En memoria del gran legado de don José: El homenaje de sus primeros alumnos en Muga de Sayago
Hoy conmemoramos el 99 aniversario del nacimiento de José Luis Gutiérrez Mazeres, Don José, párroco que fuera de Muga de Sayago y fundador del instituto que lleva su nombre. Algunos de sus primeros alumnos se han reunido este fin de semana para mostrar el agradecimiento a un hombre inolvidable que legó una magna obra educativa, por desgracia sin continudad.

Encuentro en el salón de actos del antiguo Instituto de Muga / Cedida
Begoña pascual
La reunión no pudo ser muy numerosa, pues muchos de aquellos primeros alumnos viven lejos de Sayago, pero el encuentro sí ha permitido hacer memoria de lo que ocurrió en los primeros años de su llegada. Participantes entonces niños y hoy ancianos que guardan muchos recuerdos de la época aportando magníficas vivencias para los que somos un poco más jóvenes.
Por ello, se realizó una grabación de las intervenciones como testimonio que pueda ser conocido por personas de otras generaciones. Cada uno se presentó, con su nombre, apellidos, edad aproximada cuando llegó y su pueblo de origen. También su relación con don José o el tiempo que estuvo de alumno. El encuentro ha servido para recordar las diferentes iniciativas que desarrolló: la escolanía, el salón parroquial, el coro de los niños pastores, la cooperativa del campo, las clases a los niños y jóvenes, la academia libre de bachillerato, las primeras residencias y vuestros recuerdos de todo ello.
José Luis Gutiérrez Maceres nació el 9 de marzo de 1927 en Alcalá de Henares. Su padre era militar, originario de la localidad de Corrales del Vino, en Zamora.
Durante la guerra civil española, José Luis permaneció en Corrales, con su madre, hermanos, abuelos y tíos. Al finalizar la guerra toda la familia se trasladó a Valencia, nuevo destino de su padre. Allí sintió vocación religiosa y entró en el seminario, donde fue ordenado sacerdote en 1950. Al finalizar sus estudios el rector del seminario de Valencia lo nombró "superior del centro", encargándose de dar clases de diferentes asignaturas a los seminaristas.
En 1955 fue relevado del puesto en Valencia y decidió venir a la diócesis de Zamora, teniendo como destino la localidad de Aspariegos, donde estuvo pocos meses como párroco. Más tarde pidió al obispo que lo destinaran a un pueblo “que no quisiera nadie” y así estuvo en Aliste, en los pueblos de Grisuela y Ufones.

Algunos de los primeros alumnos de Don José en Muga / Cedida
Hubo concurso de parroquias en la diócesis y el 25 de septiembre de 1957, a la edad de 30 años, tomó posesión de la parroquia de Muga de Sayago. En Muga permaneció casi hasta el final de sus días, en 2015. Estuvo 58 años con nosotros. Muga entonces tenía una población aproximada de 850 habitantes, que vivían en su mayoría de la ganadería y la agricultura.
Para que el pueblo participara activamente en la liturgia don José comenzó enseñando a los niños y a los mozos a cantar. Teresita nos contaba que iban todas las tardes a la casa rectoral después de merendar, si no tenían que ir a cuidar las ovejas y las vacas. Les enseñaba música: solfeo, canto y a tocar instrumentos como la bandurria, el laúd y la guitarra. Los instrumentos y los libros de música los compraba con su paga. Lo suyo era de todos. Fueron a concursos nacionales de villancicos, en Madrid, en los que ganaron en varias ocasiones premios por su interpretación, lo que era un gran orgullo para sus familias.
Periódicos
Vicente, otro de los primeros alumnos recordaba que por entonces no había todavía televisiones en el pueblo, sólo algunos tenían radio. Por ello, don José compraba con su paga revistas y periódicos que los niños distribuían entre los vecinos: El Correo de Zamora, el Diario Ya, Mundo Cristiano y así hasta 15 publicaciones. Una vez que los leían se los pasaban a otros vecinos.
Como la casa parroquial se quedaba pequeña para tanta actividad, vendió una finca de limoneros que tenía como herencia de su madre en Murcia y con ese dinero construyó el Salón Parroquial. Se hizo de piedra que acarrearon con los carros de vacas los padres y la gente del pueblo. Allí se proyectaban películas, se hacía teatro, juegos de mesa y también se daban clases. También instaló unos columpios y compró un magnetofón para poner música.
A los muchachos más mayores les ayudó a preparar el bachillerato para luego examinarse por libre en el instituto Claudio Moyano de Zamora. Pepe nos contaba que él estudió con don José no sólo bachillerato, sino también Magisterio. Sólo tuvo que ir a Zamora durante cuatro meses para preparar la oposición al cuerpo de maestros, que aprobó. Vicenta nos dice que preparó a su hermano para entrar el ejército y lo apoyó para formarse como piloto de aeronave. Sin su ayuda no hubiera sido posible.

Visita a una de las primeras residencias de alumnos en Muga de Sayago / Cedida
En el pueblo no estuvo solo, pidió ayuda a los maestros de la escuela de Primaria y a todos los que podían ayudar para dar clases. Todos los maestros e incluso el secretario del pueblo se implicaron para trabajar con los jóvenes, a los que daban clases fuera de su jornada laboral.
Don Gaspar Fontanillo daba clases de matemáticas a veces a las 7:30 horas a los estudiantes de bachillerato. Doña Isidora Marino aprovechaba las tardes después de la escuela, también Don Ramón Tejado para dar francés o Doña Carmelina para enseñar también matemáticas. Luego los alumnos mayores enseñaban a los más pequeños. Así, a partir de esta primera experiencia, formaron la Academia Libre de Bachillerato de Muga de Sayago y empezaron a venir niños de otros pueblos: de Fariza, Tudera, Villamor de la Ladre, Zafara, Formariz, Villar del Buey, entre otros. Llegaban todos los días con su bicicleta.
Alquiló varias casas para que sirvieran como residencias de los chicos. Colocaron literas en las habitaciones y pusieron un retrete, que todavía no se conocía en el pueblo. Un alumno o alumna era responsable de cada habitación y otra persona era cuidador en cada casa. En 1962 había ya 65 alumnos en la Academia Libre.
Pueblos
Entonces vinieron alumnos de pueblos de toda Zamora: Sejas de Aliste, Pozoantiguo, Fuentespreadas… Este fue el origen de lo que luego sería el instituto José Luis Gutiérrez.
Con los mozos mantenía reuniones para organizar y modernizar el trabajo en el campo. Domingo nos contaba que a él lo envió a formarse a la Granja Florencia, donde aprendió a conducir el tractor, que no se conocía todavía en el pueblo. A Paco lo envió a estudiar a Torrelavega, para ser capataz agrario y así a otros chavales. En 1963 constituyeron legalmente la Cooperativa del Campo Nuestra Señora de Fernandiel, de la que formaban parte 18 socios que aportaron tierras y ganado. Organizaron el trabajo, compraron maquinaria, introdujeron las vacas de leche y comenzaron a ordeñar las ovejas churras.
Todos los presentes coinciden en que nada de lo que D. José hacía buscaba el provecho propio. Hizo todo esto con muy poca ayuda, se privaba de muchas cosas para sacar adelante todos sus proyectos. Enseñaba con el ejemplo.
Esto ocurrió entre 1957 y 1968 y fue una auténtica revolución, no sólo para el pueblo, sino inicialmente para toda la comarca.
Poco tiempo después de su llegada, en el invierno de 1958, el escritor y antropólogo peruano José María Arguedas, becado por la Unesco, permaneció varios meses en "La Muga" y en Bermillo de Sayago. En su libro "Las comunidades de España y el Perú", recoge varios testimonios de los vecinos de ambos pueblos sobre el nuevo cura de La Muga: La viuda de "La Muga", que "suponía que sólo en su aldea existía Dios, por ser la única de toda España que tenía un cura bueno". O "Consideraban los bermillanos al párroco de "La Muga" como un santo, el único cura verdadero de Cristo que habían conocido en toda su vida".
En otras fechas volveremos a convocar otros encuentros para hacer memoria del trabajo de don José que tanto ayudó a mejorar la educación de miles de jóvenes de todo el país.
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