, su centro comarcal. Antaño tuvo mucha importancia para las comunicaciones locales la estación de tren de Cantalpino, cerrada ahora, a unos tres kilómetros hacia el sur.
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