De Méjico a San Justo de Sanabria cargados de arte
El diseñador Francis Restoy y la creadora artística Alina Muresan preparan el primer espacio para nómadas digitales y artistas de la comarca

Francis Restoy y Alina Muresan en su nuevo hogar de San Justo. | ARACELI SAAVEDRA
Francis Restoy de ascendencia granadina y Alina Muresan, originaria de Rumanía, dejaron atrás Méjico y Madrid para asentarse con vistas a la creatividad y la tranquilidad de San Justo, en Sanabria. En unos meses, posiblemente en mayo, abrirán el primer centro "coliving" y "coworking" de la comarca. Francis y Alina suman arte y creatividad en sus respectivas profesiones.
Su proyecto "Casa Seis" pasa de ser un centro de turismo rural a convertirse en un espacio de trabajo muy diferente que suma el entorno, la conexión con el medio ambiente, con la gente y la actividad local. Su idea es "generar un espacio de trabajo acogedor y generar valor a un lugar muy diferente al de una ciudad". Vivir, trabajar y ayudar a dar una imagen positiva de los y renovada de estos pueblos.
Ciudad de Méjico fue su lugar de acogida, durante 4 años, y Puerto Escondido, dos años más, donde aprendieron "la generosidad de compartir y ayudar" en situaciones muy complicadas con un terremoto "donde todo el mundo salió a la calle a ayudar sin pedir nada". Al terremoto le siguió un huracán "que también nos obligó a desalojar las casas". Alina retiene en su memoria ese cariño y esa solidaridad desinteresada de los mejicanos.
Diseñador
Francis, diseñador y transformador digital para una veintena de firmas, oyó por primera vez hablar de "coworking" para nómadas digitales hace tres o cuatro lustros "en un pueblo cerca de aquí, en el sur de Ourense". Entonces su vida y su trabajo estaban en Madrid y "surgió la posibilidad de ir a Méjico". Allí se afincaron durante 6 años.
En su periplo vital y profesional suman "ocho mudanzas, algunas transoceánicas". Una de esas mudanzas les llevó 15 horas por tierra de Ciudad de Méjico a Puerto Escondido "todas nuestras cosas metidas en una furgoneta".

Francis Restoy trabajando con el ordenador. | ARACELI SAAVEDRA
De Méjico se trajeron esa solidaridad y la mayor cercanía de arte y artesanos con el público "el mundo del arte es más asequible para los artistas y para el comprador. Los artistas se juntan en gremios. Tienen otra mentalidad, si tienen 50 euros se lo gastan en artesanía. Aquí vas a un centro comercial y te compras una lámina".
La primera idea fue construir este proyecto tal vez en Galicia o Asturias, pero todos los caminos les condujeron a Sanabria. Sin ninguna vinculación ni parentesco con las tierras sanabresas, la primera pregunta geográfica surgió con Bermillo de Sayago y dónde está Zamora, de donde es la suegra de la hermana de Alina. Otro compañero de trabajo, esta vez de Francis, tiene pareja natural de un pueblo del entorno del Lago de Sanabria. Y parece que todas las casualidades les conducían a esta comarca, en crisis demográfica y de población. Francis tenía ganas desde hacía tiempo de conocer el Lago de Sanabria. Y "conectamos con el lugar, con la belleza de la naturaleza, con los pueblos. Sanabria es la gran desconocida, es muy bonita".
Búsqueda
El siguiente paso fue buscar en portales inmobiliarios una casa que se ajustara a lo que necesitaban, un espacio para vivir y trabajar, con vistas a la naturaleza y a compartir con nómadas digitales ese espacio. Más que nómadas digitales su propuesta es para el ámbito del arte, la creatividad y la inspiración. Ese espacio apareció en la calle Puentecilla, en el número 6, un complejo de turismo rural en venta. El vendedor es del mismo barrio donde residían esta pareja de emprendedores. Las casualidades iban poniendo pistas en el camino al rural. El peluquero de Alina es de Mombuey. Un día arreglándole el cabello le comunicó la noticia: "me voy a vivir a Sanabria". Y la respuesta fue inesperada: "si yo soy de Mombuey. Pues si te vas a vivir a San Justo, voy allí a cortarte el pelo". Ha venido ya a arreglarle el cabello.

Alina Muresan / Araceli Saavedra
"Casa Seis" es un nombre sonoro y tiene una etimología desgranada por la pareja. Por un lado el concepto tan importante de la casa en la geografía sanabresa, como hogar pero también como espacio que se compartía con los animales domésticos, viviendas arriba, cuadras abajo. Seis, por el número de la calle. En la casa grande está el coliving, el lugar donde vivir y mantener los espacios comunes, está en marcha el salón de coworking, para nómadas digitales pero sobre todo para las personas que quieran desarrollar "la creación de ideas, escritores, artesanos, artistas para la gente que quiere desarrollar una idea o un proyecto artístico". Detrás de este proyecto hay un trabajo de investigación de necesidades no cubiertas y estrategia más empresarial.
Uno de los beneficios inmediatos para el propio Francis ha sido poder conciliar el sueño, tras ocho meses desarrollando su trabajo y haciendo las reformas en la casa principal y las cabañas que serán los espacios para acoger a los potenciales usuarios. Dentro de los planes está construir un edificio más de trabajo en medio de una finca desde el que contemplar el paisaje.
Cobertura tecnológica
Uno de los principales retos ha sido resolver la cobertura tecnológica "lo más esencial. Para eso hemos hecho una instalación de redes con 1 Giga simétrico con la empresa Adamo que fue la que nos garantizaba la cobertura y que se ha especializado en las zonas rurales". Aunque estudiaron la posibilidad por satélite, pero había un condicionante personal "no queríamos darle dinero a Elon Musk".
Hay un detalle que homenajea a los orígenes granadinos, una placa dedicada a "Villa Lisardo", el nombre de su abuelo y de su padre. Durante la guerra, su padre tuvo que abandonar Granada y refugiarse en Francia, donde aprendió el oficio de yesista de un paisano de Mombuey. Hospitalidad, cercanía, buena acogida y plena integración es lo que han recibido de los vecinos de San Justo. En el bar de Eva encontraron esa cercanía, una señal más de que "este era el lugar". Con su proyecto quieren contribuir a atraer gente joven al medio rural, no tanto por turismo y en épocas de saturación, sino con estancias fuera de temporada y de mayor duración. Una casa abierta para trabajar sin prisa pero sin pausa.
De momento uno de los servicios que les ha fallado es el de Alta Velocidad que les brindaba buenos horarios, pero "a los cuatro meses de llegar, suprimieron frecuencias".
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