Villanueva de Valrojo, el carnaval desde la cuna al pajar de cencerros
El tren de borrascas dio una tregua a los antruejos más veteranos de la comarca, mientras Puebla reivindicaba el Cordés Sanabrés en su desfile

La cencerrada de Villanueva de Valrojo desafía al frío / Araceli Saavedra
El Carnaval de Cencerros de Villanueva de Valrojo arrancó desde el Pajar de los Carnavales para completar el recorrido por las calles centrales del pueblo al compás de la cencerrada, en una tarde fría pero soleada. Hasta el tren de borrascas se bajó para disfrutar de los antruejos más veteranos de la comarca.
Con expectación desde el lado del público y con ilusión desde el lado de las máscaras, se cumplió con el rito de vestirse, niños y mayores, y medir el peso de los cintos cargados de cencerros. El Carnaval es cita obligada para los villandurgos que regresan y llenan el pueblo para las fiestas de Carnaval.
Nerea Santiago y Marta Andrés viven fuera, en Valladolid, pero vuelven todos los fines de semana a Villanueva y en Carnavales con más motivo. Se han vestido de Carnaval "toda la vida. Desde pequeñas como el que va en el carro nos disfrazaban para acostumbrarnos al ruido y luego a correr".
En 10 minutos se preparan con el traje, en casa, y a cargar los cintos. Dos cintos, tres cintos, cinco, "los que puedas". El sábado hay una concentración donde corren Carnavales de todas las edades, pero salir es a voluntad: "Si por ejemplo son las cinco de la tarde y te apetece disfrazarte y salir, vienes al pajar, te pones el traje en el pajar, o en tu propia casa, y sales".

El patrimonio de esta fiesta de Interés Turístico Regional se guarda en el pajar, donde los trajes son comunitarios y cualquiera de los participantes se puede vestir con ellos. Hay quien tiene su propio traje y sale con él, pero con frecuencia también se guarda en este pequeño espacio comunitario, sin muebles, solo con unas escaleras, unos escaños, algún banco y unos varales sirven de percha para colgar indumentaria y cencerros.
Cada una tiene su preferencia dentro del atuendo, Nerea todo el traje y Marta la tralla: "Hay que tener mucha fuerza pero también tiene truco, se supone que rompe el aire". Su cometido no es otro que "asustar". El otro susto es el pellizco que se llevan los espectadores cuando los Carnavales reclaman la calle. Entre los más veteranos no hay nada como los carnavales de antaño, cuando "cuatro bien vestidos" hacían huir a todo el vecindario.
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