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Escucha la homilía del sacerdote de Aliste, Teo Nieto, del Tercer Domingo de Cuaresma, 8 de marzo de 2026

"Hoy, en este ocho de marzo, tenemos un relato del evangelio muy en consonancia con el día que celebramos…"

VÍDEO | Escucha la homilía del sacerdote de Aliste, Teo Nieto, del Tercer Domingo de Cuaresma, 8 de marzo de 2026

Hoy, en este ocho de marzo, tenemos un relato del evangelio muy en consonancia con el día que celebramos…

En dicho relato se nos trasmite una escena bastante sorprendente: Jesús entablando diálogo con una mujer samaritana, subrayemos los dos hechos:

  • Por una parte, un varón judío hablando con una mujer. Es él mismo el que inicia la conversación, es cierto que, probablemente, se trate de algo normal: un varón pidiendo a una mujer que le dé agua, pero (como podemos deducir del resto del pasaje) esto no es más que una excusa que utiliza el Maestro para entablar conversación con ella… Y eso sí es sorprendente. El propio pasaje nos dice que sus discípulos “se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer”.
  • Y, por otra parte, se trata, además de una samaritana y, tal y como nos dice suavemente el evangelista, “los judíos no se tratan con los samaritanos”.

A lo largo de este diálogo vemos que Jesús, mirando el rostro y conectando desde el corazón, se convierte en un agua limpia que transforma las relaciones con los demás, destruyendo tres fronteras: Las fronteras sociales, las fronteras culturales y las fronteras religiosas.

En primer lugar, como decimos, Jesús destruye las barreras sociales que hace separar a las personas en “autóctonos y extranjeros”. Sabemos que el propio Jesús también sintió en su corazón la tentación del nacionalismo (como aparece reflejado en el pasaje en el que una mujer extranjera le pide que cure a su hija y él, en un principio y con la excusa de haber sido enviado a las “ovejas descarriadas de Israel”, se niega).

En segundo lugar, rompe las barreras culturales entablando conversación con la mujer y convirtiéndola en una discípula misionera. En un momento en el que ningún maestro del judaísmo tenía mujeres como discípulas, Jesús no solo le invita a ser su discípula tomando del agua que él le ofrece, sino que, además, ella acoge ese discipulado y va a contárselo a sus vecinos… Se convierte en misionera en su propio pueblo. Esto es muy importante porque la mujer samaritana no tiene que recorrer caminos extraños para ser mensajera del “agua viva” que es Cristo, sino que da testimonio en su propio pueblo. Esta mujer, que no creo que fuese muy bien vista en el pueblo ya que, en aquel contexto cultural patriarcal, dudo que tuviera buena prensa una mujer que había tenido cinco maridos y con el que estaba ahora tampoco lo era, consiguió convencer a muchos puesto que, nos dice San Juan, “en aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en Jesús por el testimonio que había dado la mujer”. Tuvo que tener un gran entusiasmo misionero… Aunque no podemos olvidar que la verdadera conversión no brota de lo que me dicen otros (esto puede ser el inicio del camino), la verdadera conversión surge cuando hay encuentro personal con Cristo: “ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo” (dice el pasaje).

Y, en tercer lugar, hay una última barrera rompe el Maestro: la religiosa. En el diálogo con esta persona ambos reivindican su propio espacio (su propia religión) como el lugar verdadero de adoración a Dios: la samaritana reivindica el monte Garizim como el lugar correcto mientras que Jesús reclama Jerusalén como tal. Sin embargo, Jesús propone dar el salto para descubrir que, el verdadero culto a Dios tiene que desprenderse de lugares físicos (que están encerrados en culturas) para adorar a Dios “en espíritu y verdad”. Jesús sabe que la religión tiene que ser fuente de unión para la humanidad y de comunión con la creación y no excusa para la discordia.

El Maestro, a través del ejemplo que nos ha dado hoy, nos muestra que para diluir las fronteras que nos separan debemos hacer del diálogo abierto una fuente de agua que calme nuestra sed en medio de este mundo tan dividido y de corazones tan enfrentados y manipulados en el odio. Además, en medio de ese diálogo, está la presencia de Dios.

Contemplando este pasaje quizá podamos descubrir que la Cuaresma es una invitación a la conversación de corazón a corazón para transformar nuestras relaciones con los demás, diluyendo las fronteras que nos separan, y en este caminar deberíamos preguntarnos cuáles son esas fronteras que tenemos instaladas en nuestro corazón fruto de nuestra sociedad, o de nuestra cultura, o de nuestra propia religión, dejando que el mismo Jesús entable conversación con nosotras haciéndonos ver que Dios no es propiedad de nadie, sino que es el Padre/madre de toda la creación.

En este tercer domingo de Cuaresma sentémonos en el pozo y entablemos conversación con el Maestro. Que así sea.

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