Los alistanos piden a Correos un servicio público de calidad y un trabajo digno para los Carteros
Vecinos y autoridades califican de "auténtica barbaridad" que tan solo cinco personas tengan que atender a 79 pueblos
La propaganda electoral ha complicado estos días la entrega con miles de cartas y muchas con direcciones equivocadas

Los cinco carteros de Aliste posan en la sede junto a carteles reivindicativos. / Ch. S.
La Raya de España y Portugal se ha volcado este viernes, presencialmente o desde la distancia, con los últimos carteros alistanos bajo el lema “Más empleo: por un trabajo digno y un servicio público de calidad”.
Los vecinos y las autoridades de los distintos municipios entienden que ambas cosas van unidas y son necesarias para un medio rural que necesita dar un paso al frente y nunca retroceder en unos tiempos marcados por el éxodo y la despoblación. La concentración se volverá a repetir en el mismo lugar y a la misma el día 31 de marzo. Asistieron los alcaldes de Rabanales, Pino del Oro y San Vitero.
No es de recibo, ni normal que “se cuente con los dedos de una mano los profesionales que tienen que atender a la casi totalidad de la comarca natural de la provincia de Zamora”, más concretamente a 79 de sus 103 pueblos. Ello supone que cada cartero tiene que atender alrededor de 15,6 pueblos al día, de lunes a viernes: “una auténtica barbaridad”.
Unanimidad entre las gentes de la comarca: “los carteros han sido, son y deberán seguir siendo el alma, corazón y vida de los pueblos del mundo rural y más aún de en una comarca como la de Aliste, donde durante décadas fueron el principal medio de conexión y comunicación de los padres y abuelos con los hijos y nietos que por circunstancias de la vida, estudios o trabajo, tuvieron que abandonar su tierra y migrar a las grandes ciudades”.

Autoridades y vecinos arropan a los carteros de aliste en el acto de protesta. / Ch. S.
Esta fue la principal conclusión de la jornada de este viernes 13 de marzo de 2026 en la villa de Alcañices, donde numerosos alistanos y alistanas de todas las edades se dieron cita a la 9 de la mañana frente a la sede de Correos para arropar y mostrar su total apoyo a los últimos carteros y carteras alistanas.
Unos carteros y carteras, solo cinco ya para 79 pueblos, cuatro de ellos mujeres y un hombre, que tienen nombre y apellidos, sangre pura alistana, que son, sienten y aman a su tierra, porque son también unos alistanos más: Pilar, la de Sarracín; Genoveva, la de Alcañices y residente en Matellanes; Maider, la de Vegalatrave; Pepa, de San Juan del Rebollar y Tino, el de Santa Ana, que hace varios años decidió venirse con su oficio de Madrid a Aliste.
Cinco maravillosas personas y cinco magníficos carteros que tras muchos años de trabajo se han ganado el cariño y el respeto recorriendo los pueblos diluvie, nieve o el hielo congele la sangre.
Atrás quedaron aquellos tiempos de la posguerra y el progreso que llegaba con el Tren Correo (Boca Negra le llamábamos por su humareda los niños a kilométricos de distancia desde nuestros pueblos) de la línea ferroviaria Zamora-Galicia que al echar a andar el 24 de septiembre de 1952 suponía un antes y un después en la entrega y en la recogida de la correspondencia. Cartas que hasta entonces tardaban más de una semana entre el remitente y el destinatario bajaron a solo tres días hasta ya en los años 70 situarse en dos.
Prácticamente, cada municipio disponía de un cartero rural que, aunque no eran funcionarios como tales, muchos apenas sabían lo justo, leer y escribir, se encargaban de entregar las cartas llegadas a los vecinos y recoger las que estos habían depositado en el único buzón amarillo que normalmente estaba situado en la “Casa Concejo” o en la “Casa del Maestro” de cada pueblo.
Dos meses de retraso
En unos tiempos donde las únicas vías de comunicación eran los caminos de rodera y herradura, la única alternativa para viajar entre los pueblos, allí estaban ellos montados en su burra, su yegua o su mula, -la soldada no daba para comprar un caballo-, repartiendo cartas que en algunas ocasiones tardaban dos meses cunado venían de Cuba, Brasil o Argentina.
Sobre calles que en invierno eran unos auténticos barrizales y en verano polvorientas sendas allí estaban ellos. Las calles tenían nombre, pero no estaban señalizadas, las casas carecían de número, pero el cartero sabía quién vivía en cada hogar, abuelos, padres e hijos con nombres y apellidos. Hasta las noticias llegan con retraso. En pueblos como Valer, don Bernardo, el cura, era el único que recibía el periódico, el miércoles el del lunes, el jueves el del martes y así sucesivamente.
En 2009 Correos y Telégrafos paso de Administración a empresa pública y poco a poco las cosas fueron cambiando, para peor, menos carteros, para un mismo territorio.
En la actualidad Correos tiene su sede en la conocida como “Urbanización de Crispín” de Alcañices, justo junto a la travesía de la Nacional 122 y frente al Santuario Mariano Diocesano de Peregrinación Nuestra Señora de la Virgen de la Salud.
Los núcleos de población siguen siendo los mismos en una comarca, la de mayor extensión geográfica de la provincia de Zamora, marcada por la dispersión geográfica. Los datos cuando menos llaman a la reflexión: solo cinco carteros atienden cada día a 79 pueblos, lo que supone que cada uno habrían de atender una media de 15,6 pueblos, una auténtica barbaridad porque, aunque la correspondencia en estos tiempos sea mucho menor, el territorio y los recorridos son los mismos.
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